Publicado el 28 de Noviembre del 2013 por Capitan_Melenas en Cómic
Gotham a luz de Gas: Desde el nuevo Infierno

 

Nuevo viaje a otros mundos, chiquetes, la linea DC en la que pululan encarnaciones alternativas de los héroes más populares de la casa. Ya hemos visto por esta vuestra página predilecta algunos de los ejemplos más notables que se han publicado en nuestro país: Superman: Identidad secreta, La maldición que cayó sobre Gotham, Superman: Hijo rojo…en todas y cada una de estas propuestas se ofrece una mirada diferente a las historias que nos han contado mil veces sobre personajes que pertenecen por derecho propio a la cultura popular. El cómic del que hablamos hoy es precisamente, la génesis de toda esta sucesión de mundos alternativos, y es que, para hablar de la semilla de “Luz de gas” necesitamos poner a fluzear el condensador de Fluzo para un paseo rápido por 1988.

Efectivamente, es a finales de los 80 cuando se publica por primera vez este cómic, que vuelve ahora a nuestras librerías para disfrute de nuevos lectores, ya que no ha perdido para nada su potente impacto inicial.

Jack, Batman; Batman, Jack

Jack, Batman; Batman, Jack

La premisa de “Luz de gas” surge de la combinación de talentos del por entonces editor Mark Waid (ahora guionista en Marvel. No os perdáis lo que está haciendo este señor en Daredevil, porque no se veía algo tan redondo con el personaje desde la primera etapa de Bendis) y el guionista Brian Augustiyn. La idea era demasiado buena para dejarla correr.

¿Y si Batman, el detective definitivo, se viese las caras con el mismísimo Jack El Destripador? El cruzado de la capa se enfrenta al caso sin cerrar más famoso de la historia. ¡Por todas las estalactitas de la Batcueva, era necesario escribir ese cómic!

Eso implica un juego de malabares total, prestidigitación con las fechas y lugares, y situar a nuestro aguerrido murciélago en un siglo muy diferente al habitual en sus correrías. Así nació la linea Otros mundos, que tantas alegrías nos está dando, y que fue la escusa perfecta para llevar a Batman a un contexto que, por otra parte, le sienta como un guante: las podridas calles alumbradas por la fantasmal luz de gas, los callejones de Gotham en contraste con las ostentosas mansiones de la alta sociedad, la lúgubre presencia de algo insano en el aire de una ciudad sinónimo de corrupción, y un héroe que es tan misterioso y oscuro como la mismísima Gotham que ha jurado proteger.

Todo comienza con el regreso del joven Bruce Wayne a su hogar. Ha pasado los últimos cinco años en Viena como discípulo del afamado Doctor Freud. La comprensión de la psique humana es otro de los pasos que el rico heredero da como parte de su entrenamiento físico y mental para adoptar el manto del murciélago, y vengar así la muerte de sus padres a manos de un pistolero.

Paro alguien más se ha instalado en Gotham proveniente de Europa. El asesino por antonomasia ha marcado la ciudad como su nuevo coto de caza, y en pocos días, varias jóvenes son asesinadas con un modus operandi idéntico al del asesino de Whitechappel. La policía busca un culpable, y han puesto sus ojos en esa bestia nocturna que aterroriza tanto a culpables como inocentes al que la prensa ha bautizado como Batman. La caza del hombre ha empezado, aunque la presa sea el hombre equivocado. En su primer caso, Batman tendrá que descubrir la identidad del asesino, al mismo tiempo que fantasmas de su pasado cobran terribles formas en el presente.

Me quedan unos años para tener un Batmovil, así que buenas son tortas

Me quedan unos años para tener un Batmovil, así que buenas son tortas

Menuda historia, ¿No? Pues estaba claro que una premisa tan llamativa necesitaba un aspecto visual adecuado al tenebroso enfrentamiento. El encargado de los lápices, un joven Mike Mignola, con los años convertido en una estrella del medio gracias a sus propias creaciones, en especial Hell Boy. No fue difícil convencer al dibujante, ya que es un apasionado de la literatura victoriana, y el contexto de la aventura respondía a muchas de sus inquietudes creativas. Fue una oportunidad única para que el estilo de Mignola, angular, rudo, lúgubre y lleno de fuerza, cobrase identidad propia. Se nota que disfruta en cada viñeta, y todas su dotes narrativas quedan demostradas por su inteligente adaptación a la propuesta de Augustyn. Éste plantea dos voces principales; la del enloquecido asesino y la del propio héroe, contraste en el que comprobamos como ambos se enfrentan de manera muy distinta a sus respectivas neurosis. Entre Augustyn y Mignola, consiguen que nos traslademos a un momento muy determinado en el tiempo, y sintamos esa mezcla entre romanticismo clásico de los folletines victorianos junto con el malsano entorno urbano del siglo XIX. Me encanta, por ejemplo, la importancia que dan a la prensa escrita, en pleno auge, con recortes de periódicos en la composición de página, un recurso que da sentido cinematográfico a la acción, y que además nos dice mucho de la sociedad de la época.

El horror se instala en Gotham

El horror se instala en Gotham

Como segundo plato en esta nueva edición, tenemos la secuela publicada en 1991 de “Luz de gas”, la no menos impresionante “El amo del futuro”. En esta ocasión, Mignola abandona el papel de pintamonas, y se queda con sus labores de guionista. El trabajo con los lápices cae en manos del desaparecido Eduardo Barreto, dibujante Uruguayo dotado de un enorme sentido de la espectacularidad del cómic de aventuras más clásico. Si los protagonistas de “Luz de gas” son los callejones y la mugre de la peor pesadilla urbana de toques Dickensianos, en “El amo del futuro” tenemos un trabajo brillante de edificios victorianos, enormes interiores barrocos de salones de baile, y una influencia bastante clara de las novelas de Julio Verne. De hecho, el villano de turno, Alexandre Leroi, es una suerte de Capitán Nemo aéreo.

El nuevo contexto en el que se mueve Batman permite ciertas licencias a los creadores, que optan, por ejemplo, de dotar a Wayne de un interés romántico, que funciona bastante bien sin resultar trágico ni melodramático.

Aventuras con cierto toque pulp, artefactos mecánicos imposibles,duelos a espada (admito que con esto último, a mí me ha ganado), en la época en la que el convulso siglo XX llamaba a la puerta de la humanidad. Un complemento de lujo que cierra el círculo de las aventuras de nuestro Batman decimonónico.

Un gran cómic de Batman en un contexto ideal para la naturaleza del personaje. Una diversión para los perpetradores y para nosotros, lectores, que encontramos a nuestro personaje favorito de siempre como nunca lo habíamos imaginado. Para eso están los grandes mitos, para que sean recontados de todas las maneras posibles.

@SantiagoNeg