Publicado el 4 de Diciembre del 2013 por Germánico en Libros
Hablemos de Libros: Monster.

4/5

¿Me echábais de menos, frikis míos? Tranquilos, no es necesario que contestéis: era lo que algunos llaman pregunta retórica. Sea como fuere, debido a inlusiones finales, glándulas apocrinas y anfiartrosis varias, este vuestro redactor ha estado un pelín ocupado como para devorar libros y contaros mis desventuras entre horas de lecturas.

Pero he vuelto, y con esta joyita.

Llevo un ratillo pensando mil maneras de morir de resumiros la historia que esconde A. Lee Martinez entre las 314 páginas de su libro (publicado en España por la todopoderosa Minotauro). Sin embargo, he pensado que lo mejor que puedo hacer en este caso (porque tiene miga, vaya) es transcribiros la sinopsis que aparece en su contraportada:

Te presentamos a Monster y a Judy, dos humanos que no se gustan mucho el uno al otro, pero que juntos deberán enfrentarse a dragones, trols, perros morsa y a una desquiciada señora de los gatos para salvar nuestro universo.

Monster trabaja en una agencia de control de plagas. Es un trabajo duro y además tiene problemas domésticos, como el que su novia sea un demonio.

Judy tiene el turno de noche del supermercado Food Plus Mart. Quizá no sea el estilo de vida más glamuroso, pero es feliz. Nadie le molesta, y si lo peor que le puede pasar es tener a un encargado algo memo, bueno, puede vivir con ello.

Pero cuando Judy se encuentra con un yeti comiéndose todos los helados de la sección de congelados, su vida se cruza con la de Monster del modo más desastroso posible. Porque Monster no atrapa mapaches, él busca las cosas que se esconden en la noche. Cosas como ogros, trols o dragones.

Ah, ¿y su novia? Sí, realmente es un demonio.

He de decir, que cuando comencé a leer su contraportada tras los “perros morsa” me tenía ganado (de hecho lo dije en alto y un colega que me había acompañado me miró como diciendo: estás peor de lo esperado), incluso ya estaba pagando el libro en el mostrador de mi tienda friki habitual. Cuando llegué a casa y leí los agradecimientos y dedicatorias me dije: bien, he escogido pero que muy bien. Y comencé a leer.

Es libro es tan absurdo y demencial como suena, divertido, lleno de humor surrealista con una historia que si bien no tiene nada de especial en un principio va ganando puntos según pasan los capítulos y te enfrentas a los nuevos retos que puedes encontrarte. Vamos desde cápridos amantes del queso a trolls, de perros morsa a gatos draconianos, de esfinges a duendecillos y todo eso con un funcionario que cambia de color según el día y que va acompañado de un hombre de papel. Todo muy normal, vamos.

Siendo sinceros, no es una obra de arte ni un libro que pasará a los anales de la historia como el mejor jamás escrito. De hecho, tampoco creo que A. Lee Martinez llegue a ganar el nobel de literatura ni nada parecido. Sin embargo te ríes, te enganchas a la historia y te sorprendes.  Te evades de esta realidad y viajas a otra donde todo lo que tiene nombre existe, igual que las realidades paralelas y multiversos. Donde lo más absurdo puede ocurrir de la forma más lógica y qiuzá, lo más normal no.

No sólo eso, nos encontramos con dos personajes, Monster y Judy, que poco tienen que ver con los típicos héroes de otras grandes historias; de hecho, encajarían perfectamente bajo el título de antihéroes, incluso voy más allá: se podrían describir como dos fracasados, como dos pringados a los que el destino les tenía algo reservado y que ni les va ni les viene, que de hecho, quieren escapar de ello, y sin embargo, allí se encuentran con algún que otro momento glorioso.

Ni siquiera la mala de película es una mala normal: un ser primitivo, primigenio, tan antiguo como el propio universo y tan egoísta como el pecado capital originario que se camufla como señora loca de los gatos, haciendo tés y entre cuyas aportaciones más malvadas y maquiavélicas a la humanidad (con el único fin de destruirla), se encuentra la televisión. Telica.

Y bueno, si bien el comienzo deja mucho que desear (de hecho hasta en ocasiones se hace pesado), vamos a un final apoteósico y diferente. O quizá no tanto, pues de cierta manera me hizo pensar en nuestro mago con menos magia favorito, Rincewind.

En fin, tengo que decir que jamás hubiera leído este libro si no hubiera estado a precio de saldo, que ni siquiera la portada me llamaba la atención (a pesar de ser amarilla chillona). Sin embargo, no me arrepiento de haber puesto mis zarpas sobre él pues al final, me ha encantado y tengo intención de buscar más cosas de A. Lee Martinez para ver si me sorprende como me sorprendió con Monster. Para vosotros, caros lectores, os lo recomiendo  si amáis la locura insalubre o si buscáis no sólo algo diferente, sino algo así ligerito para desengrasar y/o relajar el cerebro tras los exámenes.

Y no se os olvide:

Servicio de Salvamento y Prevención Criptobiológica.

¡Capturamos Yetis!

Llámenos para todos sus problemas de plagas.