Publicado el 10 de Diciembre del 2013 por Kurtz en Cine
Capitán Phillips: Tom Hanks es (otra vez) un tipo normal

Richard Phillips tiene una señora y dos hijos ya tirando para mayores. Además, es capitán y tiene un barco. Mejor dicho, la compañía para la que trabaja tiene un barco, en concreto uno de esos mostrencos que se utilizan para llevar contenedores que van llenos de mercancías. Para que os hagáis una idea, esos mismos contenedores que en España se pintan de blanco y se utilizan como aulas de la ESO.  Llevar estos barcos es algo rutinario para el Capitán Phillips, pero esta vez el viaje tiene una particularidad, y es que parte del trayecto transcurre junto a la costa de Somalia, donde es habitual la presencia de piratas que tratan de abordar las naves de carga, secuestrarlas y forrarse a base de pedir rescates. Phillips y su tripulación tienen un manual de normas a seguir frente a un ataque, y este es el que tratan de poner en marcha cuando se produce el previsible y casi esperado abordaje, pero una serie de acontecimientos hacen que todo empiece a salir como no estaba planeado tanto para los piratas como para los habitantes del carguero.

Vale, ok, ya sabemos que los piratas del S. XXI no llevan garfio ni parche en el ojo. Tampoco un loro colgado ni van cantando ese “Tírate de la moto” versión bucanera que es “La botella de ron”. O eso es lo que yo creía, claro que yo me he criado con las películas clásicas (véase “La Isla del Tesoro”, “El Capitán Blood” o las versiones modernas en plan “Piratas del Caribe”). Lo primero que hay que asumir es esto, no hay nada de estos tópicos. Ahora parece ser que la imagen de pirata moderno es un africano famélico que coge la AK-47 como coge tu abuela la escoba para echar al gato de la habitación. Tampoco hay barco, ahora es un cayuco de mierda con motor fuera borda. Una vez superado este shock, vamos a lo que es la película en sí misma.

Piratas modernos, huelen igual de mal que los clásicos, pero ni pizca del glamour de un garfio, un parche o un loro

Siendo benévolo diré que me afeité un par de veces durante el metraje. Es como ver “Los 10 mandamientos” en Antena 3 y con anuncios, pero en largo. Ese es un problema grave. Tampoco es que no pase nada, de hecho pasan bastantes cosas, pero sobra película como para vender y arreglar el problema del hambre en Somalia. Por lo visto la idea es que sintamos la presión, el agobio y la tensión de un secuestro interminable (que en realidad dura como día y poco, casi tanto como la película) y como de canutas llega a pasarlas el bueno y campechano de Phillips. Por desgracia, al menos para mi, la cosa poco a poco iba a pasando a ser un catálogo de todas las caras de estreñimiento que puede llegar a poner Tom Hanks (no son pocas, eso si es cierto) salpicadas con algún momento de tensión al inicio y al final. El resto tiene tanto nervio como una trifulca de bar entre el Pozí y Fernando Arrabal. También debo confesar que tengo graves prejuicios al respecto de Tom Hanks, salvando su etapa inicial cuando hizo la notable gamberrada de “Esta casa es una ruina”, la entrañable “Big” o la mitiquísima “Despedida de soltero” (tias en tetas, sostenes en la cabeza y un burro metiéndose farlopa, eso sí es una fiesta), el resto de su carrera me aburre soberanamente. No es que sea malo, es que es un tío tan absolutamente normal, correcto y perfecto que da hasta miedo. Por tanto su sola presencia me genera un sopor que resulta hasta violento. Y eso que no hay nadie como el para interpretar a personajes normales y corrientes. De hecho, Phillips es exactamente eso, no comete ningún acto de valor supremo, siempre obedece la lógica, trata de hacer las cosas bien y pasa canguelo cuando tiene que pasarlo. Podría pensarse que enfrentarse a un grupo de piratas somalíes es un acto de gran valor. Esto es fácil de decir antes de ver la película. Una vez vista, mi conclusión es que podría haberlos vencido con solo encender un mechero o iluminar una pared con la magia de una linterna. Qué gente más lerda, por Crom, tienen menos luces que sus propias chalupas. Si eran así de verdad (la película, por cierto, se basa en el libro de Philips sobre el secuestro) resulta inexplicable que ninguno se volara un pie o se matara intentando abrir una puerta. Eso si, están espléndidamente caracterizados, entre los cuatro pesan un kilo y medio (Kalashnikovs incluidos) y tienen la boca como si cada día intentaran almorzar una viga.

"Dime Irish, tienes algún contenedor lleno de sensodyne en la bodega de carga"

La película tiene grandes virtudes, no os creáis. Está muy bien rodada y ambientada, resulta opresiva y las escenas de acción tienen su tensión, cosa que es lógica si tenemos en cuenta que Paul Greengrass ha rodado dos entregas de la saga Bourne y la muy grande y casi desconocida “Bloody Sunday”. Es este director y el actor principal lo que libran a la película de caer en la más cruel telerrealidad de sobremesa a la que la destinaban temática y planteamiento. Bueno, y que el elenco cumple de sobra. Aquellos a los que les guste Tom Hanks disfrutarán de lo lindo, especialmente porque él y el líder pirata son casi toda la película. De hecho este último está especialmente brillante. Con su interpretación, uno se mueve entre el mal rollo y el miedo de ver a semejante individuo con una responsabilidad que vaya más allá de tener que calzarse unas sandalias. Lo mejor es que el intérprete, Barkhad Abdi, es un actor debutante, somalí de origen y que se apuntó al casting en plan como quien va a cazar el bocata saliendo de extra. Bien por él, porque lo cierto es que lo borda.

Kurtz