Publicado el 16 de Diciembre del 2013 por Capitan_Melenas en Cine
Frozen: Sopa Fría

 

Pues ya está aquí el pelotazo navideño de la casa Disney, tan inevitable como el turrón, la botella de anís del mono o el árbol de plasticucho. Hace ya un tiempo que el estudio estaba bastante muerto de éxito por las mieles de excelencia procedentes de sus socios de Pixar, pero recuperaron un poco el tino con la estupenda “Enredados”, una de las cintas de animación más divertidas que he visto en mucho tiempo. Simple, directa y muy efectiva forma de entender el cine de animación, y recuperando una fuente inagotable de historias Disney, los cuentos tradicionales, se completaba el cuadro con una banda sonora muy acertada dentro del tono de comedia alocada que se imprimió en este film.

Si de algo saben en la casa es como exprimir una fórmula, así que tenemos bastantes de los elementos que hicieron de “Enredados” un acierto. Lo curioso es que, con ingredientes similares, el resultado es bastante dispar.

Nuestra gélida chica de hielo

Nuestra gélida chica de hielo

“Frozen” recupera de la tradición el clásico “La reina de las nieves”, agitado, que no mezclado, con las invenciones propias para que esa identidad Disney no se pierda. Nos cuenta la historia de Elsa Y Ana, dos hermanas separadas por los descontrolados poderes de la primera. Abrumada por su maldición, Elsa desaparece en la montaña, convencida de que merece una vida en soledad, sin ser consciente de que ha desatado un invierno eterno en el reino. Ana emprende la búsqueda de su hermana, ayudada por el montañero Kristoff y su reno Sven, para que Elsa deshaga las nieves perpetuas que han arrebatado el verano a los habitantes de una tierra condenada.

Animación cuidada, detallista, y de regusto clásico sin renunciar a la tecnología puntera, unos personajes definidos, encantadores y llenos de carisma, diálogos inteligentes, humor actual con leve toque de ironía, y momentos realmente potentes de acción y aventura.

Y, a pesar de todo eso, algo me falla.

No es que sea una mala película. De hecho, da lo que ofrece. Una buen rato de humor, amor y aventuras. Pero la mitad ya lo he visto, y la otra mitad me chirría. Para empezar, no ayuda nada que antes de empezar la película te metan por los ojos el videoclip de uno de los temas de la banda sonora perpetrado por ese engendro interestelar llamado Abraham Mateo, un ser que justifica por sí mismo la existencia de las collejas en los pasillos de los institutos. A punto estaba de una catarsis edípica y arrancarme mis propios ojos, ante esa cosa sobreproducida y llena de efectos de voz para lucimiento de mi colega el gorras.

No entiendo a que viene eso. Es decir, es una película infantil. Me temo que la sala no se va a llenar de adolescentes gritonas, así que es innecesaria la presencia de este niño repelente. En la sala hay niños pequeños, que no saben muy bien quién es el fulano de tal, o padres y personas que buscan una sana regresión a la infancia que no se merecen esto. Muy bien, señores de promoción de Disney España, os habéis ganado el sueldo.

Nuestras hermanísimas y el jefe de la patronal de un reino de por ahí, siempre dando la brasa

Nuestras hermanísimas y el jefe de la patronal de un reino de por ahí, siempre dando la vara

Total, que ya te ha dado un poco de bajuna. Luego escuchas la canción de verdad en la peli, y no suena tan mal, es bastante más natural y audible que el vómito de arco iris y piruletas que he escuchado un rato antes. Pero aún así, una de las cosas que más me rompe es la escasa calidad de la banda sonora y el exceso en el uso de canciones para relleno de una historia muy simple (cosa que no es esencialmente mala). Soy un gran fan de Disney, y de sus temazos. Me canto enterita la banda sonora de Hércules en la ducha, y el día que me despidieron de mi curro, me canté Akuna Matata mientras abría el sobre con el cese de contrato. Me sale solo.

Pero en esta película se pasan tres pueblos con las canciones, y es que además no son nada del otro barrio en comparación a otros aciertos de la compañía. Es más, la banda sonora de enredados me pareció muy divertida, apropiada, y escogida en momentos puntuales. Aquí, cada escena tiene su corte musical, y me aburre. Parece que es el único recurso que conocen los guionistas para que la historia avance, pero a mí me da la sensación contraria. Todo se estanca, cuando yo pido más risas.

Es que hay un tema en la nieve, mientras Elsa se despide del mundo cruel, ahí, “to épico”, que lo único que me falta es ver a los Hammerfall detrás de la muchacha moviendo las melenas para que todo sea redondo.

Pero Frozen tiene sus momentos. Por unos personajes entrañables. Ana es una delicia, que evoluciona de la tontería de princesa Disney habitual a una joven dispuesta y valiente. Ese es el mayor acierto de la película, manejar los clichés de la factoría para luego sorprendernos con una vuelta de tuerca muy bonita, ya que, efectivamente, tenemos actos de amor verdadero, y toda la parafernalia emocional de Disney, pero a veces las cosas no son lo que parecen.

Sven es el enésimo bicho que, en el fondo, es un perro. Lo cual me lleva a hacer una recomendación a los guionistas de Disney. Usad un perro. No os compliquéis la vida.

Nos queda Olaf, el muñeco de nieve. Desde su aparición en la trama el peso de la película recae en este triunfo de monigote, que es algo más que el gancho humorístico. Con personajes así, Disney consigue que mire hacia otro lado con los fallos (pero lo del gorras no os lo perdonaré nunca, tíos).

Olaf sueña con el verano... sí, ya....

Olaf sueña con el verano... sí, ya....

El final, feliz, sorprendente, sin memez ni cursilería. Un signo de que los tiempos cambian para todos. Y cuando acaba, por lo menos tienes la sensación de que has pasado un rato divertido, cuando te has reído, lo has hecho de verdad, sin ningún tipo de esfuerzo, y sales de la sala un poco más niño.

Y por eso mola ver películas de Disney.

A veces es brillante, otras parece que se merece su salida directa en DVD. Un clásico Disney imperfecto, que bebe demasiado de sus precedentes, y con una banda sonora mediocre en comparación a ilustres ejemplos recientes. A cambio de estos pequeños baches, es una hora y media más divertida que la mayoría de las propuestas que vais a encontrar en la sala de cine. Y eso, según están las cosas, no tiene precio.

@SantiagoNeg