Publicado el 17 de Diciembre del 2013 por Capitan_Melenas en Cómic
No os indigneis tanto: El humor es lo que nos queda.

 

Paseo rápido por el cómic patrio. Una de mis compras en el último Expocomic fue este librillo, editado de manera cuca y práctica por Astiberri. Ya escribí en la crónica del evento que esta editorial me tiene encantado con su idea de publicación, que ofrece cómics de muy buena calidad, bien escogidos, editados con inteligencia y que además suelen ser muy bonitos. En este caso, prima lo manejable, porque este es un tebeo de guerrilla, de llevar en la mochila, leer en el metro o haciendo cola en la oficina de empleo (Juas, como si no estuvieses ya bastante calentito en esa tesitura).

Creo que Fontdevila está por encima de las presentaciones. Todos los presentes, intuyo, conocen el trabajo de este todoterreno del humor gráfico gracias a su etapa en el Jueves, revista de la que llegó a ser director, y en donde se montaba una bofetada para todos aquellos que dejamos la veintena muy atrás hace ya tiempo. “Para ti que eres joven”, junto con Albert Monteys, era una risa asegurada, además de un alegre canto para el carroza venido a más que hemos llegado a ser (con lo que hemos molado, sniff).

Pero hay vida más allá de la revista que sale los miércoles. Fontdevila tiene una extensa bibliografía en solitario, y el libro del que hoy os hablo es el último de sus monstruitos. Y se queda a gusto.

Así empieza la historia. Gracias, desastre de aeropuertos españoles

Así empieza la historia. Gracias, desastre de aeropuertos españoles

Sí, ya, la culpa de todo esto la tienen los políticos, los banqueros y demás fauna parasitaria, arraigada con solera en la tradición de nuestro terruño. Por supuesto, el autor reparte la cera correspondiente, pero el mensaje no se queda en lo evidente y sanguíneo. Fontdevila se da un paseo por la sociedad española en general, de la que es privilegiado observador, ya no solo como humorista gráfico, con un ojo puesto siempre en la actualidad. Es que el autor es parte de esa masa que formamos todos, y que se está tragando lo más sucio de esta crisis (que Zapatero en su momento llamó sistémica. Es que me parto, chavales). Ha asistido expectante al regreso modernizado de los movimientos sociales, e incluso confiesa en las páginas de su libro las dudas que surgieron en aquellos primeros días del 15M. Dudas, me temo, que muchos tuvimos (yo confieso también). Pero a partir de estos hechos puntuales, Fontdevilla desarrolla una breve historia de la alergia mortal que estos movimientos provocan en según que sectores de la sociedad, y no precisamente en el ámbito político. Periodistas, medios, pensadores, oportunistas y gente que pasaba por allí, todos han formado parte de un bloque aferrado a supuestos rancios e ideas impuestas porque sí, porque son el cemento filosófico en el que sustentan algo tan complejo como la sociedad española, sin más. Ideas que han calado tan hondo que una gran parte de los ciudadanos de este país las recitan como mantras. La transición, la protesta suavita que predomina en este país, los casos de censura ridícula y represión cobarde, las medallitas que muchos se cuelgan cuando los demás se han partido la cara por el cambio. Un paseo lleno de reivindicación, incluso del mismo concepto de humor, a través de un sentimiento de incomprensión ciudadana con la que no me queda más remedio que sentirme identificado. Porque la crítica más corrosiva y acertada es la que hace de nosotros, los ciudadanos, los que tragamos mierda y decimos amén. Nuestras miserias, en las que el mismo autor se reconoce, en forma de espejo en el que podemos entender de qué parte del problema somos culpables. Y eso está bien.

Chicos, el humor es un arma. Y Fontdevila es un espadachín de cuidado. Puede que no estés de acuerdo en todo lo que dice, no creo que esa sea la intención del autor. Muchos lo tacharán de demagogo (esa palabra de moda, amigos), exagerado o, lo que es peor, agente del contubernio que pretende establecer un soviet a la altura de Manresa. Aparte de los catetos venidos a más que tenemos en las altas esferas del pensamiento, creo que, por lo menos, Manel Fontdevila os hará meditar sobre algo tan candente como la protesta social.

Y os arrancará una sonrisa. Lo cual, con lo seria que está la cosa, es un triunfo.

@SantiagoNeg