Publicado el 21 de Diciembre del 2013 por Germánico en Cine
Estuvimos viendo: El Hobbit, la Desolación de Smaug.

4.25/5

Dirección: Peter Jackson.

Países: USA y Nueva Zelanda. Año: 2013. Duración: 161 min.

.Interpretación: Martin Freeman (Bilbo Bolsón), Ian McKellen (Gandalf el Gris), Richard Armitage (Thorin, Escudo de Roble), Cate Blanchett (Galadriel), Andy Serkis (Gollum),  Luke Evans (Bardo), Lee Pace (Thranduil), Orlando Bloom (Legolas), Evangeline Lilly (Tauriel)

Guion:Peter Jackson, Guillermo del Toro, Philippa Boyens y Fran Walsh;

.Producción: Peter Jackson, Carolynne Cunningham, Zane Weiner y Fran Walsh.

Música:Howard Shore

Podría haber spoilers, pero si habéis visto el trailer no os sorprenderá nada de lo que os digo.

Casi un año después, ¡Oh, frikis míos!, regreso a vosotros para contaros cómo continúa esta aventura liderada por Thorin con el fin de recuperar la tierra de sus ancestros, Erebor, la Montaña Solitaria. Y es que, tras aquella huída inesperada gracias a la colaboración de las Águilas ( y de un nefasto final, como nefasta fue la primera película), nos encontramos con una pequeña introducción muy interesante con Gandalf y Thorin, para volver con nuestros pequeños héroes al camino que les llevará a su destino. Así pues, huyendo de los orcos y de las oscuras criaturas que los acechan, se toparán con Beorn, cruzarán el Bosque Negro donde lidiarán con las gigantescas arañas que allí habitan y con los elfos del bosque. Y continuarán, cabalgando barriles hasta Ciudad del Lago, donde conocerán tanto al Gobernador como a un interesante Bardo para, por último, internarse en la Montaña Solitaria. Llegamos así a un final que si bien era de esperar (hay que dejar cosillas para la tercera película) nos deja pegados a la butaca mientras escuchamos la hermosa canción de Ed Sheeran “I See Fire”. En serio, escuchad la canción.

Sea como fuere, lo primero que he de decir es que la película superó mis expectativas (también es verdad que mis expectativas se encontraban bajo 0). De hecho, me emocionó, me mantuvo pegado a la butaca y quitando un par de escenas que me hicieron rechinar los dientes, creo firmemente que Peter Jackson ha hecho en general un trabajo magnífico. Ha sabido, eso creo yo, mantener la velocidad de la trama incluso cuando incluía esas escenas que nada tenían que ver con la historia, ha sabido conectar con el espectador y emocionarlo, sacando sonrisas, lágrimas y sobresaltos. No sólo ha podido cautivar a aquellos que jamás han leído el libro, sino que también lo ha conseguido con aquellos que aún habiéndolo leído, habiendo detestado tanto aquella primera parte, volvieron al cine. Me ha recordado al mejor Peter Jackson del mejor Señor de los Anillos.

Empezamos la película con un cameo de Peter Jackson que llega a ti como una bofetada (acojonante, de verdad) que merece ser mencionado porque telica, frikis míos, telica. Poco después conoceremos a Beorn. Tengo la sensación de que Jackson no supo sacarle jugo a esas escenas y nuestro querido Cambiapieles no llega a convencer del todo, aunque en su forma de gran oso sí hace que nuestros efínteres duden durante unos instantes de la viabilidad de la película. No sé, creo que esa escena está ahí sólo para recordarle a los espectadores que alguien se leyó el libro antes de escribir el guión y poco más.

En cuanto al Bosque Negro, me pareció una delicia. El Bosque, el sentimiento de locura insalubre (eché de menos que nuestro querido y rechoncho enano Bombur se quedara dormido y que tuvieran que cargar con él, pero qué se le va a hacer) y las arañas. Todo perfecto (o casi) hasta que llegaron los elfos con una desconocida Tauriel y un Legolas con unas superlentillas que daban mal rollo. Lo mejor de los elfos de esta película: que son hermosos, que todos parecen jóvenes, que dan la sensación de ser y saberse una raza inmortal y superior al resto… no como nuestro querido agente Smith de Matrix convertido en Barbi Superstar (Llamar a ese hombre hermoso… no sé, pero no lo veo yo muy allá). En principio la parte de los elfos podría ser interesante a pesar de Legolas y sus lentillas (en serio, vedlo y juzgad por vosotros mismos) si no fuera por esa especie de historia de amor que surge entre un enano y la elfa Tauriel (¿No te parece demasiado alto para ser enano? Le faltó decir: Oiss, es que es taaaaan mono!), y ese momento perturbador de mira mi carita de rey elfo que se saca de la manga nuestro odiado Thranduil.

A pesar de eso, la parte de Bardo, de Ciudad del Lago (qué enorme Stephen Fry como gobernador, amigos) me pareció totalmente correcta, igual que la persecución perpetrada por los orcos (incluso por Legolas y sus Lentillas)… Así llegamos a la parte de nuestro Bilbo (mucho más Bilbo que nunca, un Hobbit 2.0, con humor, con la agudeza de una pequeña afición y sus enormes pies peludos) se encuentra cara a cara con un impresionante y delicioso Smaug. No puedo exagerar, Jackson se explaya en Ereborn mucho más de lo esperado, una gran aventura por los salones perdidos e inundados de riquezas de la Montaña Solitaria donde los enanos y Bilbo luchan por sobrevivir a la furia de un dragón que (se conoce) había dormido aburrido hasta ese momento. Sin embargo, a pesar de habérselo sacado de la manga, me pareció grandioso, épico, emocionante, fantástico y aventuresco, de tal forma que cuando los créditos finales comenzaron a salir por la pantalla no pude reprimir un: Venga, hombre, no me jodas. Si el año pasado salí esperando no volver a saber nada de aquella aberración, esta vez, frikis míos, he salido pensando: NECESITO LA TERCERA PARTE DEL HOBBIT YA. Sabemos lo que nos espera y sabemos que si se lo curran, lo que veremos en la pantalla será algo más que grandioso.

Además, los enanos son también más enanos que nunca, una actualización necesaria, creo yo, después de lo que nos encontramos en la primera parte. Eran muy valientes, sí, pero no nos aguantaban nada… Y sin embargo, aquí nos encontramos con verdaderos enanos, valientes, cabezotas, con mil recursos, capaces de romper cráneos orcos con sus duras cabezas y a base de puñetazos porque están desarmados, arrancar la vida a las arañas y no retroceder ni aún cuando la muerte parece segura. Se enfrentan a un dragón en el lugar donde sus antepasados murieron abrasados. Eso ha hecho que vuelva a creer en los enanos, que vuelva a sentir respeto por ellos; de hecho, su físico parece haber sufrido una enanización que en muchos casos no llegamos a encontrar en la primera parte.

Por otra parte (sí, sigo, que estoy emocionado) cuando nuestro querido Gandalf el Gris, más Gandalf y más Gris que en la primera parte, un Gandalf 3.0 sólo superado por su primera versión en el ESDLA, se separa del grupo a la entrada del Bosque Negro y va en busca de sus propias aventuras (un poco acompañado por Radagast que gracias a Eru sale poco) buscando respuestas, nos encontramos con escenas que esta vez no sobran. Muchos recordaréis que en la primera entrega del Hobbit, muchos fuimos los que criticamos aquellos “capítulos” sacados de la nada, inventados y/o modificados de forma indiscriminada sólo con la intención de rellenas las casi tres horas de película. Pero en esta no ocurre eso, en esta esas escenas… gustan. Son épicas (ay, cómo me gusta esta palabra) y tienes puntazos impresionantes (véase Ojo de Sauron). Sí, sólo con pensar en ello me emociono.

Así pues, como resumen, a pesar de las patadas al pequeño libro que tardas menos en leerlo que en ver las películas, merece la pena. Vuelvo a repetir que me sorprendió, no sólo ya por lo técnico (una fotografía deliciosa, una puesta en escena impresionante y un dragón con el que querrías danzar) si no por lo que inspira. Esta vez sí que recomiendo la película, y creo yo que muchos la disfrutaréis.

Y ésta vez no acabaré dejando una cita o una frase lapidaria. Esta vez os dejo una canción (la de los crédito finales) para que ni siquiera tengáis que buscarla. Disfrutadla.