Publicado el 22 de Diciembre del 2013 por Germánico en Ludoteca
[Navidades 2013] Queridos Reyes Magos, quiero… JUGAR!!

Algunos despediremos el año jugando, prácticamente. Y seguramente lo saludaremos con las mismas al año que está por venir, pidiendo un monopolio de trigo, tomando Desembarco del Rey tras una audaz estratagema, aniquilando a los 25 zombies que necesitas para salvarte del apocalipsis y conquistando Zamora, con sus mujeres de negros cabellos y sus torres llenas de misterios. Así pues, yo os pregunto: ¿Quieres probar algún juego pero ya no sabes dónde meterlo? ¿Odias que no entiendan tu amor por los tableros y los dados? Si es así, regálale un juego e introduce a su persona en este mundillo de frikismo y diversión con lo que podrá entender, seguramente, la segunda frase de esta introducción. O no.

Lo único cierto de todo esto es que nos acercamos a unas fechas en las que nos dedicamos a dar y recibir… regalos. Y como actual propietario de la sección Jugando que es Gerundio, donde hablo un poquito sobre juegos de mesa, aquí me presento yo en estos tiempos de dificultad, cual Gandalf el Blanco, para traeros la luz en los momentos de oscuridad, para hablaros de tres juegos que podrían ser un regalo perfecto.

1. Colonos de Catán.

Sí, frikis míos, comienzo con este clásico de los juegos de mesa desarrollado por el alemán Klaus Teuber allá por el año 95. Archiconocido en el mundillo de los juegos de tablero, es de práctica casi obligatoria no sólo por la ingente cantidad de torneos y demás, sino porque simplemente es divertido, muy divertido.

Para los que no lo sepáis, en Colonos de Catán el objetivo es construir pueblos, subirlos a ciudades, crear una red de caminos sobre un tablero que es distinto cada vez, mientras se comercia, se recolectan materias primas, se comprar desarrollos (que ya pueden ser cartas para tocar la moral al resto de los jugadores como para darte un empujoncito hacia la victoria). Cada uno de estos simples elementos da un número de puntos (viene la chuleta en el juego, como para también saber qué se necesita para construir cada cosa) y el ganador se subirá al podio de la Victoria cuando llegue a los 10 puntos. Durante el desarrollo del juego, los participantes irán, por turnos, tirando dos dados d6 y recolectando las materias primas que dichos dados marquen (si es que puedes, claro) y realizando sus maquinaciones, o moviendo un molesto ladrón dispuesto a robarte hasta la vida. Personalmente, me encantan esos momentos en los que en la mesa se escuchan cosas como: ¿Alguien tiene ovejas? Doy adobe por ovejas… ¿Adobe y madera por ovejas? ¿Nadie? Vale, pues cuatro maderas hacen una oveja (La Oveja de Troya, amigos), que con piedra y trigo hacen un desarrollo.

La dinámica (por lo que podéis imaginar) es bastante sencilla, se entienden las reglas a la primera (además de estar perfectamente redactadas en el libreto) y su duración varía entre la media hora y la hora. En principio el juego es para 4 jugadores, pero las expansiones (varias) que existen no sólo introducen nuevas variantes al juego (de alguna expansión ya os hablaré largo y tendido en alguna entrada posterior), sino que además permiten que el grupo aumente hasta llegar a los 6 jugadores.

2. Noviembre Rojo.

Bien, para hablaros de este juego tan políticamente correcto como una patada en los coj…. coj.. coj… ay, qué tos más fea. En fin, que para hablaros de este juego vamos a hacerlo sentaditos mientras bebemos un poco de ron. Porque frikis míos, aunque estemos en un submarino gnómico a punto de reventar, rodeados de agua, no tenemos nada qué beber. Salvo, por supuesto, que el ron, esa bebida de machotes y de piratas (y gnomos). Y es que las penas con ron son menos penas, como decía aquel cuyo nombre ni recuerdo, y además cuando nos encontramos dentro de las paredes de un submarino que se inunda, al que le fallan los motores, que parece que está a puntico de sucumbir ante la presión, una alegría no viene mal de vez en cuando antes de ponerse a resolver los problemas… que por cierto, con ron, se resuelven mejor. Eso sí, cuidadín cuidadín que si os pasáis puede que muráis ahogados en la sala de máquinas; y no queremos que eso ocurra, no?

¿A qué viene todo esto? Pues bien, resulta que en Noviembre Rojo (Bruno Faidutti, Jef Gontier), un juego semicooperativo de 2 a 8 jugadores, los humanos encarnan a unos simpáticos gnomos con tendencias un tanto alcohólicas que luchan desesperadamente por mantener su precioso submarino a flote (más o menos, claro) y para ello sólo dispondrá de una hora para solucionarlo, una hora no de nuestros relojes humanos y aburridos, si no por una escala situada en el tablero. Los problemas surgen, la muerte es inminente.

El juego no sólo es divertido si no que además tiene dos modos de juego que me parecen maravillosos: puede  jugarse en modo cooperativo (bleh), o también semicooperativo. En este delicioso caso, un jugador que encuentre una escafandra lista para poder huir, puede dejar a sus compañeros a bordo del Noviembre Rojo y ganar así la partida… salvo que sus antiguos camaradas arreglen su submarino, por lo que se considerará un traidor a la patria gnómica (o algo así) siendo de esta forma el único perdedor. Me encantas estas acciones egoístas, ya veis.

3. Zombies!!!: El Juego de Cartas.

Este juego recién sacado a la luz por Edge, está basado en ese juego de tablero (que además tiene una ingente cantidad de expansiones) llamado Zombies!!! y del que os hice una reseña hace casi un año (cómo pasa el tiempo) y que si queréis leer, sólo tenéis que pinchar aquí. Sea como fuere, en este juego volvemos a encontrarnos en mitad de un apocalipsis zombie, volvemos a ser un insignificante superviviente que busca desesperadamente huir de una ciudad maldita alcanzando el helipuerto, sorteando a todos aquellos no-muertos que infestan las calles como una plaga venida de antiguos y extraños textos bíblicos.

En este caso no tenemos tablero, ni miniaturas… sólo un mazo de cartas con el que ir narrando el relato de nuestro intento de huida, de nuestra sofocada y casi asmática carrera en pos de una escapatoria a esa ingente cantidad de bocas deshumanizadas que intentan darnos un muerdo, y no de los que nos gustaría. Cómo no, nuestra historia nos tiene que llevar al final del mazo (cuyas cartas pueden utilizarse resolviendo el efecto del texto de las reglas impresas en su anverso, o usando la ilustración del reverso para usarlas como localizaciones) y, una vez acabado habremos montado en el único helipuerto que queda en la urbe. Sobreviviremos para, quizá, luchar otro día.

Mucho del juego la verdad es que no puedo contaros: he leído aquí y allá cosillas sobre él, pero me ha llamado la atención por el hecho de ser el mismo juego pero en distinto formato, y es posible que incluso sea igual de divertido. Es ideal para aquellos amantes del género Z y también para aquellos que conocen la saga de estos juegos y que no siempre tienen el espacio suficiente como para desplegar el enorme y variante tablero.

En fin, frikis míos, espero que lo paséis bien en estas fiestas y que Papá Puerco os deje al lado de esa chimenea que no tenéis todos los regalos que merezcáis.

Frohe Weihnachten!