Publicado el 27 de Diciembre del 2013 por Germánico en Ludoteca
Jugando que es Gerundio: Dominion.

4.8/5

He intentado comenzar la reseña de este clásico (y eso que es del 2008) de 1000 y una formas, mis queridos frikis, pero se conoce que tras los casi obligatorios empachos navideños, mis neuronas lo único a lo que aspiran es a echarse una sietecica. Aún así, siendo viernes y con perspectivas de una incursión bajo la luz de la luna (hasta para salir soy épico, amigos), he decidido que no podía pasar una semana más sin hacer una reseña de un juego. Y mucho menos sin hacer la reseña de uno de los más conocidos en el mundillo: el Dominion.

Dicen de él que fue el primer deckbuilder y que revolucionó el diseño de los juegos, dando paso más tarde a otros como el Rune Age (del que os debo también una reseña… se me acumula el trabajo); sin embargo, yo lo que digo (ya que no soy ningún experto) es que simplemente tenemos ante nosotros un gran juego, uno genial. Una delicia, vamos.

Dominion, cuyo autor es Donald Vaccarino y que ha sido editado en este país por Devir, es un juego en el que cada jugador deberá desarrollar su poderoso reino a partir de unas 200 cartas, que bien pueden ser aleatorias o no, del total de 500 que componen la caja básica. En cada turno, los jugadores deberán buscar la estrategia que les lleve a la victoria final sobre sus enemigos comprando cartas (que llevarán a su mano) que les permitan más compras, que les haga un poco más ricos o haciéndose con provincias y ducados necesarios para extender sus fronteras más allá de lo que alcance la vista; y si es posible, molestando un poco al resto de jugadores, por supuesto. Cuando el juego finaliza (que se agoten tres mazos de cartas diferentes, por ejemplo), el ganador no es otro que aquel que tenga más puntos en su mazo.

Uno de los puntos fuertes de este juego, además de su elegancia y sencillez (lo que le llevó a ganar el premio Juego del Año en el 2009), es el gran número de cartas distintas y la ingente cantidad de variaciones con las que nos podemos encontrar. Si quieres una partida tranquila en la que cada jugador haga sus jugadas ignorando al resto de participantes, puedes conseguirlo; si, por el contrario, lo que más os motiva a vuestros compañeros de mesa no es otra cosa que molestar, arruinar jugadas, tocar la moral en general al resto, podréis hacerlo fácilmente: sólo hay que coger cartas como Milicia, Espía, Bruja y Ladrón y ponerlas en juego, listas para ser compradas por todos y, como no, utilizadas. No sólo eso, su mecánica de juego es simple, fácil de aprender (con una sola partida ya la tenemos más que aclarada) y su duración ronda la media hora.

Ideal para esos días en los que se buscan partidas rápidas y rápidas venganzas (cuidado con los piques, amigos, que hacen que encadenemos una partida con otra y que se nos haga de noche sin habernos dado cuenta), que a pesar de los piques nos regale un rato emocionante y divertido.

Además, tenemos a nuestra disposición una barbaridad de expansiones (Terramar, Alquimia, Cornucopia…) siendo, a mi parecer, la mejor de todas Dominion Intriga. ¿Por qué? Bien, el juego básico sólo permite un máximo de 4 jugadores, lo que muchas veces nos supone un problema y nos hace recurrir a otros juegos (Bang!, Munchkin, Zombies, Juego de Tronos…) para continuar satisfactoriamente con nuestras sesiones de frikismo. Con esta expansión, al juntarla con el básico, tenemos la posibilidad de aumentar el grupo hasta la nada desdeñosa cifra de 8 jugadores.

En fin, frikis míos, Dominion es un juego digno de reyes casi necesario en cualquier ludoteca que se precie. Digno de reyes, digo, pues nosotros mismos seremos un Rey en busca de un Imperio lleno de Esplendor y Oro.