Publicado el 7 de Enero del 2014 por Kurtz en Cine
Plan de escape: Despiporre en el geriátrico

¿Quién podría atreverse a entrullar a Silvester Stallone? Aparentemente nadie, pero si se hace llamar Ray Breslin la cosa ya cambia. Y cambia mucho más cuando descubrimos que Ray se gana la vida siendo encarcelado. En efecto, siempre bajo un nombre y acusaciones falsas, pasa a formar parte del colectivo carcelarios de las más exquisitas prisiones de máxima seguridad. ¿El objetivo? Fugarse para después informar de cuales son los puntos flacos del sistema penitenciario. A Ray le va bien, ha escrito un libro, gana una pasta como asesor y está rodeado de un gran equipo. Hasta que un buen día llega la oferta de su vida. El trabajo es el de siempre, pero esta vez hay una diferencia, tiene que escapar de una cárcel muy particular, una a la que van todos aquellos que es mejor que dejen de existir. Nadie sabe donde está, es la más avanzada de cuantas se han construido y es completamente imposible fugarse. La cosa mosquea un poco, pero la oferta es demasiado tentadora como para rechazarla y va con todas las garantías. Así pues, se lía la manta a la cabeza y acepta el trabajo. Pero todo cambia al día siguiente cuando Ray se descubre en una prisión realmente especial, dirigida por un sádico y donde nadie parece conocerle ni a el, ni a su trabajo ni a sus circunstancias. Ahora debe fugarse de nuevo, pero no por trabajo, si no para conservar su vida y encontrar a quien le ha traicionado. Para ello tiene que ponerse la pilas, estudiar el entorno y sobretodo, estudiar quienes comparten el espacio con él y donde puede encontrar aliados o traidores.

¿Qué, hace un mus?

Tercera película que haya visto de Mikael Håfström, las anteriores, “Sin Control” y “1408” son, por calificarlas de alguna manera, correctas. Especialmente la segunda, una de las versiones de “casa encantada/habitación encantada” más entretenidas que he visto en los últimos años. Pero para mi gusto peca un poco de impersonal. Se puede ver pero es como un huevo sin sal. Ni frio ni calor, y este caso tampoco es diferente. La película está bien rodada, se ve lo que tiene que verse, empieza, se desarrolla y termina, pero no ofrece nada más en cuanto a personalidad del que la rueda. También puede deberse a que Mikael ejerce de simple ejecutor, porque en sus anteriores filmes, como en este, quienes llevan la voz cantante son otros, y el patio no está para cine de autor cuando tienes pesos muy pesados. Y aquí los pesos pesan la leche y no son otros que Sylvester Stallone (que está a dos estiramientos de cara de rodar la precuela de “Rocky”) y nuestro queridísimo Arnie, ambos regresados de la muerte cinematográfica y dispuestos a repartir, previo paso por el gimnasio, leches como panes. Lo de Sly ya se sabía, más que digno cierre de “Rocky” y “Rambo” y dos pelis de “Mercenarios” después, está en plena forma dejándose de florituras cinéfilas. A dar tortas, así de simple. El Chuache ha sido más sorpresivo, su carrera antes de ser Governator iba en picado. Pero ha vuelto en forma con “Mercenarios 2” y una tremenda “Last Stand”. Había que seguir aprovechando el tirón de juntarlos, que ya no quedan muchas oportunidades, y ver que podría pasar.

Sam Neill, ese especialista en pagarse el bocata a base de trabajar entre seres antediluvianos

Y lo que pasa tiene pros y contras. Los contras es que en el cine de acción ya lo han hecho casi todo y es difícil innovar, y más con fósiles como estos. Otra cosa en contra es que en el extenso género de prisiones, como pasa con el porno, ya está todo contado, y lo que aún no está contado es casi mejor no arriesgarse a verlo. Muchos de los grandes (Eastwood, McQueen, Robert Redford por ejemplo) y algunos mediocres (Van Damme y Christopher Lambert, sin pensar mucho) ya han pasado o se han fugado de algún maco. Así pues sabemos que es difícil que la cosa sorprenda. Ahí la película hace bien, se ciñe a lo esperable, a cumplir expectativas y a dejar que la inercia de estos dos pechos de lata juntos haga funcionar la cosa. Ese es el gran pro. Sly y Chuache hacen lo que saben, lo hacen bien y la película se desarrolla con disfrute y facilidad a partes iguales. No esperéis que ninguno de los dos interprete, pero ni falta que les hace porque lo suyo es otra cosa, el único que lo intentó fue Stallone en “Copland” y salió indemne, pero hacía de tonto del pueblo, el Chuache ni eso. Pero ellos dos no lo son todo, a veces sus torsos y espaldas dejan algo de plano libre por los lados y si nos fijamos bien podemos ver la comparsa de caras conocidas que hacen de secundarios. Ahí están el inolvidable “Recluta Patoso” Vincent D’Onofrio, Jim Caviezel (si, el de “La Delgada Linea Roja”), Vinnie Jones, o la sorpresa de ver de nuevo a Sam Neill en una película muy comercial. Así que, en resumen, no pasará a la historia, no será una referencia, pero tal y como anda de huérfano de carisma el cine de acción actual, tener no a una, sino a dos garantías, hace que la película ya sobresalga de la media. Si te gusta el género y te gustan estos dos dinosaurios, la disfrutarás. Sin más. Puede que en sí misma la película sea un mojón. Claro que estas cosas son subjetivas, pero creo que las cosas deben juzgarse en función a lo que son. Si uno se pone esta cosa esperando ver “El Padrino”, es lógico que eche pestes, pero a estas alturas dudo que uno se ponga una película de estos tipos esperando ver una muestra de cine profundo y reflexivo. Bíceps como el tubo de escape de un tractor, testosterona, reparto de galletas a mano abierta y tiros. Es lo que uno espera y lo que uno encuentra.

Kurtz