Publicado el 9 de Enero del 2014 por Germánico en Libros
Hablemos de Libros: El Árbol del Ahorcado y otros relatos de la Frontera.

4/5

Hace tiempo llegó a mí por casualidad aquella mítica novela de Alan Le May, Centauros del Desierto (cuya reseña podéis leer aquí), que pertenecía a la colección Frontera de la Editorial Valdemar. Desde entonces, no ha pasado un solo día en el que no haya pensado que, quizá, debiera leer algún que otro libro de esa temática que tanto me ha gustado desde bien pequeño por culpa de mi padre: el Western.

Después de unos nueve meses (justo lo que dura un embarazo, podría hasta haber tenido un hijo y todo) de aquel día en el que me leí Centauros del Desierto, entré en una librería con el firme propósito de que mi madre me regalara un libro. Y allí estaba él, esperándome listo para ser leído, El Árbol del Ahorcado y otros relatos de la Frontera, escrito por Dorothy M. Johnson.

Al leer el título no pude evitar pensar en aquel film de Delmer Davis estrenada un hermoso día de 1959, protagonizada por Gary Cooper, el más valiente entre mil, Maria Schell y Karl Malden. Y por supuesto, tenía que leerlo.

Bien, el libro consta de 9 relatos y la novela corta de El Árbol del Ahorcado que es, sin duda, la joya de la corona; todos ellos escritos por Dorothy M. Johnson y todos situados en alguna zona de Montana.

Podría hablaros de todos los relatos un poco pero citaré sólo unos pocos: Bandido Improvisado, un relato tan típico que la autora parece querer burlarse un poco del género, pero desde el amor y el cariño que le profesa; El Hombre que Conoció a Buckskin Kid, Tiempo de Grandeza y Diario de Aventura, que son tan sencillos como maravillosos. Muy típicos del género, con sus buscadores de oro, sus forajidos y sus famosos pistoleros.

Por último: El Árbol del Ahorcado. Aquí me voy a entretener un poco. Es el mejor relato sin duda de los que componen esta pequeña antología de una de las autoras más relevantes del género, tanto por extensión como por la calidad, una delicia y una obra de arte en comparación con el resto. Además, de las piezas que componen este libro, el Árbol del Ahorcado es la que, sin lugar a dudas, más repercusión ha tenido gracias a aquella película homónima.

Y de qué va. Bien, muchos seguramente recordaréis algún que otro detalle si es que sois de aquellos que ven algún que otro western. Para los que no, he aquí un breve resumen: en los turbulentos años de la fiebre del oro, llega a un pueblo minero de Montana Joe Frail con un compañero. Tras varios problemas, Frail se asienta en el pueblo como un extraño e intimidante médico, cínico y rico. Cierto tiempo después, llegará al pueblo una superviviente de un asalto de una diligencia (Elisabeth), que tras una salir disparada por culpa de unos caballos desbocados vagara por el desierto, y a causa de una insolación, se queda ciega. Frail se ocupará de cuidarla, al igual que su joven sirviente Rune. Pero claro, habrá problemas, frikis míos, problemas que no pienso adelantaros por si queréis leerlo.

Si bien esta novela corta (o relato corto de gran extensión, no sé cómo considerarlo) es sublime, el resto de relatos dejan un poco que desear. El estilo de Dorothy M. Johnson no termina de cuajar del todo en mi cabeza, quizá por simpleza, quizá por alguna otra razón que no llego a discernir del todo bien, y el hecho de que recurra a las historias románticas (aunque no empalagosas, cosa que es de agradecer), como historia principal, hace que no me haya motivado tanto como en su día me emocionó Centauros del Desierto, de Le May.

Aún así, volveré a leer a esta autora en Indian Country, la otra recopilación que Valdemar ha editado, donde las historias sobre indios y sus relaciones con blancos tienen prioridad y donde podemos encontrar relatos como El hombre que mató a Liberty Valance, relato que se llevó al cine y que protagonizaron dos grandes del cine: James Stewart y el Hombre del Oeste por antonomasia, John Wayne.

Como de costumbre, este tipo de libros sólo los recomiendo a aquellos que tienen una especial predilección por los forajidos y los sheriffs, aquellos que juegan con su Colt .45 mientras silban felices la melodía de Le Llamaban Trinidad y se imaginan frente a Lee Van Cleef, manteniéndole la mirada y fumando un puro fino y corto, con los ojos entrecerrados.

¿Eres tú el hombre? ¿El hombre por el que me van a ahorcar?