Publicado el 15 de Enero del 2014 por Germánico en Ludoteca
Jugando que es Gerundio: Dixit.

Ya se acabaron los especiales de lo Mejor y lo Peor del Año por estos lares, frikis míos, al menos hasta que se cierna sobre nosotros como un dios primigenio dispuesto a devorarnos el año 2015 (En el 2020 seguramente hagamos un especial de los especiales, por aquello de ser dos pifias seguidas…). Por tanto, y dejando un poco estos desvaríos personales a parte (al menos de momento), volvemos a la rutina del frikismo hablando de un juego creado por Jean-Lous Roubira y publicado por Libellud (en España por Morapiaf) que en el 2010 ganó el premio Spiel des Jahres.

La primera vez que jugué a él fue hace bastante poco, la verdad, en las jornadas de Advanced Castilla y Dragón 3ª Edición, en un momento de relax entre un King of Tokio y una partidita de Rol en Vivo. Me gustó (tampoco es que me maravillara, pero me gustó), así que decidí que este juego quedaría muy bien en mi colección particular así que en Navidad, como me quiero tanto, fui a la Librería Miguel Núñez (Zamora) a comprármelo con la firme intención de estrenarlo en aquellos días (cosa que por otra parte, hice).

Su sistema de juego es sencillo: cada jugador recibe al principio del juego seis cartas con unos dibujines muy raros. El jugador que comienza dice una frase, una estrofa de una canción o una palabra que le inspire una de sus cartas (Algunos ejemplines de los que he sido testigo son Al Gore, Meh, Para desayunar dudo entre tomar tostadas y París, Estrella de la Muerte…), y deja ésta bocaabajo sobre la mesa. El resto de jugadores eligen de entre su mano la carta correspondiente que pueda ajustarse a ese sentimiento, y las colocan todas juntas, sin ser vistas por nadie más y se barajan. Cada jugador (salvo el que comenzó y colocó aquella primera carta) vota por una de las imágenes que hay sobre la mesa para ver cuál corresponde con la carta originaria. Se hace un recuento de puntos, se roba otra carta, y le pasa el turno a otro jugador. Gana el que al finalizar el mazo de cartas tenga más punticos.

Primero y ante todo: este no es un juego del que podáis esperar que se genere rivalidad, ni malos rollos ni con el que os devanaréis los sesos buscando aquella estrategia que os dé la victoria (aunque a veces cuesta encontrar esa palabra o frase que no sea demasiado complicada ni demasiado sencilla). Es un juego sencillo, divertido, absolutamente nada complejo (ya habéis visto que las reglas se resumen si se quiere en tres líneas) hecho e ideado para pasar el rato, para hacer una pausa entre juego y juego o como partida final tras una larga jornada de frikismo.

Ideal para los no jugones y para toda la familia, Dixit es un juego que se ha ganado su puesto en las ludotecas de miles de personas gracias no sólo a este sistema de juego, sino a las curiosas imágenes impresas en esas cartas de tamaño desmesurado que componen el juego. Lo mejor es que existen varias expansiones (dos de mazos de cartas que recuerde, y la expansión autojugable con reglas de hasta 12 jugadores y tablero que es el Dixit: Oddisey) suficientes para no aburrirnos siempre con las mismas cartas.

La pega que se le podría poner es que si has jugado al Juego de Tablero de Juego de Tronos, o a Mundodisco Ankh-Morpork antes, Dixit sabe a poco. Y las imágenes, que son raras rarunas, pueees son tirando a infantiles, como todo el diseño del juego (las fichas de los jugadores son conejitos de diversos colores).

Sea como fuere, la diversión está asegurada sobretodo al comprobar los problemas mentales de gente que, en un principio, pensaste que era normal y que ve un X- Wing en una llave.