Publicado el 17 de Enero del 2014 por Pichon en Series
Crónicas carnívoras: Lo que no mata, engorda (y mucho)

Pongámonos en situación. Mes de agosto madrileño, de esos de 40 fresquitos grados a la sombra. Las cuatro de la tarde. Acabas de llegar de un curro de estos de verano de 8 a 3, más la hora de transporte que te separa el trabajo del sofá que tienes tantas ganas de pillar. Hay que hacer la comida, que no acabará siendo otra cosa más que una ensalada, un plato de pasta o un bocadillo de bacon con queso. Sea lo que sea, al sofá con ello mientras esperas que en la tele pongan algo divertido.

Craso error si alguien espera encontrar algo bueno en cualquier cadena principal, añorando aquellos tiempos hace años en los que Telemadrid, si habéis oído bien, Telemadrid, ponía todos los días una película del Oeste, justo a esa hora. En los canales de series, capítulos repetidos hasta la saciedad. La sección deportiva contándote hasta la cantidad de jabón diaria que utiliza X jugador en su pretemporada. Total que uno acaba poniendo el primer canal que tiene algo diferente, e ignorándolo prácticamente. Pasado un rato escuchas que va a comenzar otro programa, del cual has oído hablar a tus amigos, pero nunca has visto, así que decides volver a prestarle un poquito de atención.

Empieza Crónicas Carnívoras.

Ahi aun sonreía

Crónicas Carnívoras, Man vs Food en su versión original, emitido por Travel Channel, es el típico programa americano que se ha licenciado Energy y que quema a todas horas. En la presentación podemos ver al que será nuestro “héroe”, Adam Richman, un tipo de complexión fuerte, que irá aumentando progresivamente según avanzan las temporadas, y que ya nos avisa de que la cosa: Ir ciudad por ciudad buscando restaurantes que te pongan los platos más grandes posibles.

Ahora es cuando se mira a las migas de lo que has dejado y toca afrontar un durísimo reto, o bien dejar la tele en el mismo canal, con las consecuencias que tenga, o cambiar. Hay que ser fuerte, y a ver que pasa. Porque este programa solo tiene dos opciones: O te entra un hambre que te comerías hasta la comida del perro, o te quita las ganas de comer hasta el día en que Kirsten Stewart cambie la expresión de la cara.

Durante las tres primeras temporadas, de las cuatro de las que constó el programa, la estructura es la misma. El Sr. Richman, visita en primer lugar dos restaurantes de la ciudad en la que se encuentra, conocidos por la calidad y sobre todo cantidad de sus platos. Y aquí quiero añadir una anotación: ¿Pero cómo (parte del aparato reproductor masculino) no van a estar gordos los americanos?¿Pero cómo es posible que no hayan muerto todos a los 30 años de colesterol, azúcar, ataques de miocardio? Perritos calientes de 60 centimetros, pizzas de kilo y medio, tacos de un kilo… y hay algunos que comen de eso todos los días. Servidor que le tiene un asco monumental a las salchichas debido a un incidente que no comentaré más allá de la anotación, aunque si hay algún curioso que me lo pregunte, se hubiera metido tres o cuatro perritos seguidos. Porque no solo tienes que ver como el tío se lo come no. Te manda a las cocinas para que puedas ver con tus propios ojos cómo se monta semejante delicia.

Pero pasemos al evento principal. Después de los dos primeros restaurantes, se dirige a un tercero, en el cual ya no es una simple visita, si no que tiene que superar el desafío entre el hombre y la comida. Y hay fundamentalmente dos tipos de desafíos: Cantidad o picante. Ambos auténticas animaladas.

 

En primer lugar, antes de enfrentarse a los retos de cantidad, el Sr. Richman se preparaba los días anteriores realizando ejercicio, bebiendo agua mineral y comiendo lo mínimo posible, para agrandar el estómago. El reto se divide en dos fases: la primera en la que tiene un hambre terrorífica y la comida está aún caliente, y la segunda en la que está llenito y la comida está fría. Casi nunca los platos bajan del orden de los 2 kilos 200 gramos, y por la experiencia si el plato pesaba mas de los 2 kilos 600 gramos, el fracaso era seguro. Para más complicación, la mayoría incluía límites de tiempo.

Los primeros minutos son fundamentales, la comida está caliente y el estómago pidiendo comida. Pero a partir de los primeros 15 minutos la cosa se complica. La monotonía del sabor, el queso que se va quedando pétreo, el pan que también se empieza a hacer bola, las patatas fritas se empiezan a hacer un infierno. El tío le echa su dosis de drama, de cara al espectáculo. Que si no puedo más, que si alguna chica me quiere dar un beso para continuar. Pero cuando no puede más, se le nota enseguida. Para que os hagáis estos fueron algunos de los restos a los que se enfrentó:

En Seattle, el reto era una tortilla de 12 huevos (eso tiene que ser insano de todas, todas). Fracasó en el intento.

Haciendo el chiste facil... Lo intentó, pero le faltaron huevos para terminar

 

En Nueva Orleans, el objetivo eran 180 ostras, y no me he equivocado con el número. Consiguió la victoria

Ni Isithrade mira con esa cara a sus apuntes de Ingieneria y Sociedad

En Las Vegas, un burrito de 2.7 kilos. Le faltó más de un cuarto para terminarlo.

Está claro que no se lo terminó, la sangre no la tenía en el estómago

En San Francisco, se metió entre pecho y espalda 7 litros y medio de helado, pasando el desafío.

¿Esto a domicilio no lo tienen, no?

En Detroit, intentó batir un record Guiness con un ejército de 40 personas para intentar zamparse una hamburguesa de 85 kilos en solo dos horas. Para que os hagáis una idea del monstruo, tuvo que tener la carne metida en el horno durante más de 24 horas. Sobra decir que no lo consiguieron, por más de 13 kilos de hamburguesa.

No se si la cara es por la hamburguesa... pero la sonrisa del calvo es sospechosa. "Pasan cosas" como diría Mourinho.

 

Los retos picantes son más dolorosos. Se trata de explorar los límites del dolor. Los jalapeños son lo más suave que aparece. Habaneros, extracto de guindilla, chiles ultrapicantes mezclados en una salsa que hacía llorar con mirarlas. Muchas veces incluso, utilizó guantes para que la salsa no se le metiera debajo de las uñas y lo quemara. En todos acabó (los que pudo dar más de un bocado, y en los que no también) llorando y con unos morros más dignos de Carmen de Mairena que de una persona normal. En algunos incluso le prohibían beber leche (si no lo sabéis, la leche baja el picante) teniendo que hacerlo del tirón.

Ahí le tienen, un aumento de morros sin pasar por cirugía.

 

El color de la salsa solo ya es dolor

Como premios, aparte del orgullo de ser tan animal, casi siempre una camiseta conmemorativa, una foto para la pared de la fama, o de la vergüenza si fracasaba, y en algunos,  la cena gratis si te la terminabas.

Durante estas tres temporadas el resultado fue  de  36 victorias para el hombre y de 22 para la comida.

Después de tres temporadas y crecer a lo ancho de forma brutal, para la cuarta temporada, dejo el reto a personas del lugar en  vez de enfrentarse él personalmente, debido a los problemas que le estaba llevando seguir la “dieta blanda” de cada programa. Fue en la única en la que la comida venció al hombre por un resultado de 11 a 16.

El programa está magníficamente documentado en el propio blog que tiene la cadena, en  el cual te indican los sitios que han visitado, fotos, entrevistas, de todo un poco para aumentar el show.

Aunque Adam Richman dijo que no podía más, (normal después de los atracones que se metía), realizó otro programa de corte similar llamado “Adam Richman en busca del mejor bocadillo de América”.

Aquí si se puede decir eso de: Se ha comido al cámara, al de sonido, al productor...

Y bueno esto es todo por hoy. Para la semana que viene aún no se que hacer, así que acepto ideas.

Hasta la próxima.