Publicado el 21 de Enero del 2014 por Germánico en Ludoteca
Jugando que es Gerundio: Pandemia.

5/5

Calo mis gafas mientras leo unos documentos que uno de mis compañeros me ha traído desde un centro de investigación situado en Hong Kong y que contiene información relevante sobre una cepa que asola toda América del Sur; vuelvo mi mirada al microoscopio. Bajo la platina, coloco una muestra sobre ella y trato de enfocar con el objetivo de x10. Subo el condensador, abro el diafragma… necesito algo más de luz. Mientras repaso la muestra creo ver algo que llama mi atención, allá, en un rinconcito.  El objetivo de x10 se me queda corto y busco la máxima resolución.

Me froto los ojos, cansados bajo la presión de una lucha contrareloj. Releo los resultados de una batería bioquímica y tecleo algo en mi ordenador. Allí debe estar la clave, y podría ser…

¡Eureka, frikis míos, encontré la cura a la Pandemia!

Esto es Pandemia, un juego en que tomaremos el papel de unos científicos (médico, genetista, especialista en cuarentenas, planificador de contigencias, …) que intentarán con todos los medios disponibles y a su alcance, evitar que cuatro terribles enfermedades se esparzan por el planeta como una plaga apocaliptica.

Para conseguir su propósito, los jugadores cuentan con un número de acciones a realizar cada turno. Entre esas acciones se encuentra quitar enfermedades de una ciudad (una acción por cada cubo, al menos en principio), crear un centro de investigación, moverse de un lado a otro, intercambiar información (cartas) con otros jugadores…

Como buen juego cooperativo, la coordinación entre todos los jugadores es más que fundamental y necesaria. Si ya con buena predisposición entre todos es difícil conseguir una victoria (todavía no la hemos catado, pero ya lo haremos, ya), imagináos si cada uno va a su bola. Un desastre, por supuesto, más que nada porque al final de cada turno nuevos infectados llegarán a las ciudades, y podrá haber brotes, que contagiarán a ciudades vecinas, y si se acaban cubitos de enfermedad, se termina: morimos todos. Y si no se acaban los cubitos, con 7 brotes se acaba la partida, claro, y también moriremos envueltos entre pústulas sangrantes, delirios y terribles dolores.

Entonces, qué hay que hacer, ¿quitar cubos de enfermedad? Pues no, frikis míos, también tenemos que conseguir 5 cartas del mismo color, irnos al centro de investigación más cercano y encontrar una cura para esa enfermedad. Porque si tenemos cura, más fácilmente la quitamos del mapa, incluso podríamos llegar a erradicarla. Con las cuatro curas a nuestro haber, ganaríamos la partida.

En fin, frikis míos, este juego de Matt Leacock, editado en España por Homoludicus, es una verdadera delicia: es divertido dentro de esa presión que sienten los jugadores cuando ven que las enfermedades se propagan y que la cosa va de mal en peor. La victoria parece imposible, pero aún así a pesar de perder uno queda satisfecho al final, buscando nuevas estrategias que poder seguir en la siguiente partida.

El único fallo es que al principio podemos liarnos un poco con las reglas; sin embargo, tras una media partida de prueba estarán más que entendidas y nosotros estaremos listos para volver al campo a darlo todo. Además, es un juego fácil y rápido de montar, de duración relativamente corta (entre 45 minutos y una hora) y algo distinto de lo que normalmente estamos acostumbrados.

No sólo eso, el propio diseño del juego, aunque sencillo, es bastante interesante y por lo que he podido ver, de buena calidad.

En fin, preparad la citocentrífuga, poneos una buena bata blanca, unos guantes de látex, mascarilla y preparaos porque nadie está a salvo…