Publicado el 23 de Enero del 2014 por Capitan_Melenas en Cómic
Archer and Armstrong: Valiant y su lado gamberro

Valiant sigue creando adeptos. El remozado de la editorial ha generado un aluvión de críticas positivas y toneladas de seguidores a las propuestas de una marca que viene dispuesta a hacerse con un trozo del pastel del convulso mercado del cómic USA. Hace unas semanas os hablaba de lo bien que les había quedado la puesta a punto de X-O Manowar, uno de los clásicos de la antigua Valiant. Hoy toca una revisión de otro de los títulos que vienen fuertes desde el otro lado del atlántico, donde no hay medio que esconda su entusiasmo por esta colección.

La familia que se zurra unida...

Una de las cosas buenas que tiene Valiant es que presenta un universo cohesionado, pero al mismo tiempo juega con géneros diferentes, con cuidado especial en ofrecer propuestas que, sin ser un antes y un después en la historia del cómic, sí que resultan novedosas y brillantes entre tanta repetición y cliché. Por eso, esta colección era necesaria en el universo Valiant, sátira que se mueve entre el humor cínico y despiadado y la acción a raudales. Traducción: Entretenimiento 100%.

Vamos con un poco de sinopsis, que siempre viene bien. Obadiah Archer es un joven bastante talentoso, que ha sido criado por su amorosos padres en un ambiente de rancio radicalismo religioso. En un parque de atracciones dedicado, entre otras lindezas, a reírse de la evolución. Todo muy sano.

Obadiah se ha entrenado toda su vida con un objetivo claro. Enfrentarse a Aquel Que No Debe Ser Nombrado, y no, no es Voldemort. Según la secta que lo ha entrenado, se trata de un ser maligno e impío, demonio inmortal que impide con su sola presencia el alzamiento de la humanidad. Lo que ocurre es que, cuando el bueno de Obie se encuentre por primera vez con la bestia mítica que ha de asesinar, verá que se trata de un tipo que lleva por el mundo unos diez mil años, juerguista, bonachón y pendenciero que se hace llamar Armstrong, eje central de una conspiración a nivel mundial que se empezó a fraguar en los albores de la civilización. Es evidente que el mundo de Obie se tambalea. Ve como se resquebrajan los pilares sobre los que ha sustentado su fe y su forma de vida, y que las amables y desquiciadas gentes que le prepararon para la confrontación definitiva no son quienes dicen ser. Archer y Armastrong se ven envueltos en una lucha milenaria por el control de El Don, un artefacto capaz de convertir al común de los humanos en algo parecido a un dios.

Los diseños de David Aja

Y eso es lo que da de sí la historia, a grandes rasgos. Lo que pasa es que, entre medias, tenemos monjas ninja, secretos renacentistas que ríase de Dan Brown (Que, por cierto, se lleva lo suyo), sectas satánicas de Wall Street, nazis tibetanos y la posibilidad de que la vida en la tierra desaparezca de un plumazo por la ambición y codicia de un puñado de fanáticos.

Un no parar.

Al ritmo trepidante que imprime Fred Van Lente a su historia, se le une la nada amable crítica a la cerrazón mental que produce el pensamiento único, la opresión absurda que ejerce la fe ciega, y de como se usa la religión como arma de unos pocos para conseguir unos objetivos más bien poco espirituales. Sin filtro y con mucha mala leche, pero con un toque de humanismo de fondo que da sentido al desbarre.

El dibujo está en manos de Claiton Henry, un tipo capaz y dinámico, que sin grandes aspavientos consigue segur la sucesión imparable de acontecimientos, y que se defiende muy bien en una acción tan física. A partir de los diseños del enorme David Aja, construye un mundo propio a medio camino entre la película de Bruce Lee y la novela de misterio histórico (si la novela de misterio histórico tuviese un puntito de mala leche, claro). En la parte final me daba la impresión de que estaba viendo una versión desquiciada (aún más) de “Golpe en la Pequeña China”.

A ver si nos damos prisa en partir la cara a estos, que hay oferta en botellines

Un cómic divertido, sí, pero que esconde algo más. Parte de la tradición de las películas de colegas que tanto triunfaron en los 80, donde dos tipos que no tienen nada que ver son forzados por lo inevitable de la situación a ser compañeros. Se crean vínculos, y el intercambio de puntos de vista marca el futuro de una amistad en constante tensión. Es una fórmula que funciona, precisamente por una simpleza que abre un millón de posibilidades. Y eso es lo que veo en este primer arco argumental, la posibilidad de futuro, la promesa que se esconde en el horizonte de esta colección, que seguirá dando que hablar. A pesar de que este primer encontronazo es un tanto acelerado, y hay mil cosas por explicar. El juego está en marcha, y la lucha con la secta, la única y poderosa que domina a todas las demás, no ha hecho más que empezar. El poder absoluto, nada más y nada menos, es lo que está en juego.

Y no hay premio de consolación para el perdedor.

@SantiagoNeg

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