Publicado el 23 de Enero del 2014 por Germánico en Libros
Hablemos de Libros: No Existen los Monstruos.

Porque no sólo de Zombies vive el hombre, frikis míos, y Víctor Blázquez no iba a ser menos. Después de dejar a un lado a algunos de los supervivientes de Castle Hill rodeados de podridos que buscan devorar sus huesos en la saga de El Cuarto Jinete (tendremos triología!!), la Editorial Dolmen deja de nuevo a Blázquez solo ante el peligro, ante el lector, ante nosotros, para que disfrutemos de una novela en la que habla, entre otras, de cosas. Cosas… Nazis.

Y es que en esta ocasión viajamos a la Checoslovaquia de 1942, cuando los nazis acampaban casi a sus anchas por toda Europa. Por aquellas fechas, los Aliados urden un plan para poner en jaque al Reich, con la intención de desestabilizarlo y poder así, quizá, asestar un golpe mortal (Operación Antropoide). Para ello cuentan con siete hombres de origen checo, y contactos de la resistencia en Praga.

Hasta aquí todo parece relativamente normal: hechos basados en la Historia del lugar (más o menos maquillados), nazis, checos, Reinhardt Heydrich, Praga… Pero no podría ser suficiente. Así pues, con el grupo de siete héroes viaja un octavo pasajero: Alien. No, no es Alien, sino un americano misterioso llamado Sean Cassidy del que nada saben, ni siquiera para qué diablos va hasta Praga.

Mientras preparan el atentado con el que se ganarán un huequecito en la Historia de su patria, una serie de extraños y horribles crímenes se extiende por la capital checa y parece ser que sólo un hombre podrá dar con el asesino, un cazador. El americano.

Hasta aquí puedo leer.

El Miedo puede cambiar la historia.

Víctor Blázquez mejora a pasos agigantados con cada novela, parece afilar su pluma cada día un poquito más y carga la tinta de horrores más allá de nuestra propia comprensión. La historia es rápida, frenética, avasalladora. Sentimos el miedo el fracaso que sienten los soldados en misión especial, la crueldad de los asesinatos y también de los nazis. Los miedos del pueblo y del propio Sean se tornan en nuestros miedos; la seguridad de la victoria es nuestra seguridad; la duda es nuestra perdición. Porque parece que el lema de Blázquez es: si vamos a pensar locuras, si vamos a sumergirnos en el frenetismo y la crueldad de la guerra, hagámoslo a lo grande.

La agilidad de la novela (que consigue que la devoremos en una tarde si nos ponemos a ello, porque engancha) le da un estilo cinematográfico a algunas escenas y nos hace imaginarnos unas secuencias que bien podría salir de clásicos del celuloide como “La Gran Evasión” o “Los 12 del Patíbulo“. De hecho, yo mismo, en ese grupo que formaba la operación Antropoide veía a Charles Bronson, Clint Walker, Telly Savallas, Lee Marvin y me imaginaba a un Heydrich interpretado por Eastwood. Como americano, pues por ejemplo a Steve McQueen, por poner a alguien.

La ambientación es exquisita y cuidada al igual que la información histórica que nos muestra. Maquillada, como ya dije y adornada con detalles que salen directos de su propia cabeza, como él no deja de aclarar en los agradecimientos, pero igualmente conseguida y bien transmitida al lector. Y qué decir de los personajes: personalidades, sentimientos y miedos tan bien conjugados que parecen salirse del libro. Entre mis favoritos (Además de la buenorra de Rela y el curioso americano) están Wladimir (jodidamente épico y enorme, lo mejor de lo mejor sin ninguna duda), Jan Kubis (jefe de la operación Antropoide), Valcik (este es amor) y el odioso (cómo se las apaña nuestro querido Blázquez para que le cojamos asco a un personaje con su sola presencia, oiga) Karel Curda.

Por otra parte quiero mencionar (porque son dignas de mención, en serio) las escenas de sexo tórrido y apasionado con las que nos encontramos (ya me gustaría a mí haber conocido a Rela) son tan… mmmm… ¿cómo decirlo? ¿elocuentes?… que tuve que abrir una ventana para que entrara algo de fresco.

Y llegamos al final: Sublime, duro y real. Nos deja con el libro entre las manos mientras un escalofría recorre nuestra columna y nos evadimos a otros lugares y otros tiempos; nos hace plantearnos aquella máxima de “No Existen los Monstruos“, porque  a veces, nosotros mismos somos los Cuatro Jinetes del Apocalipsis. Y no sólo somos cuatro, somos 7000 millones de posibles jinetes.

En fin, frikis míos, que esta especie de thriller histórico es más que recomendable. Su ritmo frenético, su propio campo gravitatorio que nos atrae hasta el fondo de sus páginas hace de No Existen los Montruos una novela deliciosa y exquisita digna de devorar.

Y si cuentas hasta 10, desaparecerá.