Publicado el 4 de Febrero del 2014 por Capitan_Melenas en Cómic
Batman Año dos: El tortuoso camino del héroe

A mediados de la década de los 80, el mundo del cómic americano replanteaba las señas de identidad que habían sustentado sus mitos en los pasados 50 años. La generación que había crecido con las aventuras de los enmascarados de Marvel y DC pedían a gritos que el mercado evolucionase a un punto más adulto, maduro y cercano a la realidad. Durante aquellos años salen a la luz obras fundamentales que cambiarían la concepción del cómic como mero entretenimiento, ya que ofrecían un análisis más profundo de las motivaciones y neurosis que pueden llevar a estos personajes a esconderse tras una máscara y combatir el mal. Watchmen daba la vuelta a todos los supuestos que conforman el género, gracias a la épica psicológica y destructiva con la que Alan Morre ha tratado el medio siempre que ha tenido la oportunidad. Pero si hay que hablar de un autor que diese con la fórmula del cambio en las dos grandes editoriales, no queda más remedio que hablar de Frank Miller. Miller es, quizá, el creativo completo más importante que ha pisado una editorial de cómic en la historia del arte secuencial, con permiso del maestro Will Eisner. Tanto a nivel narrativo como artístico, su influencia es incuestionable en la evolución del medio. Pocos han tenido inteligencia , sensibilidad y capacidad de síntesis (y de generar polémica, pero ese es otro tema) como la que ha mostrado Miller a lo largo de su carrera, armado de un estilo propio como creador de historias. Aunque en los últimos años se ha transformado en un reaccionario de cuidado, sumido en un eterno trauma post 11S.

Batman en plan Dirty Harry.

Batman en plan Dirty Harry.

En especial, Batman ha sido para el dibujante y guionista un campo de experimentación que le ha dado muchas alegrías. Empezó por la puerta grande, gracias a su monumental trabajo en “Batman: El regreso del señor de la noche”, una de las piezas más redondas del noveno arte, con tantas capas de lectura que se podría escribir una tesis doctoral sobre su trascendencia (Madre mía, me temo que hoy estoy sentencioso de más, pero creo que no voy desencaminado en las perlas que hoy suelto). No me extenderé mucho en la grandeza que contienen las páginas de esta maravilla, pero sirvió para que el estilo de Miller quedase en la memoria del lector de cómics como uno de los más impactantes, agudos y afilados dentro del fabuloso arte de contar historias en viñetas. No dejaba títere con cabeza, marcaba algunos de los temas recurrentes que aparecerían a lo largo de toda su carrera, y su brutal estilo de dibujo nos regalaba el Batman más agresivo, rompedor y oscuro que habíamos visto en todos los años de existencia del personaje. La mezcla perfecta entre el mazacote de mandíbula cuadrada de los años 40 y 50 con el estilizado señor de las sombras de Neal Adams, pasado por el filtro del propio Miller, que llevaba esas influencias a su propio terreno de manera brillante.Y pensar que hubo un tiempo en el que se hablaba de una versión en celuloide de esta historia protagonizada por Clint Eastwood…

Lo que se ha perdido el mundo. Nos vamos a tener que conformar con Affleck.

Nadie queda indiferente ante las proporciones legendarias que el Batman de Miller alcanza, y muchos menos los señores de los despachos de DC. Coincide este éxito, además, con la intención por parte de la editorial de remozar a los personajes más representativos de la casa. Superman y Wonder Woman empezarían sus etapas más recordadas, pero con Batman había algunos problemas. De hecho, es la misma piedra con la que han tropezado en DC tantos años después en su nuevo universo. ¿De verdad hace falta una puesta a punto del hombre murciélago?

 A diferencia de otros iconos desgastados por el paso del tiempo, Batman aguantaba el tipo, gracias, sobre todo, a las diferentes lecturas que un personaje tan complejo presentaba. Del aventurero pulp, al oscuro vigilante, pasando por el bufonesco humor de su versión televisiva, muchas son las caras que el Cruzado de la capa ha presentado a lo largo de su historia. Su origen, violento y crucial, no requería grandes reformas, y el canon oficial en esa época era el siniestro justiciero que Neal Adamshabía recuperado en su etapa de los años 70.

Las portadas de McFalane son así de potentes

Las portadas de McFalane son así de potentes

La tarea de colocar a Batman en un entorno moderno y cercano para el lector de finales del siglo XX se transformaba en una tarea llena de riesgos. Y si alguien sabe lo que es tomar riesgos es Frank Miller. En sus manos recayó este monstruoso proyecto, respaldado por su triunfo con “El regreso del Caballero Oscuro”. Lo curioso es que renunció a la parte artística, y formó equipo con David Mazzucchelli, combo legendario que escribió con oro su nombre en el mundo viñeta gracias a este “Año Uno” y la historia de Daredevil más celebrada y aplaudida, “Born Again” (por favor, se me levanta y se me cuadran, caballeros y señoritas. Respeto).

Tampoco me centro en ese Año 1, ya dedicaremos tiempo a esta obra referencial y definitiva. Hoy nos trasladamos a 1987, con el presente de Batman reinventado por la magia de Miller y Mazzucelli. Más humano y producto de sus propios fantasmas, mantenía de todas formas el aura de ser de la oscuridad, implacable y poco dado a ingeniosos juegos de palabras o chascarrillos. Ocurría que, curiosamente, la línea editorial impuesta por los autores de Detective Comics era diametralmente distinta. Mike W. Barr a los guiones y Alan Davis a los lápices, ofrecían unas aventuras de Batman que recordaban ligeramente al espíritu de los años 50. Argumentos entre lo bizarro y lo grotesco,  cargado de un extraño sentido del humor que rompía los moldes del cinismo y negrura que imponían los tiempos, Barr rendía sentido homenaje a aquellos cómics con los que creció. El ágil y vital estilo de Davis se adaptaba como un guante al dinamismo que requerían los intensos guiones del escritor americano. Estas aventuras han sido recopiladas hace unos meses por ECC en un tomo llamado “Mi principio…y mi probable fin”, y dimos cuenta de ello con la correspondiente reseña en ésta vuestra página favorita (Si no es así, os mando a mis esbirros disfrazados de muflón, que estoy muy loco).

Pero con todo el mundo en pleno babeo por la carga emocional que Miller había incrustado para siempre en la esencia del personaje, las historias que Barr Y Davis defendían en su colección, desconcertaban a unos lectores que pedían un tratamiento similar al que Año Uno manejaba. No podía ser de otra forma, la propia editorial encargó una secuela de la recreación del origen de Batman perpetrado por Miller, con la intención de que Detective Comics entrase en esa dinámica realista y cruda a la que se encaminaba el cómic americano. “Año Dos” había nacido.

Barr continúa la trama un tiempo después del final de Año Uno (calcado por Nolan para el final de “Batman Begins”, entre otras muchas cosas, por cierto). La ciudad aún no se fía de la presencia del vigilante, ni de su colaboración con el cuerpo de policía de Gotham. Pero si Batman resulta perturbador, lo es más el regreso de otro justiciero con métodos expeditivos y salvajes, propios de un fanático peligroso. El Segador deja a su paso un reguero de cadáveres, y el héroe tendrá que renunciar a sus más férreos principios si quiere vencer a un enemigo tan obcecado.

Será por capa, colega

Será por capa, colega

Barr ahonda en las profundas heridas en el alma de Bruce Wayne, amplificadas por un forzoso regreso al pasado al encontrar cara a cara al asesino de sus padres. Cambia completamente el tono burlón y surrealista de la colección, y entra sin miedo en la pesadilla urbana que Miller plasmó en su Gotham City. Los oscuros callejones y los bajos fondos se transforman en el  hábitat natural de nuestro atribulado héroe. Su enfrentamiento con El Segador deja en evidencia, además, la humanidad del hombre tras la máscara, que sangra y sufre, se ve acorralado por un enemigo tan hábil como él, pero con menos escrúpulos y dispuesto a derramar sangre. Wayne se ve arrastrado incluso al uso de armas de fuego, algo que se había auto impuesto como línea roja infranqueable en su cruzada. Un arma que se convierte en el leit motiv de una historia amarga, en la que Bruce Wayne aprende a la fuerza lecciones sobre el peso de las decisiones, y los límites morales de la misión que cargó a sus espaldas ante la tumba de sus padres.

Alan Davis es siempre eficaz, refrescante y trabajador. Siempre digo lo mismo cuando hablo de este dibujante, pero es que creo firmemente que Davis nació para dibujar superhéroes. En este trabajo, renuncia de manera brillante a su habitual trazo ágil y luminoso, y se adapta sin problemas a la oscuridad que impera en la narración. Todo eso sin perder una pizca de personalidad, implicado en un honesto homenaje a Neal Adams y Jim Aparo, dos de los “culpables” del aspecto del Batman que prima en la imaginación de los lectores más veteranos. Por desgracia, sólo podemos disfrutar del inmenso talento de Davis un número, porque dejó a los señores de DC bien tirados después de un sonoro puñetazo en la mesa. El genio, normalmente, viene acompañado del perfeccionismo, lo que llevó al dibujante a abandonar la serie, y la editorial, tras una serie de decisiones por parte de DC sobre el acabado de ciertos detalles  que no terminaron de convencer al artista.

El elegido como sustituto, Todd Mcfarlane (he escuchado tantos aplausos como pedorretas, tíos). El que en pocos años sería punta de lanza de la generación de estrellas de los lápices más rebelde que ha tenido la industria, aquí daba los pasos definitivos para certificar su estatus de niño bonito del cómic. Ya había realizado grandes trabajos para DC, como Infinity INC (¿Recopilarán algún día esa colección? A mí me encantaba), pero en “Batman Año dos” se cubría de gloria, gracias a un personaje que se adaptaba de manera casi orgánica al oscuro y grueso estilo de McFarlaine. Ni que decir tiene que, ya entonces, tenía un problema con la longitud de las capas de sus personajes, y con las leyes de la física. Por lo menos en Spawn servía la escusa de la capa era mágica…

Así se las gasta El Segador

Así se las gasta El Segador

Quitando chascarrillos, lo cierto es que el bueno de Todd está a la altura, y tiene momentos realmente brillantes. Añadimos que las portadas que realizó para la colección son especialmente bonitas, y perdonamos todos sus excesos, que son muchos.

Davis respiró hondo, y firmó la tregua con DC años después, lo que se tradujo en una nueva incursión en el mundo de Batman, de nuevo con Mike W. Barr como capitán del barco. “Batman: Full circle”, continuaba la historia de Año dos, y  veíamos por fin todo el potencial de Davis a los lápices en un momento tan crucial del personaje, en plena entrada de los años 90 y con la Batmanía coleando por el estreno de aquel lejano “Batman” de Tim Burton en 1989. Davis, a pesar de que en lo habitual se mueve en un espectro más colorido en su arte, muestra una comodidad pasmosa con el violento mundo del Batman post Miller. Un trabajo especial de un dibujante único, que encuentra en los sórdido del submundo criminal una excusa para un despliegue narrativo que deja con ganas de más.

Añadimos a la colección la historia corta “Última ronda en McSurley´s” y tenemos una buena muestra del trabajo de Alan Davis al frente de la colección en un cómodo tomo. Quizá no sea tan brillante como la obra maestra que es Año Uno. Está muy lejos, sobre todo en lo literario, del increíble trabajo como escritor de Frank Miller. Barr es un perro viejo que se mueve por derroteros mucho más clásicos y reconocibles, pero no renuncia a dar empaque a esa psique tambaleante que se ha convertido en recurrente con el paso de los años para el tratamiento del personaje. Pero es una época especial, de cambios y leyendas reescritas que convirtieron a Batman en un icono para una generación que aprendía a ver el cómic como algo mucho más complejo que un entretenimiento para adolescentes (asunto que ha traído cola, polémicas y ríos de tinta, por supuesto). Y, sobre todo, es una oportunidad única de disfrutar de la genialidad de Alan Davis y de las primeras idas de pelota de un Todd Mcfalane que ya prometía, para lo bueno y para lo malo.

Batmaniacos, aquí está vuestra cita con la historia de este mes. Disfrutadla.

@SantiagoNeg