Publicado el 14 de Febrero del 2014 por Capitan_Melenas en Cómic
[San Valentín 2014]: Amor en viñeta

Llegó el día, chavales y chavalas. Se celebra hoy el más estereotipado cliché acerca de las relaciones humanas, con alegría casi suicida. Vomitamos arco iris cabalgando en nuestro unicornio rosa a los brazos del amor, mientras en el centro comercial hacen caja. Sí, lo sé, soy un cínico descarnado, pero es que tengo muy claro mi posicionamiento vital ante tamaña majadería (Llorad, malditos). Y no es que mire hacia otro lado en esto de las relaciones humanas, pero es que la clase de amor que se vende tal día como hoy me parece insultante. Quiero decir, que es, posiblemente, el sentimiento universal por excelencia, y se han dedicado canciones, relatos películas o cualquier otro medio de expresión artística a millones. Tanto, que parece un tanto carcomido gracias a la estupidez infantiloide con el que habitualmente se trata el tema. Porque hoy se ventila el asunto con una canción de Cali y el Dandee. Estamos jodidos como especie.

Por suerte, hay autores que entienden que esto del amor es algo más que la memez habitual de corazoncitos rosas y frases glucémicas. Se encargan de demostrar que en eso de amar hay tantos caminos como personas. Así consigue este maltratado sentimiento estar en lo más alto de las prioridades humanas, a pesar de su trivialización simiesca a los Mujeres, Hombres y Viceversa y otras demostraciones de vergüenza ajena.

Como mi mundo habitual es la viñeta, allí es a donde dirijo vuestras miradas, y os traigo unas cuantas obras que nos regalan un tratamiento más complejo, hermoso y trabajado que la consabida nada que el día de hoy trae bajo el brazo. Porque el amor no es siempre una bolsa de chuches, nenes.

STRANGERS IN PARADISE

Triángulo amoroso, una cosa tope sana, y tal

Triángulo amoroso, una cosa tope sana, y tal

La obra maestra de Terry Moore es un canto a la complejidad de las emociones humanas, y que las cosas son mucho más bonitas e inabarcables de lo que los clichés y la norma imponen como único. La historia se sustenta en los pilares básicos de la comedia coral, una simple trama de amistad y triángulo amoroso. Pero si fuese eso nada más, no se habría alzado a lo más alto de la historia del cómic independiente americano. A la fórmula se añaden con el tiempo los corazones rotos, el peso de las decisiones, los fantasmas del pasado, la venganza y todas las clases posibles de combinaciones amorosas, sin miedo y sin prejuicios. La naturalidad aplastante de sus personajes son el  auténtico triunfo de la serie, gracias al excelente trabajo de construcción de su autor.

Los personajes femeninos de Moore son marca de la casa, capaces de lo mejor y de lo peor. Confundidas, ardientes, dulces, peligrosas, entrañables y reales… personas, en definitiva, con sus cosas buenas y malas.

David quiere a la explosiva Katchoo. Pero Katchoo se enamora de la dulce Francine. Francine ve que su mundo se tambalea ante un millón de decisiones.

Simple, ¿Verdad? Pues es nada más que el principio.

BLANKETS

Hay obras que quedan grabadas a fuego en la historia personal de cada uno. Por su calidad, por el momento en el que te topas con ella, por su forma de acercarse a tu propia realidad y la manera especial con la que el autor juega con cosas cercanas, emotivas y universales. Blankets es una de esas maravillas. Que también parte de algo tan sencillo y reconocible que cualquiera se puede ver reflejado en sus páginas. Crecer.

Blankets habla de la niñez, de la adolescencia, del paso a la edad adulta, de lo que vamos dejando por el camino. Craig Thompson se arma de ingenuidad melancólica para un viaje por su propio pasado. No es nada especial, sólo una historia, mínima, de cualquier chico que crece en una comunidad tan cerrada como bien intencionada. Pero Thompson viste su narración de belleza casi naif, tan hermosa como los primeros copos de nieve del invierno, con la calidez del fuego de la chimenea en una noche de helada.

Amor de adolescencia...

Amor de adolescencia

Blankets tiene tantas lecturas que reducir la experiencia a una historia de amor es reduccionista y triste. Es mucho más, es la vida, con todos sus matices de gris. Pero es evidente que, en ese camino a la edad adulta del protagonista, es inevitable el encontronazo con el primer amor. La curiosidad, el descubrimiento, el escarceo con lo prohibido, la confusión, la sustitución de presupuestos mentales por un mundo mucho más complicado de lo que hasta ese momento has imaginado. El paquete completo de alegrías y preguntas sin respuesta de los primeros besos. Y, claro está, la pérdida, la reconstrucción del yo después del fracaso, la añoranza, la culpa…

Contado de manera sincera, sin tapujos, desde la perspectiva del tiempo y la reflexión, Blankets es tan bello como doloroso. Casi tanto como enamorarse.

LA COSA DEL PANTANO DE ALAN MOORE (1983 a 1987)

Alan Moore consiguió que todo el mundo posase sus ojos sobre la Cosa del Pantano a principios de los 80. Empezaba la invasión británica, que cambiaría para siempre los quebrados principios del cómic USA. En esta colección, Moore dinamitaba las reglas sobre lo que se esperaba de un cómic de terror al uso, y convirtió la cabecera en un campo de experimentación donde juega a sus anchas con el cuento gótico y el pulp del que bebía la serie original, en deliciosa mezcla con las inquietudes políticas, sociales y personales del genio de Nothampton.

La Cosa del Pantano se ganó a pulso el sobretítulo de “para adultos”. Pero creo que por algo más que las complejas tramas y la base de cuento de terror que servía de punto de partida a la enorme saga que Moore construyó con el mosntruo de DC. Entre otros aciertos, el escritor proponía unas relaciones llenas de matices entre sus personajes, intensidad emocional que escapaba a los romances comunes de la mayoría del cómic comercial americano. Amores enfermizos, extraños, impuros, difíciles, obsesivos… todo un compendio acerca de la oscuridad que el ser humano alberga en los más profundos sótanos de la mente.

Si había un punto de encuentro entre lector y autor es la relación que Moore establecía entre la criatura y Abby, una mujer en apariencia normal, pero que carga sobre sus hombros más de lo que cualquier mortal debería soportar. Una relación que ahonda en la soledad de ambos personajes, el camino lleno de pérdida que han recorrido. Lo que comienza como una amistad, evoluciona en un amor que trasciende las barreras de lo físico, y entra de lleno en el camino espiritual de comunión mística que deja en evidencia las limitaciones del amor y el sexo dentro de los parámetros de lo común. Moore, obsesionado con la magia y la psicodelia, construyó la relación a la imagen y semejanza de sus extravagantes ideas, dando forma a una pareja que incluso hoy día, tantos años después, sigue dando que hablar. Pasión con aires de tragedia, Moore es feliz en la diferencia, especialista en romper moldes.

En el pantano el amor es extraño

En el pantano el amor es extraño

Hablar de esta etapa de La Cosa del Pantano es obligado cuando se trata de la importante evolución del medio en aquellos primeros 80, en todos los sentidos. Moore fue gran artífice de cambios y, aunque a veces da la sensación de frío e implacable con sus personajes, en esta serie demuestra que tiene su corazoncillo. Además la profundidad con la que viste a Abby es de antología, obra de un tipo que fue de los primeros en criticar la escasa presencia de los conceptos femeninos en el cómic comercial. Desde luego, dejó las cosas claras sobre como ha de ser un personaje con fuerza, contradicciones, carisma, y todas esas piezas que hacen un carácter redondo e inolvidable.

SAGA

Ya hablamos hace unos meses del aplaudido retorno de Brian K. Vaughan al mundo del cómic. Cansado de su periplo televisivo, al frente del equipo de guionistas de Lost (y no, no tuvo nada que ver con el final de la serie, tragad la bilis), decidió que era hora de un nuevo paseo por el medio en el que se siente más cómodo, el de la viñeta. Para tal evento, se ha montado una saga espacial monumental, explosión de fantasía e imaginación que no se veía desde la creación de una galaxia viva como la de Star Wars. Razas imposibles, guerras interminables, persecución galáctica y un despliegue de ideas adictivo y entrañable.

Aparte de la impresionante aventura cósmica, el esqueleto de la serie es mucho más simple, para variar, y gracias a esa simpleza aparente se construye una epopeya que bebe de los grandes relatos más grandes que la vida, con el puntito de modernidad que la pone en el candelero.

Si hay algo que me saca de quicio de San Valentín es la infantilización tardo adolescente que se respira. Parece que el amor se traduce en parecer retromonguer cual adicto al pegamento. Y no.

Por eso Vaughan construye una relación extraña y desquiciada, sí, pero también madura, en la que los dos miembros son responsables de sus actos, aceptan las consecuencias de las decisiones que toman, y mantienen un lazo inquebrantable a pesar del lío mayúsculo en el que se meten cuando se enamoran. Romeo y Julieta, pero a lo bestia y en espacial. La cosa se complica cuando, para más leña al fuego, tienen un retoño. Media galaxia pide su cabeza, claro está.

Si crees que tu familia es rarita...

Si crees que tu familia es rarita...

Así que, por encima de romances de memez desatada, Vaughan habla sobre los lazos, la familia, el sentimiento de protección que te hace más fuerte que cualquier amenaza, cuando ves a los tuyos en peligro. Un amor maduro, lleno de encontronazos, discusiones, reconciliaciones y realidad, a pesar de las criaturas que pueblan el rico universo planteado por los autores. Cuenta, además, con el trabajo de Fiona Staples, de las creaciones gráficas más bonitas que he visto en viñeta a lo largo de mis años de lector.

En un mundo en el que los referentes de relación son “Crepúsculo” y su vampirismo tardo cristiano o la majadería para marujas de “50 sombras de Grey” (¿Nadie se ha dado cuenta de que el señor Grey es como Batman pero sin gracia?), obras de ficción como Saga son de necesidad cultural. Por el bien de la humanidad.

MATA A TU NOVIO

Vale, no he podido evitar que esta gamberrada suprema aparezca en un artículo de San Valentín. Os juro que mientras tecleo me río de manera maliciosa, porque estoy disfrutando como un loco destructivo (añadir Muajajajajajajajaja con la voz mental que os resulte más cómoda).

Mata a tu novio es la enésima declaración de principios de mi chiflado favorito, Grant Morrison, autorescoces, genio, maestro, alucinado y mil cosas más. Es la iconoclasta historia de dos rebeldes, a los que se la trae muy floja si tienen causa o no. Un amor torbellino que deja un reguero de cadáveres a su paso, porque el mundo importa un carajo.

San Valentín sangriento

San Valentín sangriento

Nos cuenta la historia de una chica de conducta modelo, pero asqueada de su mundo gris y de las predecibles perspectivas de futuro que se presentan. La aparición de un destructivo y novedoso referente masculino en forma de delincuente juvenil, hace que por fin explote de asco y emprenda una huida con su ardiente e impredecible amante.

Psicótica historia de amor en crudo, en el que estos modernos Bonny y Clyde se embarcan en una especie de salvaje road movie llena de descubrimiento y violencia. El sexo, las drogas, y el nihilismo llevado a sus últimas consecuencias dan forma a esta atípica historia de relaciones sacadas de quicio.

Con su prosa hiriente y poética, es la propia protagonista la que nos cuenta su historia, en un extenso flashbak, una vez Morrison ha dinamitado la cuarta pared y nos ha dado permiso para que disfrutemos maliciosamente con su “vale todo”.

Adolescentes al límite y personajes secundarios salidos de un ERE en un prostíbulo, pero amor de ese que duele, y mata.

Y esta es mi propuesta de este año. Porque el amor, las relaciones, el ser humano, es mucho más dificil en su definición que el estereotipado absurdo de las tartas en forma de corazones con ojos. Porque ahí fuera, en ese mundo de rosa, rojo, y angelitos mofletudos que lanzan flechas, sólo os quieren por el montante de vuestra tarjeta de crédito. Porque sé que esperas algo más que romanticismo de tres al cuarto.

Disfrutad