Publicado el 17 de Febrero del 2014 por Capitan_Melenas en Cine
[RETROCRÍTICAS]: Ginger Snaps

Seguimos con las retrocríticas dedicadas a esa cosa inevitable que le sucede a todo ser humano; Hacerse mayor, nenes y nenas, que no hay Peter Pan que valga. Y nadie dijo que fuese fácil, claro. Empezamos el ciclo con la tierna fábula vampírica”Déjame entrar”, una de las películas de más bella factura de los últimos tiempos. Así que continuamos nuestro viaje existencial de la mano de otro de los grandes monstruos clásicos; con todos ustedes, el hombre lobo.

Las hermanas Sister

Las hermanas Sister

Otra criatura que, gracias a la insustancialidad del neo romanticismo emo, también ha sufrido un deterioro en cuanto a fuerza de la naturaleza destructiva y reflejo de la parte animal e instintiva del ser humano. Ahora se forran carpetas con efebos ciclados de tres al cuarto, mientras la carga simbólica de nuestros mitos es prostituida para alimentar ardores de zona pélvica. Que pena…

Recuperamos con esta película, pues, el valor del licántropo como elemento de pesadillas primitivas, ancladas en el aspecto animal que todo ser humano lleva en su interior. Además, con adolescencia de por medio.

Ginger Snaps trata, sobre todo, de los cambios. inevitables, impredecibles y hasta violentos. Lo hace desde un prisma muy concreto, el de dos hermanas que pelean por ser diferentes dentro de una comunidad poco dada  a las extravagancias, cerrada y anclada en sus presupuestos de normalidad. Típico suburbio de superficialidad y apariencias, de familias de clase media engullidas por la rutina y el aburrimiento.

Las hermanas Ginger y Brigitte mantienen una lucha visible y vehemente contra la alienación a la que sucumben el resto de adolescentes de su edad, que sobreviven en un entorno tan gris gracias al escarceo con las drogas y las fantasías sexuales más o menos realizables. Ellas han decidido crear un minúsculo y personal culto a la muerte, obsesionadas con la idea del suicidio como única y razonable vía de escape a una vida previsible. Eso las convierte, por supuesto, en marginadas a todos los aspectos, tanto entre sus compañeros, sus escandalizados profesores y su familia, presos de esa estúpida felicidad forzada de esa clase de vecindarios donde todo el mundo conoce a todo el mundo. Ambas viven en un mundo propio, en negación absoluta de la realidad que las rodea, incluso de su propio cuerpo adolescente y hormonado.

Los problemas comienzan cuando una noche, en la que pretenden gastar una broma pesada a uno de los habituales acosadores, Ginger  es atacada por una extraña criatura. Comienza entonces un cambio más allá de lo razonable, tanto físico como interior, que conduce a Ginger a un estado cada vez más salvaje e incontrolable.

Ésta es una película especial. No es la séptima maravilla, ni cambiará la historia del cine. Incluso como película de terror tiene algunas cosas que impiden que sea una experiencia completa . Pero es un film que se merece un visionado por el punto de vista, y por una primer acto realmente bueno.

Ñam Ñam

Ñam Ñam

Ginger Snaps se esfuerza como narración en demostrar el absoluto grado de nulidad que rodea a las protagonistas, un ambiente tan normal y lineal que resulta hostil. La filosofía de existencialismo cutre que defienden las dos hermanas es tan lógica enmarcada dentro de ese desierto emocional que es normal que se aferren tanto a la idea de huida, aunque sea a través de la muerte.

Además, es una historia sobre chicas. Adolescentes. Que se transforman en bestias asesinas y sanguinarias con alegría vengativa. Es decir, ¿Cuantas historias sobre chicas adolescentes hay que no sean un cliché de princesas y brujas malvadas? Hay una eterna perpetuación de mitos alrededor de la pubertad femenina, normalmente escrita por tipos que jamás querrían ver crecer a sus hijas. Como dice una amiga mía, la industria del entretenimiento está hecha por penes y para penes (bueno, en realidad fue mucho más prosaica, pero os hacéis una idea). Los viajes iniciáticos con cierto componente sexual no nocivo están destinados a entes masculinos. Es así. Pero Ginger Snaps da un paso más allá. No muy enorme, pero sí reseñable.

Para empezar, el guión está en manos de una mujer, Karen Walton. Es decir, sabe lo que es ser adolescente desde el punto de vista femenino, y toda la basura que conlleva el discurso adulto al respecto. Y hay mucho de crítica a todo ese tabú condescendiente pasivo que se basa en el enervante “tu cuerpo va a sufrir cambios”. Todos los miedos tribales acerca de los ciclos femeninos se hacen más patentes cuando las dos protagonistas son una especie de versión siniestra de Peter Pan.

En ese estado de negación, llega el enfrentamiento entre las dos hermanas. La transformación de Ginger es algo más que la metamorfosis física. Algo en su interior explota, y la criatura de instintos que se hace fuerte en su cambiante biología pide ser satisfecha. Esto choca con todas las promesas fraternales y el modo de vida que había sustentado la vida de ambas. Aún así, Brigitte no pierde la esperanza y desea ayudar a su hermana para que vuelva a ser como antes. la pregunta es…¿Quiere Ginger volver atrás?¿Es la transformación o ha encontrado su sitio siendo una más?

Brigitte, la más alejada de la pequeña sociedad de instituto, empieza su propio viaje, su propio descubrimiento, empujada por la admiración y lealtad que siente hacia su hermana.Pero el cambio es inevitable, lo que deriva en la confrontación contra la bestia en que se ha transformado Ginger.

Ahí se establece un cambio que deja a la película un tanto coja respecto a la potente premisa inicial. Entra de lleno de en el cine de género con monstruo, renuncia al humor negro algo macarra que ha sustentado la cinta, y quizá peca de previsible. Tenemos el consabido baño de sangre, la tensión, el ambiente malsano y agobiante que se espera en esta clase de producciones, y un director, John Fawcett, que sin muchos alardes, quizá prisionero del presupuesto ajustado, hace un trabajo muy respetable, porque defiende su historia y su propuesta en cada plano, hasta las últimas consecuencias. Con sus aciertos y sus errores, todo hay que decirlo.

Chistes escatológicos y evidentes en 3,2,1...

Chistes escatológicos y evidentes en 3,2,1...

Pero mientras ha mantenido el tono gamberro y beligerante que ha dado consistencia a la primera parte de la película, Ginger Snaps está muy por encima de la media, por que es valiente, segura y directa.

El problema es que acaba por convertirse en un entretenimiento de fin de semana. Y queda como un fabuloso tiro al poste.

En todo caso, da una perspectiva atractiva sobre un periodo tan significativo en la vida de toda persona, base del adulto que un día se llega a ser (o excusa para quedarse anclado en los 16 años ad eternum para algunos, digo).

Un brutal canto a la diferencia, aunque sea a dentelladas.