Publicado el 20 de Febrero del 2014 por Capitan_Melenas en Cine
Robocop (2014): Sorpresa cibernética

Otra lección de eterno retorno, chicos y chicas. El remake se ha convertido en el bote salvavidas de las productoras de Hollywood, ancladas en una aparente crisis de ideas. Pero me parece a mí que esa es la eterna excusa para la apuesta sobre seguro, ya que los que dirigen los grandes estudios son  de amar el dolar más que el riesgo. Así que se saca del cajón de alarma cualquier cosa sobra la que se tengan los derechos, y a rodar. Ocurre que, con tal falta de amor por el producto final, los remakes se transforman en pesadillas conceptuales, innecesarios y cargantes.

Pero a veces, surgen excepciones que confirman la regla.

Busco a Sarah Connor

Busco a Sarah Connor

Aunque me temo que es casi inevitable, me gusta ver esta clase de película como un todo completo por encima de las odiosas comparaciones. Un ente con personalidad propia, a pesar del peso brutal que la idea primera tiene sobre el resultado final. Aún así, me gustaría ofrecer un par de pinceladas acerca del primer Robocop, el de 1987. Una película diferente, de la cual, como ocurre con casi todo el cine de Paul Verhoeven, diremos que no fue entendida por la mayoría de un público que se quedó en la anécdota de la ultraviolencia.  Hay más de un crítico que acusó a la cinta de ser una exaltación del estado policial, reducidas sus muchas lecturas a un ejercico reaccionario de la derecha americana. Lo que me lleva a pensar que estos críticos vieron la película con la nuca.

Robocop es todo lo contrario. Era una sátira hiriente y excesiva acerca de los residuos sociales que la era Reagan extendió por toda América, disfrazada de ultraviolencia autoconsciente y casi paródica. Los medios de comunicación y las corporaciones eran señaladas con el dedo acusador de Verhoeven como los grandes males de una sociedad enferma, armada de un poder visual impactante  y excesivo, y con una habilidad narrativa de primer orden.

¿Queda algo de ese espíritu en la nueva Robocop? Sí y no. O sí, pero más suave.

Como digo, la sátira y el humor negro eran la tónica de la idea sobre la que se movía el primer Robocop. Si había una historia de hombre dentro de la máquina, era porque se necesitaba un punto de nexo para despertar alguna emoción en el espectador. La cosa es que, por lo demás, la máquina prevalecía sobre el hombre, a pesar de su conflicto interno.

En el nuevo Robocop, prima la idea contraria. El hombre dentro de la armadura está presente por encima de la frialdad electrónica. Las emociones humanas son la base de la narración, ya que el conflicto interno se plantea desde la prespectiva de Murphy, consciente de que es algo monstruoso, que su vida ya no volverá al punto de partida. Las relaciones con su familia y sus compañeros se ven afectadas de manera definitiva por su nueva naturaleza, y se plantea una curva de aceptación que no existía en la original (o sí, pero de manera mucho más velada y anecdótica).Llega un momento en que, efectivamente, es demasiado humano para las exigencias de sus creadores, y es entonces cuando estalla el conflicto real. El hombre y su libre albedrío contra la máquina y su programación es, en esencia, la clave que sirve como enganche a las diferentes subtramas que conforman el efectivo guión de la película.

Y ahora, rojos de mierda, un poco de información de la buena

Y ahora, rojos de mierda, un poco de información de la buena

Y es que, en el aspecto narrativo, Robocop es una agradable sorpresa, sobre todo en su primera parte. La escena introductoria en Oriente Medio es espectacular y relevante acerca del modelo bélico que se discute en la trama. La presentación de personajes es muy básica, pero efectiva, y queda claro que rol juega cada uno de los caracteres y su importancia para el desarrollo del conflicto. Hasta el último secundario tiene su razón de ser. El trabajo actoral es más que correcto, y tenemos a un recuperado Michael Keaton, al que tenía un poco perdida la pista. Es curioso que, siendo un actor de pronunciada vis cómica, tenga esa facilidad para hacer de despreciable escoria hijo de un chacal, papel que ha interpretado en varias ocasiones, y en el que me da la impresión de que se siente especialmente cómodo (Michael, tío, háztelo mirar). La presencia de Gary Oldman siempre es agradecida, aunque se está encasillando de manera peligrosa en el papel de sabio/protector/mentor. Me decís que en lugar de interpretar al doctor Norton, recupera el papel de Comisario Gordon, y cuela. El Robocop interpretado por Joel Kinnaman tiene una complejidad más notable que el deshumanizado tanque de la película del 87. Salvo en momentos puntuales, es consciente de su humanidad, y las emociones son más reales y reconocibles que las que mostraba el mazacote predecesor.

Una propuesta de este calibre no sería lo mismo sin la personalidad que imprime José Padilha. El director brasileño es uno de los tipos más prometedores de la escena mundial, y era evidente que, tarde o temprano, Hollywood llamaría a sus puertas. Padilha es brusco, sucio, realista, comprometido con su película, un planificador inteligente y arriesgado con sus puntos de vista y elecciones de plano. En las escenas de acción, vive con la cámara al hombro, nos sumerge de manera emocional en el conflicto, sentimos las balas silbar sobre nuestras cabezas. Su estilo, en esos momentos, está más cerca del documental que del cine convencional, y por eso su acción gana enteros, por encima de otros directores más pirotécnicos y efectistas, pero menos honestos. No renuncia a su idea de cine en ningún caso, sigue siendo el mismo tipo que rodó “Tropa de élite”, una de las películas más sinceras y brutales de los últimos años (y que si no habéis visto, ya estáis corriendo, gente). Aunque abandona el realismo crudo de las favelas brasileñas, Padihla confía tanto en su cine que aplica las mismas soluciones a la Detroit de ciencia ficción que exige esta película. Y el filme gana enteros en cada plano. No hay más que ver la escena introductoria de la que hablaba antes. Realismo sucio, polvo del desierto, y tensión a punto de explotar. Y todo eso con un ejército de soldados robot. Padhila no se corta por eso. Disfruta, y hace disfrutar.

Me gustan las cosas que hacen pum

Me gustan las cosas que hacen pum

Lo que ocurre es que, incluso a pesar de su marcada personalidad, es cierto que se le nota encorsetado por las exigencias del estudio. La violencia, aunque presente, es mucho más comedida de lo que se espera. La calificación por edades manda, me temo. Si bien la del Robocop del 87 era una alarde de salvajismo irreal, casi de cómic, consciente de su propio exceso, la violencia de este nuevo Robocop es domesticada y apta para todos los paladares. Pero, de nuevo, Padhila demuestra que es un tipo inteligente, y busca soluciones para que esa correa impuesta no sea tan notable y castrante.

sorprendente. Y para bien. Es lo mejor que puedo decir de esta película. Porque ofrece la misma historia desde otro punto de vista. Ni mejor ni peor que el original, diferente, con la inteligencia de poner en perspectiva para la sensibilidad del siglo XXI una idea que funcionó muy bien en el XX. Renuncia a la descarnada crítica de su original, a la mala leche contenida en cada uno de los fotogramas de la película de Verhoeven.

No quiere decir que el nuevo Robocop se envaina el contenido político. Lo hay, y muy directo. Es evidente que el blanco de su crítica no es el corporativismo y el capitalismo salvaje de la era Reagan, pero tiene mucho que decir sobre el modelo de defensa que se ha impuesto en Estados Unidos desde la administración Bush. Sin la parodia o el extraño sentido del humor del 87, Padhila (un director de fuertes convicciones, todo sea dicho de paso), pone sobre la mesa la realidad del ejército privado de Blackwater y el uso de drones tácticos en operaciones militares. Defiende la idea de que el componente humano es esencial para no perder el norte, a pesar de la corrrupción, los errores, la ineficacia, y todas las cosas malas que también significan humanidad. La manipulación informativa (Me pasé aterrorizado la película al imaginarme a Intereconomía con pasta gansa de verdad) y la apropiación miserable de lo que significa América perpetrada por un sector desquiciado de la derecha americana, también son la linea de discurso de una película que, aunque de manera más mansa, no ha olvidado el puñetazo en la cara que significó Robocop en su estreno a finales de la década de los 80. Aunque Samuel L. Jackson ya es bastante patada en las gónadas. Es de traca su papel.

¿Es mejor que la original, ya que nos ponemos a comparar? Pues el que diga que sí, lo mismo tiene argumento de peso para opinar de esa manera. Yo no lo creo. Me quedo con el espíritu más gamberro y salido de madre de la peli de Verhoven. Pero eso no quita que esta propuesta se sostenga como independiente, por su caracter propio, por su buen puñado de ideas llevadas a cabo con eficacia y sin hacer el ridículo. No se han dormido en los laureles con la idea de que ya estaba vendida. Sus creadores han sido capaces de insuflar personalidad a una película que, por mi parte, no era bien recibida. Pero pasa que a veces me equivoco.

Si todos los remakes fueran así, a lo mejor la industria no daba tanto asco.