Publicado el 27 de Febrero del 2014 por Capitan_Melenas en Libros
La casa de hojas: el hogar de la oscuridad

Bienvenidos a la casa de hojas.

Cuidado. La casa está viva. La casa es el hogar de la oscuridad, del horror, del vacío. Está más allá del bien o el mal; es el frío que anida en el corazón de una pesadilla. Es el monstruo que se oculta en el armario, la sombra que se dibuja en las paredes de tu habitación en las noches de tormenta. Es el concepto más alejado de aquello que llamamos vida.

Y vas a entrar, aunque no estés invitado.

La locura en letras

La locura en letras

La casa de hojas es la experiencia lectora más apasionante a la que me he visto empujado desde hace mucho tiempo. Empujado, sí. Porque ves el voluminoso libro en la estantería, y hay algo que te obliga a tenerlo entre las manos. La minimalista pero hipnótica portada sirve de primer paso hacia la locura que encierran sus 700 páginas. Estás a punto de cruzar el umbral. Puedes dejar el libro de nuevo sobre el estante. intentarás que el reflejo de la infinita escalera de caracol que adorna su cubierta se diluya en los encontronazos diarios con la vida real y la rutina. Pero algo se ha despertado en tu interior, algo se ha instalado en tu cerebro. Regresas a la librería, y te haces con tu ejemplar. Entonces, abres el libro. Giras el picaporte. Ya estás dentro de la casa.

Mark Z Danielewski se adueña de miles de años enraizados en lo más íntimo de la cultura humana, y construye una historia que se nutre de los miedos animales y primitivos arraigados en nuestra conciencia desde que imaginábamos monstruos más allá de la escasa luz de la hoguera, protegidos y aterrorizados en nuestras cuevas. Desde ese lejano génesis como especie, hemos tejido una compleja red de narraciones, técnicas, modelos y formatos para que esas historias evolucionen con nosotros, se adapten a la realidad de los hombres y mujeres de cada época. Danielewsky se disfraza de modernidad para hacernos volver la mirada a esa misma negrura amenazante. Nos invita a que miremos al abismo. Un abismo cambiante, la nada que devora la cordura y fabrica monstruos.

La casa de hojas es el equivalente literario al Found Footage cinematográfico, la técnica de moda en el cine de terror. Muchos reconoceréis en sus páginas las sensaciones que despiertan éxitos recientes como “The Blair Witch project” o la más simple y prescindible “Paranormal Activity”. De hecho, esta técnica audiovisual enraíza en tradiciones muy anteriores, de escritores que vestían sus obras de falsa veracidad, con el truco de ser encontradas por casualidad, o de haber sido escritas por otro autor. El mismo Quijote es un ejemplo de esta técnica.

Imagina que tu vecino, un excéntrico anciano, muere en extrañas circunstancias. Entre sus cosas, encuentras un extraño volumen, llamado “Expediente Navidson”. Quieres llamar a todo esto casualidad, claro. Aunque la casa, me temo, escoge a sus huéspedes.

Lees el trabajo de toda una vida, la investigación obsesiva y enfermiza acerca de una película que parece más una broma que una obra cinematográfica. Una película que ha levantado la polémica, a la que decenas de autores de diferentes disciplinas han dedicado miles de palabras de análisis, enfrascados en la racionalidad que exige una explicación a lo que en esas cintas se puede ver. Una historia imposible acerca de Will Navidson, fotoperiodista ganador de un Pulitzer que acaba de cambiar de casa. Un intento desesperado de salvar un matrimonio que hace aguas. La casa perfecta en el lugar perfecto. Ash Tree Lane es un paraíso rural, ideal para un tiempo de reconstrucción. Pero algo sucede en la casa. Willdescubre algo que, por definición, no es. La ruptura total con todo lo que damos por supuesto acerca de la realidad. La casa es más grande por dentro de lo que sus dimensiones exteriores indican.

Mark Z. Danielewski

Mark Z. Danielewski

Así comienza el “Expediente Navidson”. Y lees durante horas, durante días, el erudito trabajo que tu vecino muerto dedicó al análisis pormenorizado de los fotogramas de esa película que tanto ha dado que hablar. Apoyado en los comentarios y citas de eminentes expertos en disciplinas que van desde la arquitectura, la literatura, el cine o la psicología, te embarcan en una búsqueda al significado último de lo que ocurrió en Ash Tree Hill, y en última instancia, la veracidad de lo que ocurre en su metraje.

Pero hay un pequeño problema. Lo has intentado, has buscado por todos los canales posibles, e incluso has intentado verificar las fuentes.

Pero la película no existe. Ni los implicados han oído JAMÁS hablar de ella.

Entonces, entras en una espiral destructiva, en la que las imágenes de tu propia vida, la introspección hacia la oscuridad de lo más profundo de tu alma se convierte en la negrura infinita, en el pasillo interminable de frío miedo. Descubres al mirar la pálida sombra de lo que un día fuiste, qué se esconde detrás de La Casa.

Danielewski es un autor astuto, inteligente, imaginativo y sorprendente. Porque ha trabajado la novela-objeto hasta transformar la idea de una historia de terror al uso en un elaborado montaje literario, donde el arte de la narración se alía con la estética. Regala un sentimiento plástico desconocido en la novela común, amplifica la consabida inquietud perturbadora de un cuento sobrenatural. Juega con la estructura, la composición, las relaciones entre personajes, para dar sensación de modernidad mientras leemos una historia de casas encantadas. El escritor nos sumerge en la historia de manera brillante, con dos hilos narrativos principales (aunque el informe aglutina los hechos acaecidos en la ¿falsa? película), desde el elaborado lenguaje académico del expediente al prosaico mundo del protagonista, al que accedemos mediante notas a pie de página. Una rutina dolorosa, fútil y de cierto aire nihilista, pero que no escapa del toque poético de un hombre que se enfrenta a fantasmas del pasado mientras se dirige al precipicio. Hay tantos niveles de lectura que la narración podría volverse confusa o agobiante, pero Danielewsky es hábil en el manejo de su propia historia. Todo es simple, fluido, extraño y demoledor pero comprensible. Contradictorio en términos que convierte una narración fantástica en real, palpable y posible.

El hogar de la oscuridad

El hogar de la oscuridad

Danielewsky nos sumerge en un libro que es un juego con nuestras percepciones. Un libro que muta, que es espejo y humo. Que nos obliga a seguir sus reglas literarias y estéticas. Una locura estructurada y visualmente impactante, que debe su valor a la valentía de un autor que, si no rompe las normas, por lo menos hace malabares con ellas. Un relato heredero de mitos y tradiciones. El Laberinto, el relato de terror victoriano, el horror cósmico de Lovecraft, el Leviathan que engulle a Jonás, el viaje consciente hacia un terrible destino de Moby Dick, envuelto en un estilo trabajado e hiriente, directo, rudo; abierto en canal, desnudez heredera de la tradición americana de los últimos 30 años. Por fin, alguien da un puñetazo en la mesa y huye de los formalismos de la literatura de terror y su pequeñez. Danielewski se agarra al lenguaje para dar forma a la oscuridad; la física y visible, pero también la que escondimos todos en los rincones olvidados del espíritu. La mezcla enfermiza entre James Joyce, Foster Wallace, Borges, William Gibson, Clive Barker y Ramsey Campbell.

Es una lectura poderosa. Se dice mucho, es casi un cliché, pero no os dejará indiferente.

Atravesad su puerta.