Publicado el 27 de Marzo del 2014 por Capitan_Melenas en Cómic
Capitán América: El soldado de invierno

Ya tenemos encima el enésimo pelotazo de Marvel en nuestras salas de cine. La secuela del Capi se presenta ante el mundo tras una insistente campaña de publicidad, que incluso ha permitido que veamos el inicio de la película en televisión. Desde luego, si algo podemos decir es que la productora sabe como vender la moto.

Esto es lo de tu prima, chaval

Esto es lo de tu prima, chaval

No entramos a valorar el producto audiovisual de Marvel, y nos vamos a centrar en lo que en esencia es la casa de las ideas: una editorial de cómics. De ahí, del mundo de viñetas y coloridos tipos disfrazados, se nutre el espectacular mundo que llena nuestras pantallas.

No podía ser de otra forma, y la trama de esta nueva entrega de las aventuras del Capitán América, tiene su ilustre precedente en formato cómic, que se gestó allá por 2005. Casi diez años hace de la publicación de la saga original del Soldado de invierno, que, además, significaba el regreso del personaje a la cabecera con su propio nombre en la portada. Nuevo comienzo, que significaba el inicio desde el número uno de la mítica colección del centinela de la libertad.

Para aquel reinicio, se contó con un equipo creativo de lujo, que en un puñado de cómics construyeron un Capitán América aplaudido por crítica, público y ventas, hasta el punto de que hay críticos que no se cortan en afirmar la superioridad de esta etapa por encima de cualquier otra publicada del Capi. Ahí es nada.

Los encargados de sacar a Steve Rogers del ostracismo fueron el guionista Ed Brubaker y Steve Epting. Ambos certificaron en este periodo su condición de estrellas del medio, y demostraron una química brillante. Epting traducía a viñetas las inamovibles ideas de Brubaker sobre como funciona una historia, lo que convirtió a la colección del capi en una trepidante mezcla de géneros llena de sorpresas, giros inesperados y revelaciones definitivas.

Primero, un poco de sinopsis.

Steve Rogers no pasa por su mejor momento. La disolución de Los Vengadores ha dejado al héroe de las barras y estrellas un tanto perdido. La culpa por las recientes pérdidas en el grupo de héroes más poderosos de la Tierra planea sobre su conciencia, y, para remate, los recuerdos de la lejana guerra vuelven con fuerza desconcertante a su memoria. En tal estado de tensión, el Capitán recibe una de las noticias más confusas de su atribulada existencia: alguien ha asesinado a Cráneo Rojo, su archienemigo. La obsesión personal del Capi por encontrar al culpable, conduce al héroe hacia una conspiración en la sombra, promovida por agentes poderosos e influyentes. Pero lo más sorprendente está por llegar, cuando se enfrente cara a cara a un enemigo letal y sin conciencia, arrancado sin misericordia del más doloroso pasado del Capitán América.

Soy el ejemplo de que el reciclaje funciona

Soy el ejemplo de que el reciclaje funciona

La idea de Brubaker es clara. Enfrenta a Rogers a los fantasmas de su historia personal, episodios que no cicatrizan del todo, y que regresan de manera demoledora al presente del esta leyenda viviente. Ofrece un héroe firme en sus convicciones, pero que tiene mucho peso sobre las espaldas, más humano que nunca. Por encima de los valores que representa, la duda hace mella y su fe se tambalea.

Además del desarrollo de un trabajo muy potente de personajes e implicaciones emocionales, Brubaker no es olvida de que esto es un tebeo, y lo que prima es la acción. Se apoya en las novelas de espías, recreando las cenizas de la guerra fría, que se ha transformado en una pelea en la sombra por el control del poder, donde dinosaurios como el propio Capi o NIck Furia son reliquias de tiempos menos diplomáticos. Sobre esta base, Brubaker plantea una atractiva mezcla de géneros, que van desde el cómic bélico, toques de novela negra y detectivesca (uno de los puntos fuertes de este escritor) y acción pura y dura, sin necesidad de adjetivos de ninguna clase. Gracias a herramientas muy sencillas pero muy bien escogidas, como los continuos flashbacks, Bubraker juega con eficacia con los tonos y el ritmo. Introduce de manera elegante y con mucho estilo, los giros en la trama, desvelando en los momentos exactos las sorpresas que nos obligan a leer este cómic de una tacada, hasta la última página. Conoce lo bastante bien al personaje como para ser extremadamente respetuoso con su historia y tradición, al mismo tiempo que traduce todo el contexto del Capitán América a un lenguaje comprensible por el lector del siglo XXI.

La super pandi

La super pandi

Para este reto hace falta un apartado artístico de lujo, y, en lo personal, me quito el sombrero ante el despliegue de Steve Epting. Su trabajo en El soldado de invierno es espectacular. La creación de ambientes y su entendimiento maestro de la narración secuencial, convierten la lectura de El soldado de invierno en una gozada para los ojos. Hablamos de un dibujante que evita lucimientos y excesos, que escoge con inteligencia las soluciones visuales más adecuadas para cada situación, lo que se traduce en coherencia, algo que en mundo del cómic de superhéroes se echa de menos en ocasiones. La idea en el diseño de página es sencilla, eficaz, potente y, a veces, incluso ejemplo de la belleza de cierto espíritu clásico. Los juegos con la luz, la confrontación entre la claridad y los espacios abiertos contra las sombras de los opresivos entornos urbanos, planos cortos y medios, ideales para el estilo sobrio de Brubaker, y algún exceso visual muy bien escogido, con aperturas espectaculares de plano que adornan algunas escenas de tensión máxima; todo el arsenal de un artista con personalidad, estilo y talento, convertido en protagonista de una saga que debe mucho de su resultado final a su estilo visual.

Ahora, el mundo pone de nuevo los ojos en esta historia, adaptada para gustos masivos y, supongo, encajada en el mundo cinematográfico de Marvel, con las licencias que se esperan y sirven de distinción respecto al trabajo en el cómic. Me parece lícito y normal, son dos medios y, aunque compartan tantas cosas en común, dos universos distintos. Supongo, como fan irredento que soy, disfrutaré de ambas versiones. De momento, os propongo su excelente versión viñeta. De la transformación en cine, ya hablaremos más adelante.