Publicado el 2 de Abril del 2014 por Capitan_Melenas en Cómic
Hellboy: Que 20 años son nada

Hellboy portadaEn Frikisreconocidos somos un poco macarras. Esa clase de gente que olvida los cumpleaños y fechas importantes, y llega tarde, apurado y avergonzado al evento de marras. Posiblemente, sin regalo para el homenajeado (menos Germaster, que es un caballero). Pero nuestros deseos y felicitaciones son del todo sinceros y llenos de buenas intenciones, de verdad. Por eso siguen invitándonos a cosas.

El caso es que ha vuelto a pasar. Nos retrasamos, y llegamos justitos para el tirón de orejas. El mes que acaba era especial para el universo viñeta, y casi dejamos en el tintero un cumpleaños infernal. Amigos, Hellboy cumple 20 años.

Fue en 1994 cuando nace uno de los personajes con más personalidad del cómic moderno. Reconocible desde el primer vistazo, su amenazador aspecto evoca imágenes apocalípticas y demoníacas, arrancadas del imaginario colectivo acerca de seres del averno. Es decir, hablamos de un tipo enorme, de color rojo, pezuñas en lugar de pies y un visible rabo que emerge de la parte final de su espalda, por no hablar de dos incipientes cuernos en su frente. Sutil no es.

Hellboy, colegas, y su primera foto en el mundo humano

Hellboy, colegas, y su primera foto en el mundo humano

Este retoño del infierno se escapa de la imaginación de Mike MIgnola, sin duda, uno de los artistas más importantes de la industria del cómic USA. Desde sus comienzos había demostrado un increíble talento, pero con el paso de los años y el peso de la experiencia, su estilo se pulía hasta el impresionante y valiente dibujante que rompía los esquemas acerca de la estética y la narración del tebeo comercial.

Ya había demostrado de lo que era capaz con obras importantes como “Batman: Luz de Gas” o la impresionante labor gráfica en “Ironwolf”, magnífica historia de aventuras steampunk escrita por el legendario Howard Chaykin. Contrastes entre luces y sombras, cierta abstracción en la definición de los personajes, ruptura total con los presupuestos en cuanto a estructura de página y narración, y un trazo duro y aparentemente tosco, pero no exento de gran belleza estética en su conjunto. Esas eran las cartas que MIgnola ponía encima de la mesa para dejar bien claro que era un dibujante diferente, amante del riesgo, sorprendente y novedoso. Pero, sobre todo, con estas dos obras, descubríamos la especial sensibilidad del autor en tramas y contextos de claro origen victoriano, de espectrales oscuridades góticas entre suntuoso palacios y mansiones. La misma sociedad en la que floreció Frankenstein, muchos años después, entregaba a su último hijo espiritual, gestado en el amalgama de ideas locas que es la mente de Mike Mignola.

Tras su arrollador éxito en las editoriales punteras, Mignola decide que es hora de buscar nuevos horizontes. Tiene las ideas muy claras respecto al rumbo que ha de tomar su trabajo, así que mira sin tapujos a las posibilidades de las editoriales independientes, y recae en las oficinas de Dark Horse, eterna tercera en discordia en la lucha por las listas de ventas (con permiso de Image, que por entonces era apenas una recién nacida muy peleona). Cansado de trabajar los personajes de otros, Mignola encuentra la posibilidad de un trabajo continuado sobre sus propios conceptos. Nace Hellboy, que se convertirá con el tiempo en un laboratorio narrativo para los experimentos de Mignola.

Hellboy es un artista escogiendo amigos de copas

Hellboy es un artista escogiendo amigos de copas

Para aquellos primeros pasos, Mignola, que hasta el momento sólo había trabajado sobre guiones ajenos, decide buscar colaboración en la parte literaria. En aquel primer encontronazo con Hellboy, el dibujante encuentra el apoyo de nada más y nada menos que John Byrne, maestro de maestros en eso de hacer cómics legendarios. “Semilla de destrucción” era el resultado de aquella colaboración increíble, y presentaba al mundo un extraño brebaje, mezcla de géneros e influencias.

Todo era nuevo y sorprendente. Para empezar, su protagonista. Un monstruo, extirpado de las pesadillas medievales de superstición, leyendas de pactos en encrucijadas, aquelarres y gatos negros. El juego estaba en que esa criatura tan reconocible estaba muy lejos de lo esperado. Nada de un ser malévolo a la búsqueda de almas descarriadas. Hellboy era un detective de lo paranormal, algo cascarrabias, fumador empedernido y dado a la acción más que las pesquisas interminables. Tras su demoníaca apariencia, confluían en su personalidad rasgos de los detectives privados de la serie negra, con toques de los héroes del pulp, a medio camino entre una invención de Raymond Chandler e Indiana Jones, con una pizca del carácter cínico y resabiado de Lobezno.

Como complemento al héroe principal, el grupo de secundarios más extravagante y desquiciado que se recuerda en el cómic moderno. Desde un humanoide anfibio, pasando por espías supervivientes de la segunda guerra mundial, compañeras de caracter ardiente, homúnculos artificiales… los seres más extravagantes del universo son la última línea de defensa de la humanidad contra seres de pesadilla que conforman el lugar más oscuro de nuestras ficciones. El A.I.D.P a su servicio, caballeros y señoritas.

¿Vacas infernales? Pues nos vale

¿Vacas infernales? Pues nos vale

Los malos tampoco tienen desperdicio. Hechiceros en la encrucijada entre la vida y la muerte, diosas reinas de las brujas, duendes, vampiros, mitos, leyendas y, para rematar el cuadro, la amenaza cósmica que duerme en los confines del universo de turno.

Por supuesto, la lucha contra el mal absoluto es la esencia de las tramas de Hellboy. Pero este maniqueo planteamiento se reescribe en cuanto a la naturaleza de nuestros héroes, que no son menos monstruos que los seres que persiguen, aunque han decidido que sus poderes y sus habilidades están al servicio del mundo de los hombres. Y ese es el camino que Mignola plantea para su chico del infierno, que ha de luchar contra su propio destino. Hellboy llegó a la tierra con una misión clara: ser la Bestia del Apocalipsis, el fin del mundo de los hombres. Ha pasado su existencia con esa espada de Damocles, pero cada uno de sus puñetazos no son más que la reafirmación de su naturaleza más allá de lo que se espera de él. Es un héroe, con todas las letras, y moriría demostrando su valía.

Mignola convierte Hellboy en la plasmación de sus filias personales, un cajón de sastre perfectamente orquestado donde el autor aglutina su pasión por la literatura victoriana, sus conocimientos enciclopédicos sobre el folclore y los mitos, aderezado con el toque Lovecraftiano que da aire a la amenaza cósmica durmiente. A nivel estético, Mignola lleva su estilo personal al paroxismo, gracias al los constantes juegos surrealistas con la luz y las proporciones. Pocas cosas hay en el mercado del cómic que impacten con tanta contundencia tanto tiempo después de su creación. Incluso cuando el propio Mignola no podía hacerse cargo de los lápices (la fama y los compromisos alejaron al artista de las mesas de dibujo durante años), los sustitutos en el apartado gráfico comprendían la identidad gráfica de Hellboy. Leyendas como Richard Corben o Kevin Nowlan han formado parte de la evolución gráfica del personaje, sobre todo en la inmensidad de relatos cortos protagonizados por este curioso paladín.

Pero si tenemos que hablar de un artista que ha comprendido el mundo planteado pro Mignola y que ha mantenido el listón en lo más alto, es el impresionante Duncan Fegredo. La parte final de las aventuras de Hellboy encontró en este artista el ejecutor prefecto de las ideas de Mignola. Su estilo se amolda a la perfección a la tradición y forma que pide esta colección, y además aporta una viveza y dinamismo que sorprendió al mismísimo creador de la criatura.

De hecho, el portento de imaginación que significa el mundo de Hellboy, ha inspirado a otros grandes artistas en Spin-Offs relacionados con la serie. Incluso un gigante de la industria del cine como Guillermo del Toro se inspiró en este universo para una versión cinematográfica. Por supuesto, se tomó sus licencias respecto al original, y el personaje principal está bastante suavizado respecto al duro carácter de su versión en viñeta. Los lenguajes del cine y el cómic no son iguales, y para su espectáculo de aventuras Del Toro despojó al mundo de Hellboy de su oscuridad y ambiente opresivo y malsano. Hay mucho del barroquismo estético de Mignola, sí, y no se puede negar que es una inspiración evidente en todo el cine del mexicano (mirad el diseño de sus monstruos para El Laberinto del Fauno, por ejemplo), pero es cierto que el Hellboy de la pantalla es más amable y luminoso.

Mignola nos regaló un héroe diferente, atrapado en el fuego cruzado de la eterna lucha del bien y del mal. Su recorrido es el un ser destinado a convertirse en un monstruo, que se aferra a la humanidad a cambio. Hasta que acepta su papel en el loco teatro del mundo, con sus sacrificios y victorias.

Tampoco es que tenga un lenguaje cervantino

Tampoco es que tenga un lenguaje cervantino

Mignola abre decenas de arcos argumentales, que se cierran de manera redonda y eficaz. Quizá no sea el escritor más elegante del planeta, pero tiene muy claro a donde conduce a su tripulación. Han sido 20 años de viaje apasionante a través de derivas desconocidas de imaginación y talento, un ejemplo de independencia y amor por este tosco demonio que ha encumbrado a Mignola y a su equipo a lo más alto del mundo del cómic.

No hay excusas. Todo Hellboy está recopilado en unos estupendos tomos a cargo de Norma Editorial, a un precio más que competente.

Hellboy cuida de vosotros, chicos y chicas. De vuestras peores pesadillas de noche tormentosa. Si algo repta en las sombras de la mansión victoriana donde habéis decidido pasar las vacaciones, y de repente aparece por la ventana, provocando graves destrozos a la propiedad, un ser que se parece peligrosamente al malo pero con olor a puros y Whisky… tranquilos. Aunque parezca mentira, estáis a salvo.