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Publicado el 21 de abril del 2014 por Capitan_Melenas en Cine
The Machine: Carne, hueso y silicio

Cuantas cosas nos perdemos, chicos y chicas. Entre la crisis, el modelo de industria, las distribuidoras, la falta de riesgo y añada usted lo que quiera a la ecuación, a este terruño no llega más que lo seguro o lo previsible. O tenemos la suerte de asomarnos por un festival o un cineclub con algo de visión en la ciudad, o estamos condenados a los centros comerciales y su abusiva ración de estiércol. Así está el panorama, y por tanto nos perdemos pequeñas sorpresas como la que hoy os traigo.

Me la envuelve para llevar

Me la envuelve para llevar

The Machine se ha transformado en la gran joya indie en cuanto a ciencia ficción se refiere. Se ha paseado con éxito por festivales tan potentes como Sitges o Toronto, y en ambos ha conseguido el aplauso de público y crítica. Ambos festivales son un gran impulso comercial para las películas de género, pero ni con esas se consiguen distribuidores, amigos. Eso sí, ahí tienen ustedes Need For Speed esperando en su sala más cercana. Que pena.

The Machine, en todos sus sentidos, es una película que huele a clásica, a cine de antaño, pero con la mirada puesta en el siglo XXI. El referente de esta obra, para bien y para mal, está tan claro que se respira y se siente. Blade Runner es inspiración y marca el camino, tanto en formas como en el espíritu humanista que nutre el tema de fondo de The Machine: Qué es humanidad.

La película de Caradog W. James saca del atolladero estilístico y narrativo a un género tan trillado como el Cyberpunk, con las mismas armas con las que triunfó durante los 80 y los 90. Lo cierto es que es un concepto que hoy en día gana enteros, ante la perspectiva social y económica nada esperanzadora en la que nos vemos sumidos, y que sirve de gasolina intelectual para estos futuros oscuros y angustiosos.

Es que el contexto y ambientación son un tanto por ciento bastante visible de esta clase de películas. En The Machine, por supuesto, hay un trasfondo estremecedor por plausible. China se transforma en el enésimo fantasma amenazante, y W. James nos plantea la posibilidad de una guerra fría entre el gigante asiático e Inglaterra. El conflicto económico rápidamente se transforma en una escalada bélica, y ambas potencias centran su tecnología en armamento de última generación.

Vincent, nuestro protagonista, es una eminencia en robótica e inteligencia artificial al servicio del todopoderoso ministerio de defensa. Su misión, construir una máquina perfecta, autosuficiente e implacable en el combate. Vincent, a su pesar, se verá inmerso en una oscura conspiración en la que la diferencia entre humano y máquina se verá puesta en entredicho.

El espejo y el alma

El espejo y el alma

The Machine es una película pequeña, pero no por ello escasa en pretensiones. El apartado de efectos visuales es notable, y sin ser una exageración al estilo Hollywood, encontramos los suficientes detalles como para que este futuro resulte creíble. Aunque por el tipo de película que es, no necesita grandes despliegues. Prima la calma, la idea de continuidad y cuidado por lo que se muestra en la pantalla. El aprendizaje de la máquina, su despertar a la conciencia, es a través de su contacto con el mundo ínfimo de su prisión. El ambiente se crea gracias a interiores agobiantes, impregnados de paranoia militar. Los exteriores son escasos, encuadrados en planos nocturnos y lluviosos. No sé hasta que punto esta solución es motivo de la creación de ambientes o de los ajustes de presupuesto, pero funciona. Nos mete en la historia gris sobre el miedo, el control y la ambición.

Vemos la ciudad de lejos, y recuerda, cómo no, a la enorme estructura piramidal de la onírica Los Angeles de Ridley Scott. Pero prima el minimalismo y la frialdad tecnológica, una prisión convertida en un circo de freaks que haría las delicias de Tod Browning. Soldados mutilados física y mentalmente, ven sus cuerpos salvados por los implantes, sus conciencias reparadas gracias a la inteligencia artificial, convertidos en pesadillas  de última generación.

Vuelve la tradición del monstruo surgido de la ciencia, que tan buenos resultados da en la narrativa, que nos ha regalado a Frankenstein, Terminator, Robocop, o su versión tierna, Pinocho. Se traslada a las versiones femeninas de estos seres de laboratorio, como la novia e Frankenstein o la androide del brillante mal sueño de Firtz Lang, Metrópolis. Regresa el sueño de crear vida en un mundo hipertecnificado, lleno de miedo e incertidumbre. Hablamos de nuevo, en una época sin identidad, desdibujado el concepto de ser humano y reducido a la miseria por un sistema que ignora el humanismo, del significado de la conciencia, de los conceptos mínimos identificables para que consideremos la vida.

Al igual que los replicantes de Blade Runner, la máquina de esta película llega al sentimiento de trascendencia que nos hace conscientes de nuestra propia esencia: el miedo a la muerte. Apoyado en un constante juego de luces, unas veces inteligente y emotivo, en otras ocasiones para tapar vergüenzas de escasez de presupuesto (me temo), W.James construye emociones, un viaje de descubrimiento a través de las cosas sencillas, que como seres humanos damos por supuestas. Para una máquina, es el paso entre la nada y la eternidad.

El nuevo Frankenstein

El nuevo Frankenstein

The Machine no es una película perfecta. El lirismo calmado de su metraje es hermoso y terrible al mismo tiempo, pero se pierde en el momento de la solución final. El director se agarra a la simpleza del intercambio de disparos y la violencia de impacto, desmedida y previsible. Quizá sea más definitivo así, pero por lo que nos ha dado hasta el último tramo, la película exije algo más íntimo, más cercano, aunque no por ello amable. La experiencia queda un poco trastocada por un climax que se aleja de la propuesta inicial.

En todo caso, a pesar de esos pequeños detalles, merece la pena acercarse a esta película. El cyberpunk recupera sus ideas fundacionales, aunque a veces se sobrepase la linea del homenaje a Blade Runner (detalles como la banda sonora, o el baile de la máquina que recuerda sospechosamente a la pizpireta Pris). Es bueno saber que la ciencia ficción sigue preocupada por cuestiones más serias que la enésima demostración de músculo a base de efectos digitales. A veces, lo más simple es lo más efectivo, y no es malo revisitar lugares conocidos, si la intención es tan clara y honesta como The Machine.

Para los mitómanos, la protagonista femenina de la película es Caity Lotz, rostro televisivo gracias a su papel de Canario Negro en “Arrow”.

Si tenéis suerte de toparos con The Machine, dad una oportunidad a una película de espíritu diferente. Un respiro entre tanto ruido.