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Publicado el 23 de abril del 2014 por Germánico en Libros
¡Feliz Día del Libro 2014!

Hablemos de libros y de veintitreses de abril, frikis míos.

Porque hoy, además de conmemorar la muerte de dos grandes de la lírica como son Cervantes y Shakespeare, se celebra en la península otras dos festividades que yo relaciono mucho con eso de los libros y las historias.

Por una parte, los castellanos recuerdan una derrota sufrida allá por el año 1521 en Villalar, bajo la lluvia, en el barro, entre cañonazos y filos de espadas; imperiales contra los nuestros, los Comuneros. Aún creo (sí, he leído tantas veces la historia que a veces pienso que yo mismo fui testigo de ella) poder escuchar las trompetas, los tambores, ver sufrir a los cabecillas castellanos en el patíbulo… Orgullo, determinación, valor. Una historia épica al estilo William Wallace o Espartaco pero siendo una producción hispanohabsburguiana digna de mil relatos y libros.

Por otra parte, nos vamos a lo que en su día fue el Reino de Aragón y Cataluña donde hoy recuerdan al primer portador de la Dragonlance, su propio Huma: Sant Jordi. Este santo antitargaryen arrebató la vida a un dragón como si fuera Bardo protegiendo Ciudad del Lago; ¿amigo de Thorín Escudoderoble, quizá? Como veis, aquí tenemos otra historia épica digna de otros mil relatos y libros.

Tanto la derrota de los Castellanos como la victoria de Sant Jordi las hemos podido vivir, frikis míos, entre páginas y palabras. No sólo porque las leemos, sino también porque las escribimos. Nosotros, los lectores y aquellos que escriben o tienen complejo de escritor, no viviremos únicamente una vida, sino un millar.

Porque al abrir un Libro, sí, en mayúsculas, o al tomar entre nuestros dedos una pluma mientras observamos un folio en blanco ante nosotros, nos refugiaremos en ciudades encantadas donde duermen bellas princesas, navegaremos por océanos de locura atestados de piratas y aventuras en cuyo fondo, en las ruinas de Ryleh, descansan criaturas primordiales y precataclísticas; cabalgaremos negros garañones de batalla de reluciente pelaje por verdes y hermosas praderas de países inexistentes, retaremos a nobles y señores y nos proclamaremos rey y señor de mil y una tierras distintas. Quizá nos sentemos en el Trono de Hierro mientras un cuervo negro como el carbón se posa en nuestro hombro graznando “Nevermore”.

Encontraremos el amor, lo abandonaremos por otro mejor, derrotaremos al mal y venceremos a las Parcas. Podremos llegar a convertirnos en un Eneas, un Rey Arturo, un Julio César, un Alejandro Magno o un Barbarroja… Seremos el Flautista de Hamelín, un músico de Bremen, el hermano de Gretel, el Anillo de los Nibelungos y el Señor de los mismos. Seremos héroes y villanos, emperadores sabios y taimados, ángeles y demonios; seremos como una canción de hielo y fuego.

Los libros tienen ese poder, frikis míos. Tanta fuerza acumulan entre palabras y papel que aquellos que han querido sumir al mundo en tinieblas se han visto siempre obligados a quemarlos, censurarlos, eliminarlos. Guardemos ese poder y disfrutemos de los beneficios que una buena novela nos puede dar, frikis míos, convirtámonos en Custodios del Poder de la Palabra y acumulemos la salvación de nuestras almas en bibliotecas infinitas.

Sólo me resta decir: Ook.