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Publicado el 24 de abril del 2014 por Germánico en Ludoteca
Jugando que es Gerundio: Clash of Cultures.

5/5

Somos épicos, frikis míos, por eso muchas tardes nos imaginamos liderando un reino con aires de imperio que busca extender sus fronteras más allá del horizonte, tomar ciudades, aniquilar a los bárbaros que acechan nuestras hermosas urbes y consagrarnos en lo más alto del conocimiento. Incluso si nos mantenemos en silencio y escuchamos con atención, llegará a nuestro oídos el sonido atronador de los tambores y las trompetas que lideran la marcha de los ejércitos.

Para nosotros fue pensado este juego: Clash of Cultures, diseñado por Christian Marcussen e ilustrado por Chris Quilliams.

La mecánica del juego es relativamente sencilla: Cada jugador empieza con una ciudad y un colono (con los colonos podremos fundar ciudades) en mitad de la nada, con un mapa en blanco como horizonte, y con unas cartas de acción y de objetivos. Hasta ahí todo normal. A partir de ahí, cada jugador contará con tres acciones por turno, y dentro de estas acciones podemos elegir entre las siguientes:

Desarrollar tecnología: tenemos un mapa de tecnologías que dan ciertos beneficios a quien las posee.

Activar ciudades: recolectar recursos, crear unidades (colonos, barcos o soldadesca), construir nuevos edificios, crear maravillas…

Mover unidades. Con esta opción pueden llegar los combates.

Mejorar ciudad: con esta acción podemos conseguir que una ciudad que esté de mal humor (sí, frikis míos, que estén hasta las narices de impuestos y se hayan declarado en huelga con lo que al activar la ciudad pierdes posibilidades) pagando unos tókens de carita sonriente sea más feliz que una perdiz.

Influir culturalmente: para eso tienes que tener una ciudad cercana a otra y “tomarle” un edificio que si bien durante la partida no te servirá de mucho (quizá cumplir algún objetivo), al final de la misma son puntos.

Además de todo esto, al desarrollar ciertas tecnologías llegaremos de alguna manera u otra a unos eventos que, o bien suponen un beneficio o bien nos destruyen las ilusiones conquistadoras que teníamos en mente. Esto le da un toque de aleatoriedad independiente de los jugadores que hace de algún modo la partida algo más emocionante, cosa que en ciertos momentos resulta hasta difícil.

Las partidas son de larga duración: tenemos 6 rondas por juego, y cada ronda consta de tres turnos para cada jugador. Si a esto le añadimos que tenemos tres acciones, un jugador promedio realizará 54 acciones. Y sin embargo el juego se hace corto y bastante fluido. Sí, nos encontramos frente a un juego con un abanico de posibilidades bastante amplio pero la mecánica, una vez te metes a ello, es bastante sencilla. Pero dentro de esta sencillez (atentos a al perogrullo que viene) es complicado. Porque a pesar de ser un juego muy visual e intuitivo, existen combos entre tecnologías y construcción de edificios, y por supuesto existen estrategias a la hora de economizar recursos o de darte la posible victoria. Por ejemplo, uno de los colegas con los que jugué mi primera partida tiene una hoja de excell con los pasos óptimos a seguir en el juego de tal forma que casi siempre le lleven a la victoria. Eso no quita que un servidor jugara de una forma más bien visceral y me hiciera con la victoria.

Eso sí, estoy seguro de que cuanto más juegues mejor lo harás, pues el listado de tecnologías y sus beneficios es tan amplio que al principio nos olvidaremos de alguna que otra cosilla.

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Otra de las cosas que me encantaron fue el juego en sí: Espectacular. Mucho plástico entre soldadicos (no tan bonicos como los de Conan, por ejemplo, pero no están mal), edificios (los edificios se van uniendo a lo que sería una plaza central, muy curioso) y barcos, y un tablero modular perrfectamente ilustrado (en el reverso tenemos la mítica “niebla de guerra”). Los tokens de recursos, de cultura y de ánimo no son una maravilla, pero cumplen perfectamente su función. El colorido es tal que nos hace movernos por el tablero y nuestra tabla personal de tecnologías de forma intuitiva sin mucho problema. Una delicia, vamos.

¿Lo recomiendo? A mí personalmente el hecho de jugar a un juego de mesa que me recuerde a mis horas frente al ordenador jugando al Civilization o al Age of Empires me encanta. Así que sí, lo recomiendo para todos ellos que sean amantes de la estrategia y del pensamiento lateral.

Tomad la espada, frikis míos, y lancémonos hacia la Gloria y la Victoria. Fuerza y Honor.