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Publicado el 20 de junio del 2014 por Capitan_Melenas en Cine
X-Men: Días del futuro pasado

XavierEra de esperar, los centinelas han conquistado el futuro, y las taquillas del mundo entero. La puesta al día de la franquicia mutante ha conseguido un rendimiento económico que la sitúa entre los grandes pelotazos de la temporada. La pregunta que me hacía mientras me dirigía al cine era si tanto sonido de dolar estaba justificado con, por lo menos, un entretenimiento a la altura de los personajes. A esos extremos he llegado con los chicos de Xavier, porque Fox, dueña de los derechos de la jugosa cabecera de Marvel, había conseguido con su avidez mercenaria que la dignidad brillase por su ausencia en las películas dedicadas a los chicos y chicas X. El nivel de control absurdo mostrado por los ejecutivos de la productora hicieron de X-Men: La solución final, un batiburrillo sin personalidad que tiraba por tierra el genial trabajo de Bryan Singer en las dos primeras partes de la saga. Esa misma visión castradora fue el origen de una de las peores películas de superhéroes de todos los tiempos, y es decir: Lobezno. Su secuela es menos terrible, pero tampoco hace un favor al bueno de Logan. Todo parecía indicar que la franquicia acabaría arrastrada por el fango una y otra vez hasta que fuese exprimido el último dolar, agarrados a una fórmula que escupía una y mil veces sobre los personajes y su legado, pero que funcionaba de miedo en el aspecto económico.

A veces ocurre que, de repente, alguien toma conciencia de la situación, y da la voz de alarma, o descubre una forma de hacer malabares narrativos para que la cosa gane un poquito más de dignidad. Hace unos años, nos sorprendían desde Fox con X-Men: First Class, un magnífico recorrido por el origen de la escuela Xavier, con especial hincapié en la tormentosa relación entre Xavier y Magneto, condenados al enfrentamiento a pesar de la amistad que los une. La franquicia ganaba enteros, y Primera Generación, como se llamó en España, se convertía por derecho propio en una de las mejores películas de esta avalancha de héroes Marvel que invade nuestros cines.

Ola ke ase. Eres mutante o ke ase

Ola ke ase. Eres mutante o ke ase

Entonces, las buenas noticias se suceden. La primera, Bryan Singer vuelve detrás de las cámaras. Un director que puso su granito de arena para que el cine de superhéroes tuviese la más mínima decencia, que con efectismo de diseño y el manejo excepcional de los personajes construyó dos películas que indicarían el camino a seguir por el género durante años (hasta que llegó maese Nolan, claro). Aplausos, parecía que todo volvía a su cauce. Además, la trama elegida era “Días del futuro pasado”, saga seminal creada por los legendarios Chris Claremont y John Byrne, historia que a día de hoy se considera un antes y un después en la historia mutante. Claremont y Byrne acuñaron en apenas dos números una cantidad de nuevos conceptos que en la actualidad siguen siendo fundamentales en la continuidad de los hijos del átomo.

Ahora ha llegado de ver el resultado, y si está acorde con las expectativas. Yo voy a decir una cosa; a mí me ha gustado.

De acuerdo, se parece poco o nada a la propuesta de sus creadores originales. Salvo algunas pautas básicas de la trama, es una reinterpretación total de aquellos días del futuro pasado de Claremont y Byrne. Para algunos, esto constituye una herejía que sólo puede resarcirse si se ofrecen las almas de los guionistas a los Celestiales. Y puedo entenderlo, porque hablamos de una historia con la impronta de leyenda en las mentes de millones de lectores.

¡Por fin! Acabo de descubrir la mortadela

¡Por fin! Acabo de descubrir la mortadela

La cosa es que los elementos del cómic no tienen por qué funcionar en el cine (A Watchmen me remito). A pesar de los continuos intercambios visuales entre las dos expresiones, ambas se alimentan de referencias y lenguajes propios, y más si hablamos de una historia que fue escrita y dibujada hace varias décadas. Ha envejecido de manera magistral, porque era innovadora en todos sus aspectos, y trabajaba conceptos y emociones imperecederas, pero la manera de solucionar la historia de Claremont, apenas sirve para una película tal y como se entiende la producción hoy en día. Hace falta más; quizá no mejor, pero sí más complejo (partiendo de que la complejidad, a veces, no juega a favor de una historia).

Ese es el gran problema cuando se intentan adaptaciones de cómics o videojuegos. Los tiempos se rellenan con material que, en casos sangrantes, convierten las películas en horrores conceptuales llenos de idioteces y sobras. Por suerte, en esta nueva entrega de X-Men no ha ocurrido eso.

Días del futuro pasado juega con la cantidad suficiente de subtramas que regala al espectador algo más que el enésimo espectáculo vacío y sin emoción. Todo lo contrario, el aspecto emocional es lo que da empaque a la mayoría de la película, porque aparte de la perspectiva de futuro de nuestros mutantes favoritos, ofrece unpunto de vista único del conflicto personal entre Xavier y Magneto. No sé si me equivoco, pero ni siquiera en los cómics se había trabajado esta cuestión tan simple: El día después de la derrota de Xavier.

Al final de First Class, Xavier se enfrentaba a la pérdida de tantas formas distintas que cualquier ser humano se hubiese perdido para siempre en la autocomplacencia y el dolor. Y es justo lo que ocurre. El sueño ha muerto. Xavier ha abandonado su cruzada antes de comenzarla siquiera. La reconstrucción de esa idea de convivencia y paz es el motor de la historia, puesto que en esa lucha idealista está el secreto de la supervivencia de la especie mutante. A esto añadimos la idea primigenia que sustentaba el cómic de Claremont, acerca de las consecuencias terribles que un paso en falso provoca en toda la humanidad, víctima de su propio miedo.

Singer es un director bestial. Hay pocos que mantengan la tensa cuerda entre la acción y el contenido con tanta naturalidad y elegancia. Su película comienza con una reconstrucción del aciago futuro que recuerda al siniestro apocalipsis perpetrado por James Cameron en sus Terminator. Maneja con soltura dos líneas temporales, con intenciones muy distintas y recursos contrapuestos, sin perder la unidad y la coherencia. Y, sobre todo, se marca un segundo acto extenso, emocionante y trepidante, que no deja que el espectador se aburra ni un segundo. Reconstruye los años 70 con habilidad entrañable. No son sólo los detalles y el atrezo, es la comunicación con el espectador, usando la granulada y turbia de la época, en un ejercicio de conexión a través de los formatos que funciona por orgánico y realista. Normalmente, es en ese tramo de película cuando las historias se pierden y se desluce el resultado (No hay más que ver de nuevo Thor para entender lo que un mal desarrollo de la parte central de una película puede representar en el producto final), pero Singer tiene historia y personajes para que su propuesta no pierda identidad.

Hola. Nuestro poder es molar todo el rato

Hola. Nuestro poder es molar todo el rato

Cuando toca espectáculo, Singer usa toda la artillería disponible, y dibuja un escenario masivo, al mismo tiempo que mantiene el pulso para que la película no escape de sus manos reducido a otro espectáculo sin alma. El director lo consigue gracias a algo básico y esencial para que las películas funcionen: los personajes, carismáticos e integrados dentro de la historia para que no sean simples excusas. Hasta figuras  totalmente secundarias como Sendero de Guerra tienen su momento, y como espectador eres capaz de hacer un pequeño retrato mental del tipo que tienes en pantalla, aunque salga apenas unos minutos. Eso se consigue con un guión que sabe a qué juega, que muestra, enseña, no cuenta ni se pierde en literatura de baratillo. Quicksilver, que apenas aparece un fragmento de la película, protagoniza una escena referencial, basada en el movimiento, la técnica y la ilusión, esa suspensión de la credibilidad de la que se habla siempre, que da sentido a la expresión “la magia del cine”. Llamadme simple si queréis, pero disfruté de esos segundos de circo visual como un niño de 8 años.

Si hablamos de personajes, por supuesto que es necesario un paseo por la lista de actores que los interpretan.  James McAvoy humaniza a Xavier hasta el punto de que nos sirve una perspectiva inédita de un personaje manido y explotado. Fassbender se come la pantalla, aporta matices que hacen tan comprensible como aterrador a su Magneto. Hugh Jackman está cómodo en la piel de Lobezno, no se aburre de su personaje y lo defiende con carisma y presencia. Jennifer Laurence cada día me gusta más, y creo con firmeza de que un día se la reconocerá como referente de su generación. Y así, uno por uno, desde los clásicos de la saga a las nuevas aportaciones. Todos están por algo, todos tienen algo que aportar. Todos son creíbles en su contexto. Todos me hacen sentir que se lo están pasando pipa mientras juegan a la eterna historia de buenos y malos, aunque los buenos no recuerden que lo son, y los malos sean personas confundidas y llenas de miedo. Mención especial al televisivo Peter Dinklage, en su papel del cabroncete corporativo Bolivar Task, creador de los centinelas, un tipo de escasos escrúpulos y mucha labia.

Tenemos menos futuro que un licenciado en humanidades

Tenemos menos futuro que un licenciado en humanidades

Como decía al principio de esta crítica, Días del futuro pasado puede ser decepcionante. Sobre todo, si has soñado con una interpretación perfecta de la saga de Claremont y Byrne. Si tienes la suerte de no reconocer esa influencia, vas a disfrutar de una buena película de acción, muy bien dirigida, con cierto cariño y respeto por la historia que defiende y los personajes que sustentan la trama.

Yo, que soy de los que vienen de la viñeta, hace tiempo que renuncié a las adaptaciones. Así que me gusta esta revisión, a veces sorprendente, otras ocasiones alucinógena, de un clásico del cómic. Hay una diferencia de intenciones y lenguajes, y reconozco que, en este caso, veo elementos de sobre que me convencen. Con sus fallos, que los tiene (momentos de dramatismo innecesario, alguna vez que el humor está metido con calzador, el esfuerzo que supone en alguna situación pasar por el aro…), estos X-Men siguen la línea marcada por Primera Generación (aunque voy a decir que esos mutantes sesenteros me gustaron más que en esta película), continúan con el rescate de la dignidad perdida de la franquicia, ofrece un espectáculo mayúsculo, y hace que recupere la fe en Fox, que cuando quiere es capaz de esa química entre lo financiero y lo cinematográfico.

Muy recomendada, chiquetes.