Maleficaportada2
Publicado el 4 de julio del 2014 por Capitan_Melenas en Cine
Maléfica: El lado oscuro en plan moñas

Sigue la moda, chicos y chicas. Parece que esto de la modernidad consiste en no dejar títere con cabeza en la cultura popular, y asistimos aterrorizados a reinterpretaciones y revisiones de los clásicos de siempre que, o pisotean con alegría psicótica nuestra infancia, o fagocitan subproductos con la consistencia de la baba de caracol.

Maléfica haciendo callar a la afición rival

Maléfica haciendo callar a la afición rival

El eterno retorno, supongo, que debe buscarse el disfraz adecuado para los paladares del siglo XXI, que si han de definirse por la película de hoy, serían capaces de pasar la lengua por el inodoro de un bar de carretera sin el más mínimo conato de arcada. La moda esta de dinamitar nuestros cuentos de ayer y hoy tiene ilustres precedentes, claro, e incluso ha funcionado bastante bien en ocasiones. Neil Gaiman, por ejemplo, en The Sandman, incluía algún guiño a esta clase de narraciones, con un respeto reverencial y la elegancia del que conoce las raices de la tradición. Es más, gran parte del exceso de esta tendencia la tiene el éxito de Fábulas, excelente colección perpetrada por el muy inteligente Bill Willingham, que revisita estos lugares comunes para una versión atrevida, aguda y adulta de nuestros cuentos de siempre. Por cierto, si sois de los que ven esa cosa zafia y grotesca llamada “Once Upon…“, deciros que no es más que una copia bastante descarada y sin gracia de los conceptos imaginados por Willingham, que traspasa con indecencia las fronteras del plagio (venga, que me mola hacer amigos).

Así que aquí tenemos la enésima (y me temo que no la última, por desgracia) vomitona conceptual, en este caso gracias a la magia Disney, que traga y fagocita su propia recreación de la Bella durmiente. Pero esta vez, la historia se cuenta desde el punto de vista de uno de los caracteres más carismáticos y potentes de la factoría: Maléfica, el oscuro espejo en el que se miran los villanos del frikiverso. La encarnación absoluta del mal, la figura del miedo de los hombres a lo desconocido, lo místico, lo oculto…reconvertida en una caricatura irritante y penosa.

El error de concepto es notable. En los 15 primeros minutos de película empiezas ya a hacerte preguntas. ¿Quién llamó a esta criaturita Maléfica, cuando es lo más parecido a un batido de algodón de azúcar y lacasitos servido por un mi pequeño pony sobre un arco iris? ¡Por dios, que casi muero de hiperglucemia! No sé, es como hacer una película sobre un oso de peluche que huele a canela y reparte amor, pero en un alarde de guionista visionario lo llamas Gronak, El Comealmas. Algo es raro.

Si es que lo mío no es tricotar

Si es que lo mío no es tricotar

Y es que Maléfica era un personaje fenomenal por sí mismo, que no necesitaba ningún tipo de explicación. Era un ser tan malévolo que maldice a una niña recién nacida para toda la eternidad porque no la invitan a un bautizo. Como una tía tercera encabronada, pero armada con magia. No hacía falta nada más. Maléfica era el odio, el miedo y el poder. Con esta historia, Disney riza el rizo y Disneyfica a su propio personaje, arrancando cualquier autoridad, con una excusa muy pobre, como “os faltaba un punto de vista de la misma historia”. Y no funciona. Porque la  Maléfica es esta historia es un personaje desdibujado, incoherente, sin tono, que se mueve entre la comedia y la oscuridad, ahogada en la frontera de “Para todos los públicos”. Al final, con tanto cambio de humor, no sabía a que atenerme con ella, y la sucesión de acontecimientos no tiene la consistencia para que resulten satisfactorias las explicaciones. Una cosa es un personaje contradictorio, y otra un personaje desquiciado.

La historia de fondo que nos cuelan para explicar la maldad de maléfica es otro exceso mal narrado, que avanza atropellado, hasta el punto de que la auténticas motivaciones del futuro rey son un batiburrillo que tampoco explica por qué acaba como las maracas de Machín. Al final, las cosas pasan porque sí, y ya está. Si cuela, vale, pero a mí la construcción de personajes me parece que se hizo en una tarde sobre una servilleta.

Es que no se salva ni uno. El rey, si lo entiendes me lo explicas; el cuervo de Maléfica sobra todo el rato, las hadas son retromoguers y parecen compañeras de Froilán en tercero de diversificación. Y nuestra querida Bella durmiente… madre mía. Mira que es difícil que una princesa Disney pase los ya máximos límites de la cursilería, pero es que este pedacito de almíbar rubio consigue que Blancanieves parezca la Lore. Que niña más coñazo, por Crom.

Así que personajes cero, sin carisma, sin la mínima capacidad de crear empatía. La cosa está difícil, pero todavía puede que guardes cierta esperanza de que la trama sea una tabla de salvación.

Ah, inocente.

Vamos terminando, que ahora hago de extra en un vídeo de Cradle of Filth

Vamos terminando, que ahora hago de extra en un vídeo de Cradle of Filth

Como digo, juegan con esa idea paternalista y manipuladora de “es que no lo sabías todo” o el ruin “no te habían contado toda la historia”. Disney ha decidido tratarnos como tontitos. Mal empezamos. A base de cambios de rasante poco consistentes y humor de guardería, los perpetradores de esta cosa intentan captar tu atención en una película que dura una hora y media escasa, pero que a mí se me hizo eterna. Porque encima, por si te quedaba alguna mínima duda, Maléfica se esfuerza por ser un coñazo de proporciones gargantuescas.

Cuando parecía que los pecados de Maléfica eran suficientes, llega la señora Angelina, y añada una porción de estiércol más, en este caso, extracinematográfico. En no se qué evento público, viene la señora de Pitt, y se queda como estaba al soltar que Maléfica es una metáfora de la violación.

Make shit to yourself little parrot (para los que no entiendan los recovecos de la lengua de Chespir, cágate lorito)

A la memez y al exceso de azúcar tenemos que añadir lo pretencioso. Bravo, gentes de Disney. Que sutil, que elegancia, que humanismo. A base de juegos con princesitas os montáis un discurso sobre el drama humano de la violencia sexual contra las mujeres. Me temo que no habéis entendido un carajo del concepto de simbolismo, y hasta en intenciones os metéis un gol. Hay tal falta de dramatismo en vuestra propuesta que la estrella de la peli tiene que ir de sarao en sarao explicando lo que en vuestras cabezas funcionaba como alegoría. Os merecéis una palmadita en la espalda.

Los malos de verdad, los que aterrorizan, los que son icónicos, no necesitan una explicación. Mirad lo que ocurrió con Darth Vader. Por mi parte, no necesitaba en mi vida el concepto por el cual me entero de que el ser más tenebroso de la galaxia es producto de un síndrome de Edipo mal curado. Algo así pasa con Maléfica, que es un personaje con entidad y carisma. Gracias a esta explicación nula y buen rollera, queda reducida a un ser de humanidad mal dibujada, que resultó, en mi caso, en una apatía total hacia la protagonista.

Creo que lo peor que se le puede decir a una película no es que sea mala. Lo más terrible es decir que es innecesaria.

Maléfica lo es.