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Publicado el 26 de julio del 2014 por Capitan_Melenas en Cine
[RETROCRÍTICAS] Batman de Tim Burton (1989)

Batman cumple 75 años en 2014. En EE.UU, esta misma semana, se ha celebrado tan enorme acontecimiento con el llamado Batman Day, en honor a uno de los personajes más célebres del mundo de la viñeta. 75 años que han dado para múltiples visiones, interpretaciones y versiones del mismo héroe que, a pesar de todo, siempre ha mantenido su imagen de icono cultural, hasta el punto de que cualquiera, incluso los ajenos al cómic, reconocen perfectamente la poderosa efigie del Caballero Oscuro de Gotham City.

BatmanTimBurton275 años se traducen en miles de aventuras, de autores que han dejado su personalidad en las páginas de centenares de números de las colecciones Detective Comics o la propia Batman, por no hablar de Liga de la Justicia, Superman/Batman, o cualquiera de las cabeceras con el murciélago al frente. Son años para consolidar su impronta como símbolo en el corazón de millones de aficionados en todo el mundo, que comparten decenas de momentos en los que Batman ha sido protagonista de sus vidas.

Si seguís mis publicaciones en este manicomio virtual que es Frikis Reconocidos, algunos sabrán que lo mío con Batman roza lo patológico. Hoy confieso que gran parte de mi obsesión por la figura del cruzado de la capa tiene mucho que ver con la película que hoy comento, y del cambio rotundo que se produjo en mí durante los 120 minutos que dura la incursión de Tim Burton en el mundo de Batman.

En 1989, apenas tenía contacto con el universo DC. Los cómics que llegaban a mis manos por entonces tenían más que ver con Marvel en general, y con Spiderman en particular. Por supuesto, Batman y Superman estaban ahí, en la sombra. Incluso había visto la película Superman, de Richard Donner (cuando escriba el nombre de este señor, por favor, poneros de rodillas y repetid “no somos dignos”, anda) y sus secuelas (incluida la infame Superman IV, que justifica por sí misma el odio profundo al género de superhéroes), pero la perfección moral del Kryptoniano, tan extraterrestre él, nunca me llenó del todo.

Con Batman era distinto. Sentía fascinación por su imagen vampírica y nocturna; algo había de mágico en la idea de que un ser que parecía escapado de una pesadilla se transformaba en el defensor de los ciudadanos de Gotham. La existencia de Batman como concepto me hacía sentir seguro. No era un ser de poderes imposibles, ni un ente llegado de otro planeta. Era un hombre que, armado con determinación y voluntad, había dedicado su vida a los demás, incluso a costa de transformarse en un monstruo.

Mi imaginario de Batman consistía entonces en la versión de Neal Adams, que se había transformado en canónica desde los años 70. Poco sabía de sus coloridas interpretaciones anteriores, o de las mil vueltas conceptuales que había dado el personaje desde su creación por Bob Kane y Bill Finger en 1939.

BatmantimburtonPero llegó aquel lejano 1989. Tim Burton, un autor que ya había dejado claras sus intenciones y preferencias con la fenomenal Bitelchus, se hace con las riendas del proyecto que llevará al cine las aventuras del murciélago. El mundo entero cae presa de lo que se denominó la Batmanía, blindada con cientos de productos relacionados con la película, y un despliegue publicitario como pocos se habían visto en la historia del cine hasta entonces. Revistas que ni puestos de LSD habrían dedicado espacio a nada relacionado con el mundo del cómic, ponían a disposición de este Batman de cine páginas y páginas de promoción, fotos, entrevistas y previas (sí, chicos, es que a finales de los 80 lo de Internet era de ciencia ficción, y leíamos cosas en papel ). Hasta “Superpop”, la inmunda revista para adolescentes, regalaba un troquelado de metro y medio de este Batman Burtoniano (y sí,  me planté en el Kiosco de mi barrio a comprar la revista de marras. Ahí se quedó mi dignidad pre adolescente). Antes del estreno de la película, medio mundo estaba ansioso por ver como se traducía el bombardeo comercial en una película decente.

Batman VS JokerEntonces, llegó el día en el que, por fin, cruzaba las puertas del cine. Un cine de los de antes, con gallinero, desde donde los chicos más movidos escupían a los sufridos espectadores del patio de butacas. De esos en los que, si me sentaba cerca de la cabina de proyección, oía el sonido de la cinta de celuloide rodar a velocidad de vértigo para transformarse en magia sobre la pantalla blanca. Uno de esos cines en los que una señora, tan vetusta como la propia sala, vendía frutos secos y chucherías, que llenaban nuestros felices estómagos en los descansos; Sí, a mitad de película, cortaban para que pudieses ir al Kiosco a comprar dulces. imagina eso en una sala de hoy en día…

En fin, dejo mi rollo de abuelo cebolleta. El caso es que, con el tiempo, das importancia a los momentos en su justa medida. He olvidado muchas cosas de mi infancia. De otras, tengo imágenes más o menos borrosas, y de los menos recuerdo con definición lo ocurrido. El instante en el que empezaron los títulos de crédito de Batman es uno de esos instantes claros y visibles, como si hubiese sucedido ayer.

Batman es una película extraña, contradictoria y, en más de una ocasión, hasta ridícula. Es la apuesta personal de Tim Burton, con todas las consecuencias. El despeinado director agarra al murciélago, y lo lleva a su terreno sin concesiones, hasta el punto de que, vista en perspectiva, uno no entiende como pudo funcionar.

Me explico: este Batman de 1989 está lleno de marcianadas que no tienen mucha explicación salvo el empeño personal de Burton. Otras, me temo que son decisiones comerciales de Warner, la productora de la cinta, que se tomaron con el criterio de un niño de cinco años que se ha metido en la boca un trago de coca cola y un sobre de Peta Zetas, emocionado y sobreexcitado por su experiencia de drogadicción pre puber.

Para empezar, el casting. Nadie sabe con certeza que visión mística llevó a Burton a entender que Michael Keaton podría ser una buena elección. De aspecto anodino, sin carisma aparente, Keaton es el anti Bruce Wayne. En Bitelchus demostró una habilidad cómica de altura, pero el reto del héroe roto y misterioso no pegaba ni con cola en un tipo que parecía un exiliado de “El club de la comedia”.

BatmanTimBurton3En el otro lado del ring, Jack Nicholson. El Joker, llevado al paroxismo por el tipo que hizo de la sobreactuación su escuela, resultaba siniestro, terrible, caótico y desquiciado, y lo cierto es que no se esperaba menos del trabajo de Nicholson, encantado de conocerse en la piel del payaso del crimen. Entre medias de los dos, Kim Basinger (suspiro), una de las mujeres más bellas que se ha paseado jamás por un plató de cine. Además de esa presencia bestial, Basinger siempre ha sido una actriz más que competente. En Batman, aparte de reclamo comercial (hablamos de la época en la que esta mujer era el símbolo sexual más reconocible a lo largo de varias galaxias), hace las veces de intrépida reportera, mujer de armas tomar, e interés romántico del héroe.

Más cosas raras, la banda sonora. Por un lado, tenemos la magistral partitura de Danny Elfman, el eterno compositor de las mejores piezas del cine de Burton. Adecuado, épico, diferente y extrañamente evocador, compartía espacio sonoro con, agárrense los machos, el artista anteriormente conocido como Prince. Sí, de entre todos los músicos disponibles, a priori, el más inapropiado, histriónico e imposible para conectar con el mundo de tinieblas del héroe. Pero ahí estaba, como enésimo gancho comercial, que por aquel entonces se vendían CD´s (¿Os acordáis de este soporte? Sí, hombre, eso que se usa ahora para colgar en las ventanas y espantar a las palomas). Las canciones de Prince para esta banda sonora son de las peores que ha escrito el de Minneapolis, pero con creces. El mismo tío que compuso un disco redondo como “Purple Rain”, se marca esta cosa rara mientras piensa en la lista de la compra. Como muestra un botón. Alucinad. Luego, que vuelvan los 80… amosanda…

Lo cierto es que esta experiencia sonora da bastantes pistas de por donde iban las intenciones de Tim Burton. El colega, me temo, no se ha leído un cómic del cruzado de Gotham en la vida. Su referencias, como en toda su filmografía, son bien distintas. Burton viene de una generación que se crió delante de la televisión, y esa exposición a los clásicos catódicos, bien centrifugados en el cerebro de este eterno adolescente, dan como resultado películas como Batman. Sí, amigos, el auténtico punto de inicio para esta versión psicodélico siniestra de las aventuras del murciélago es la infame serie de los años 60, protagonizada por el inenarrable Adam West. Esta serie:

Así, con este material, Burton construye una mastodóntico espectáculo, en el que su propio mundo personal es el centro de todo el meollo. Es por eso, que todos esos elementos que he calificado de marcianos o extraños, resulta que funcionan, incluída la estridente banda sonora de Prince. Es lo genial de Batman, que es mutable, que se adapta a las pretensiones del autor. Si se respeta la esencia del héroe, ahí está Batman detrás del maquillaje.

BatmanTimburton5Burton integra el colorido pop de la serie en su prespectiva pseudo gótica, al mismo tiempo que dibuja al héroe desde el canon que en ese momento era el considerado como válido. El Batman de Burton es un hombre roto por el dolor, destrozado por el trauma de la pérdida. Solitario, vengativo, obstinado y al borde de la psicosis. Esta mezcla de ingredientes se traduce en una película de tono tambaleante, casi paródica; el dramatismo se desluce por el extraño humor negro marca de la casa, aunque de nuevo, funciona. Hasta te crees al mundano y anodino Bruce Wayne de Keaton, gracias a esos puntos de humanidad que tan bien luce el actor, por ese aspecto de tío de la calle.

El diseño de producción sigue siendo impresionante. Gotham es la pesadilla modernista surgida de un mal sueño de Gaudí, el escenario perfecto para un héroe de las sombras. Los artefactos de Batman o la Batcueva nos llevan a escenas reconocibles del mundo del cómic. Y sí, el coche molaba todo el rato.

Más polémicas, el traje de Batman. Nadie esperaba el mazacote que tenía más de armadura que del dinámico y flexible pijama de los tebeos. Parecía que Batman estaba hecho de cemento, y los fans del personaje se lanzaron a la yugular de Burton. El caso es que, sí, otra vez, la decisión funciona. Tenemos un héroe estático, pero más creible.

Burton se lo pasa en grande con su Joker, con el niño interno bailando sardana por cumplir sueños de infancia. A pesar de que es incapaz de controlar con eficacia escenas de acción (curioso que sea lo mismo que le han achacado a Nolan en su versión), resueltas con humor y exceso de luces. Le cuesta abrir plano en esos momentos y enseñar sus vergüenzas, pero estamos tan absortos por el espectáculo visual, que da un poco lo mismo.

BatmanTimburton4Batman se llevó varapalos de los buenos de la crítica, y algún que otro aplauso. Poco importa, ante la taquilla obscena que hizo a nivel mundial. Burton se consagraba, el cine de supers entraba en una nueva fase, y el cómic salía del ostracismo para transformarse en fenómeno mundial. Con el tiempo, se ha ganado el título de “de culto”, y para muchos continúa siendo el mejor Batman llevado al cine. Comenzaba una franquicia que continuaría con la excepcional Batman Vuelve (mejor incluso que esta primera entrega). En unos años, la cosa degeneraría hasta el Batman con pezones de George Clooney, pero esa es otra historia.

Para mí es algo emocional lo que tengo con esta película. Lo descubrí años después, cuando conectas puntos y pones tu vida en orden. Aquella tarde, en aquel cine viejo, que ya no existe, engullido por las multisalas impersonales, descubrí que el mundo era más grande gracias al cine, a los cómics, a Batman. Empezó mi viaje hacia todo aquello que hoy es parte esencial de mi vida. Mientras el mundo se curaba poco a poco de la batmanía, yo la abracé feliz, en lo que, supongo, será un amor incondicional hasta el fin de mis días. Aquel niño, con los ojos como platos, intimidado por el Joker, e incluso un poco por el héroe de la historia, decidió quedarse para siempre en mi cabeza. Con independencia de que este sea el mejor Batman cinematográfico, que eso va por gustos, yo digo que éste es un Batman especial, que poco tiene que ver con los cómics; tiene más del mundo obsesivo y siniestramente cómico de Burton. En mi caso, la disfruto como entonces, con todas sus rarezas.

Como un niño de 10 años.

Bonus Track: Tim Burton versión chanante, ahí, “tobizarro”. A partirse la caja…