XFORCEPORTADA
Publicado el 6 de agosto del 2014 por Capitan_Melenas en Cómic
Imposibles X-Force de Sam Humphries: La herencia de Rick Remender

Rick Remender elevó a X-Force a los altares de la excelencia. Nadie quedó indiferente a la enorme propuesta que se transformaba en un magnífico todo de 35 números, donde cada paso conducía hacia un final emocionante y trágico. Llevó a Logan y sus chicos a limites físicos y morales que nunca habían llegado a atisbar, y sus decisiones se traducían en un impactante eco a lo largo de las colecciones relacionadas con los mutantes.

Reuniendo al equipo

Reuniendo al equipo

La crítica aplaudía y los lectores se emocionaban con la intensidad narrativa que Remender imprimía a su creación; sensaciones casi desconocidas por muchos, atrapados en el insustancial juego de espejos que es el mundo del cómic USA en ocasiones. Remender ofrecía historias más grandes que la vida y personajes humanizados a pesar de los disfraces.

Ocurre que, en estos casos, el éxito a todos los niveles se transforma en una maldición, sobre todo para el pobre que hereda la colección tras tantas palmaditas en la espalda. ¿Qué se puede hacer ante la presión? ¿ Te sometes al continuismo rancio y renuncias a la sorpresa? ¿Te aferras con alegría a la novedad rupturista y descolocas al lector? Decisión difícil, que se ha cobrado más de una víctima a lo largo de los años.

Por suerte, hay autores con perspicacia de sobra para medir los tempos y acertar con la jugada. Sam Humphries es uno de ellos.

Creo que no me equivoco si digo que X-Force es el grupo mutante que más variaciones ha sufrido respecto a su planteamiento original. En principio, nacía a principios de los 90 como la radicalización de los bebés X, los recordados Nuevos Mutantes creados por Claremont. Aquella incipiente década sería recordada por muchas cosas, y casi ninguna buena, y X-Force era signo de los tiempos que se avecinaban. La colección caía en manos de Fabian Nicieza, acompañado a los lápices por el inefable Rob Liefeld, que empezaba a dar muestras de su talento (que me da la risa). Cable se hacía cargo de los jóvenes alumnos de la escuela Xavier y los transformaba en una especie de fuerza de choque paramilitar. La excusa perfecta para que Rob (¡EL ROB!) dibujase muchos músculos inexistentes y armas de un tamaño perturbador.

La siguiente encarnación del grupo caía en manos de Peter Milligan y el sensacional Mike Allred. Llena de cinismo, mala leche y ultraviolencia, Fuerza X era un desbarre acerca del poder de los medios de comunicación y la falta de responsabilidad. Divertida y bruta a partes iguales, esta etapa orquestada por Milligan es de los imprescindibles del cómic de los últimos años (por cierto, reeditado no hace mucho por Panini).

Ha vuelto. Y, para variar, está cabreado

Ha vuelto. Y, para variar, está cabreado

Vamos al equipo que nos interesa. El nuevo concepto de X-Force tiene su origen en el equipo que los autores Christopher Yost y Craig Kyle reunieron durante el evento “Complejo de mesías”. Con la raza mutante al filo del abismo, Cíclope encomendó a Lobezno la creación de un equipo dispuesto a cruzar la línea cuando fuera necesario. En circunstancias tan adversas como las vividas por los hijos del átomo en ese momento, el pacífico espíritu de la filosofía mutante quedaba en segundo plano ante las exigencias de la supervivencia pura y dura. Esta es la alineación que heredaba Rick Remender cuando se puso al frente de la cabecera, y a partir de esa historia previa, daba una lección de narrativa secuencial durante 35 números que quedan para el recuerdo como una de las mejores etapas jamás concebidas para una colección mutante. La historia de Remender se sustentaba en tramas ya conocidas para introducir una cantidad considerable de sorpresas y novedades, hasta el punto de que se puede considerar su estancia al frente de X-Force como uno de los pilares sobre los que gira al mundo mutante en la actualidad. No vamos a entrar en el análisis pormenorizado de este excelente periodo, porque de lo que hablamos hoy es del día después, del momento en el que Sam Humphries acepta el reto de continuar la historia de este extraño grupo de operaciones encubiertas.

Humphries no es, precisamente, una de las grandes estrellas de la Casa de las Ideas. Su carrera es más bien discreta, pero, cuando uno repasa sus grandes éxitos, se entiende que no es por falta de talento. El problema es que Humphries es un escritor especial, que apuesta fuerte, armado de propuestas que no dejan indiferente. Hemos visto el despliegue de imaginación de este guionista en, por ejemplo, The Ultimates, donde transformó el tumor de Tony Stark en un ente vivo capaz de desarrollar una relación de simbiosis con su huésped. Ya dio que hablar en su etapa independiente con la explícita “Our love is real”, donde trabajaba el concepto del sexo sin tabúes, tema que también se incluye en sus X-Force.

Cariño, no es lo que parece

Cariño, no es lo que parece

Nadie mejor que él para dejar atrás el pasado y, al mismo tiempo, conservar la esencia de la marcada personalidad que Remender imprimió a su equipo. Humphries juega con los hechos recientes de los hombres X y los pasa por su loca coctelera personal, arrasando a su paso con cualquier convencionalismo que esperemos de un cómic mainstream.

Para empezar, los miembros del equipo son tan inesperados como sorprendentes, y arrastra a su terreno a gente como Tormenta, un macarra de mucho cuidado como Puck (ex Alpha Flight), la asesina ninja de Mundomojo Espiral, y al mismo tiempo explora las consecuencias de los hechos recientes de la colección al conservar a Mariposa Mental y las tres personalidades de Fantomex, encarnadas en cuerpos diferentes.

Entre los desafíos que afronta este renovado equipo, el regreso de Bishop, que no despierta simpatías precisamente entre los mutantes tras su posicionamiento en “Complejo de Mesías”. Regresa del futuro con las malas pulgas de siempre, pero el problema es que no lo hace solo. La oscura sombra del futuro se asoma en el presente de los mutantes, con el regreso de una vieja conocida de la etapa de Grant Morrison en sus New X-Men (otra de las referencias claras de Humphries, aparte de Remender).

Pero, sobre todo, tenemos una protagonista principal brillante en Mariposa Mental, personaje que Humphries se encarga de diseccionar emocionalmente desde el primer momento. Se bucea sin tapujos en la naturaleza de la oscura heroína mutante, y el escritor se lo pasa en grande estableciendo una perversa relación a cuatro bandas con los tres Fantomex resultantes del final de la etapa de Remender. Los tres cerebros encerrados en el mismo cuerpo se han ganado el derecho a la independencia, pero claro, los tres están enamorados de la misma mujer. Sí, incluida la versión femenina del misterioso ladrón mutante, Cluster. Humphries se enfrente sin tapujos a esta situación, y nos ofrece un arco argumental tan divertido como sexy. Mariposa Mental entra en un peligroso juego de humo y espejos, como no puede ser de otra forma con un rey de las ilusiones como Fantomex.

Para cerrar su círculo de introspección forzosa, Mariposa Mental y sus compañeros tendrán que hacer frente a sus sombras, creadas por La Reina Lechuza. Mirar de frente a su oscuridad es el último gran desafío de la mortal asesina ninja.

Entre medias, mucha diversión, el oso demonio (maravilloso concepto ideado por Claremont en sus lejanos Nuevos Mutantes, que era una gozada dibujado por Bill Sienkiewicz) peleas con Katanas y la sensación de que estás en una montaña rusa a toda velocidad.

Contra el Oso Demonio. Me flipa.

Contra el Oso Demonio. Me flipa.

No tiene nada que ver con la anterior encarnación perpetrada por Remender, y se agradece. Gracias a su atrevimiento y descaro, tiene personalidad propia, dinamismo, ritmo y un tono que se adapta a las situaciones de Humphries sin resultar tambaleante o grotesco. No va a cambiar la historia del cómic, pero es esa falta de pretensiones las que da valor a esta propuesta, porque es diversión pura y dura, acompañada del grado justo de excentricidad.

El apartado gráfico es una sucesión de dibujantes que se apuntan a la fiesta. destaca Ron Garney, artista con una buena cantidad de recursos en la manga. No se esconde ninguno, y se lo pasa en grande. Adrian Alphona y Dexter Soy nos dan una lección de composición de página y sentido del ritmo. El primero se reserva, al mismo tiempo, las escenas de cama entre Mariposa Mental y su dúo de embaucadores Fantomex (pistolas desenfundadas incluidas, redefiniendo el concepto de trío)

Nadie hablará mucho de esta etapa. Tiene la maldición de la excelencia de su predecesora y su alargada sombra. Pero me apetece reivindicar la divertida pequeñez, consciente y buscada, que ha resultado esta propuesta capitaneada por Sam Humphries. El autor se despedirá de la colección dentro de muy poco, en cuanto culmine el encuentro con los otros X-Force que publica Marvel ahora mismo, que tiene a Cable como cabeza visible del equipo.

Echaremos de menos a un tipo lo bastante respetuoso como para entender la magnitud del pasado reciente y al mismo tiempo no sentirse abrumado por esa herencia. Yo me lo he pasado en grande.