barcos
Publicado el 15 de octubre del 2014 por Germánico en Ludoteca
Jugando que es Gerundio: Port Royal

Sí, lo sé, frikis míos, parecía que os tenía abandonados cual Hänsel y Gretel en el Bosque. Es posible que no hubiera Bruja al fin del camino que os quisiera devorar, pero venga, reconocedlo, me echábais de menos. Yo como soy un chico duro no tengo sentimientos.

El caso es que hace mucho de mi última reseña y es hasta posible que haya perdido mi (poca) habilidad en esto de escribir opiniones sobre juegos y demás. Sea como fuere, he escogido para este mi regreso (me siento como un Jedi o un Rey, ya sabéis, retornando) un juego pequeño pero que a la vez es muy grande: Port Royal.

1011975_10204563227027872_632697262382409693_n

Arrrrr, Marineros! Juguemos!

Port Royal es un juego de mecánica sencilla diseñado por Alexander Pfister y publicado por Pegasus en el que los jugadores, como buenos Lobos de Mar, tras beberse una buena botella de ron, deberán conseguir 12 puntos para ganar la partida.

Aquí la suerte necesita estar de nuestro lado, amigos, porque nos la jugaremos en cada abordaje de cartas que hagamos y si la cosa sale mal caeremos al mar directos a las fauces de un hambriento tiburón.

Empecemos por el principio, con las cartas que incluyen en la caja:

60 cartas de personaje (10 comerciantes, 5 colonos, 5 capitanes, 5 sacerdotes, 3 comodines, 10 marineros, 3 piratas, 4 mademoiselles, 5 bufones, 6 almirantes Y 4 gobernadores).

6 Expediciones

– 4 Cartas de impuestos

– 50 barcos (10 de cada color)

Pero, ¿cómo se juega?

Bien, hagamos un pequeño resumen de la mecánica: Se barajan todas las cartas y se colocan boca abajo formando un mazo. Se reparten tres cartas a cada jugador (también bocaabajo) que serán las monedas de oro (quizá conseguidas abordando un navío inglés allá por el Caribe). Tras este pequeño reparto del botín, un jugador tomará el timón de la partida.

cartasEn su turno, el jugador irá sacando cartas del mazo de una en una y las irá colocando en el centro de la mesa hasta que se planta o hasta que salen dos Galeones del mismo color, por lo que el jugador pierde el turno. Algo muy divertido es que si de las cartas que están encima de la mesa hay algún jugador interesado en alguna, deberá repartir o bien las ganancias con el jugador activo, o pagarle por coger una de esas cartas.

Una vez acabado su turno, pasará las cartas al jugador que se encuentra a babor, y así, hasta hacer puntos: las cartas de barcos darán dinero, las de Impuestos robarán dinero de los jugadores más ricos, y las cartas de personaje dan ventajas  (Combatir barcos, posibilidades de conseguir llevar a cabo una expedición, comprar personajes más baratos…) y algunos también darán puntos. Así, a grandes rasgos.

El juego es divertido, una partida apenas dura media hora y además da muchas opciones. El hecho de buscar el riesgo para grandes logros como si fuéramos un Pirata sediento de oro y ron, o el poder jugar de una forma más defensiva sin arriesgar como un Almirante de la Flota, da muchas opciones. Hay quien buscará hacer puntos con personajes, otros completar expedciones y otros… otros estarán ahí para molestar si ven que la partida está perdida: morir mordiendo.

Es el juego perfecto para jugar con no-jugones, o para ese momento anterior a otro juego más complejo. Incluso para ese sábado tarde mientras esperas con un par de amigos la cena que has pedido (con fruta, especialmente limones y naranjas, no vayamos a pillar escorbuto).

En fin marineros: ¡Arriad el foque! ¡Orzad a estribor! ¡Abatid el palo de Mesana! Y que la partida de Royal Port os lleve a buen puerto.