Publicado el 3 de Diciembre del 2014 por Germánico en Libros
Hablemos de Libros: 13 Balas.

4675-1La vida es lo que tiene, frikis míos: a veces, por mucho que nos guste, no podemos estar leyendo libros como locos insensatos, volviéndonos locos cual Quijotes Reconocidos… Pero de vez en cuando, intentando luchar contra la no-muerte, sacas algo de tiempo para leer novelas tan curiosas como esta, 13 Balas, escrita por el autor estadounidense David Wellington.

La acción ocurre en Pensilvania, en 2003, en un mundo que es como el nuestro pero en el que se dan por supuesto que lo sobrenatural existe… Sin embargo, según la versión oficial, parecía que los vampiros se habían extinguido en los años 80 cuando el agente del FBI Arkeley se enfrentó al último de ellos en un combate que a punto estuvo de acabar también con su vida.

Vamos, que todo parecía precioso hasta que una tal agente Caxton hace una llamada porque están pasando unas cosas un tanto extrañas. Sólo el agente Arkeley sabe a qué se enfrentan: un vampiro queda con vida, uno que quiere liarla parda.

A partir de ahí la novela será una sucesión de acción, de intriga y de suspense, de sangre y vísceras, de taquicardias y nervios de acero. Vamos, que nos os voy a contar nada más relativo a la trama para no cargarme la historia: se supone que esto lo hago para que os pique el gusanillo de la lectura sana.

En fin, que como de costumbre me voy por los cerros de Úbeda. 

Nunca he sido un gran fan del vampirismo, la verdad. Preferí siempre unos buenos zombies devorando todo lo que se ponía a su paso que un hermoso vampiro que luchara contra la sed de sangre; y mejor no hablemos de aquellos que parece que lloran purpurina. Sin embargo en esta novela, Wellington hace una pequeña revisión del mito para traernos a unos seres escalofriantes que pierden toda humanidad, que se convierten en bestias albinas de orejas puntiagudas, fuerza y resistencia sobrehumanas, con unas hileras de dientes que les asemejan a tiburones y que no sienten ningún remordimiento. Son criaturas sedientas de sangre que cometen verdaderas carnicerías donde los miembros cercenados, cuerpos abiertos en canal y decoraciones grotescas con sus huesos están a la orden del día.

En el transcurso de la novela, Arkeley, Caxton y los Vampiros van compartiendo protagonismo, ya sea de una forma o de otra. Bien es verdad que los personajes no son los mejores que me he encontrado últimamente entre las páginas de un libro, pero cumplen su función a la perfección (aunque a veces el autor tire del arquetipo). Hay otros personajes que merecen mención: Urie Polder, la adorable agente Clara y la artista atormentada Deanna. Pero la joya de la corona, creo yo, es un personaje con una historia interesante y que creo que dará mucho de lo que hablar: Malvern.

La trama policial en la que los dos agentes van tras la caza de unos criminales poco comunes hace cambiar la perspectiva, una vez más, de este mundo de chupasangres. Es frenética, pensada, salvaje en ocasiones. No es de terror, eso está claro, ya que miedo no se siente en ningún momento, pero al mantener la tensión y la curiosidad del lector, entre víscera y víscera, cumple la función. Incluso tenemos momentos de repaso sobre la condición humana, sobre la soledad, la nada. Y hasta un poco de romanticismo que no es el típico al que estamos acostumbrados y que he de decir, el autor ha sabido llevar muy bien.

Si tenéis ganas de tener una lectura para un par de días un tanto distinta de lo que estamos acostumbrados a novelas de vampiros, os recomiendo este libro publicado por la editorial Minotauro.

Y si encima os encanta, siempre podéis seguir con la saga vampírica de Wellington que se continúa con otros cuatro títulos: 99 Coffins, Vampire Zero, 23 Hours, 32 Fangs. Se conoce que un título sin números no es lo suyo. Eso sí, seguramente las lea ya por pura curiosidad.

Tenéis 13 balas en vuestra pistola, ninguna en la recámara, y la Muerte se acerca. Gastadlas con sabiduría.