Publicado el 20 de Mayo del 2015 por Germánico en Libros
Hablemos de Libros: Las Horas Perdidas.

5/5

Que últimamente no soy una constante en esta web nadie lo duda.  Los avatares del destino y de la vida, así en general, me hacen a veces apartarme de la senda del frikismo reconocido. Pero hay cosas que siempre regresan. Retornan.

Y esta vez el retorno no es ni del Rey ni del Jedi, ni tan siquiera de este vuestro redactor: hoy, el retorno viene de la mano de Víctor Blázquez, un escritor que desde que publicara allá por el año 2012 su primera novela titulada El Cuarto Jinete, he seguido con curiosidad. No por la calle, eso sería perturbador, pero sí por los maravillosos mundo de internet y leyéndome todo lo que sacaba y tenía suerte de llegar a mis manos.

Así que cuando hace unos meses Blázquez se atrevió a dar salida a una historia inquietante mediante un Crowfunding que, además, serviría para recaudar dinero para traer a una de las niñas de la Asociación Benéfica Miguel Vacas, no dudé ni un solo instante: ese libro tenía que ser mío. No sólo colaboraría con una labor humanitaria, sino que además, de regalo, tendría algo que llevarme al cerebro en forma de lectura apasionante. Y aquí lo tengo, frente a mí, mientras comienzo la reseña.

verkami_2dab0c72b865c85daa7bb43b862fb7edLas Horas Perdidas es un compendio de relatos cortos inquietantes, perturbadores, escalofriantes, terroríficos y angustiosos nacidos de la mano de un “cabrón del thriller” (cada vez que acabo un libro suyo siento unas ganas irrefrenables de pegarle un puñetazo en la cara, por hacérmelo pasar tan mal. George Martin es un blando comparado con Blázquez, que lo sepáis), que disfruta haciéndonos sufrir, mordernos las uñas y maldecir a todos y cada uno de los dioses que podamos conocer.

Entre esos relatos me gustaría destacar alguno en concreto:

– Las Horas Perdidas: aquella historia que da título al libro se merece la primera mención especial, pues es, por decirlo de algún modo, la joya de la corona. Con ese estilo tan característico de Blázquez, el escritor nos presenta a un tal Nicolás que celebra su cumpleaños con su familia perfecta. Aquella noche es especial, sobretodo porque será la última de una vida normal: a la mañana siguiente cuando despierta la mujer que yace a su lado es una extraña pero, que de alguna forma, no deja de ser su esposa: se comporta igual que ella, piensa igual, recuerda lo mismo peeeero, ay, frikis míos, su físico ha cambiado por completo. Si bien yo no le veo el problema (especialmente cuando su esposa es una pelirroja buenorra o una diosa nórdica), el pobre Nicolás cree volverse loco… ¿Ha fallado algo en su cabeza? ¿Hay algo más grande que está teniendo lugar? Y hasta aquí puedo leer.

– La Ciega: un relato de terror clásico, por describirlo de algún modo: leyenda urbana, mal rollismo, una especie de “no hay huevos”. Deja un sabor intranquilo en la boca y una curiosidad mortal para saber si  la leyenda urbana que describe Blázquez es real. De momento he preferido no comprobarlo.

– Una voz dulce: este en concreto fue para mí todo un deleite. Es un relato redondo que tiene absolutamente todo lo necesario para sacar de él una novela entera. El escritor se atrinchera en unas pocas páginas con el firme deseo de darlo todo antes de que llegue el final, hacernos pagar caro nuestra (su) osadía. Amor perdido, belleza, musicalidad, horror. Sangre, muerte y desesperación. Vileza, venganza cósmica, lágrimas y erecciones. Cómo ha conseguido juntar tanto en tan poco espacio es casi un misterio, pero un misterio delicioso que, tras acabar el libro, volví a saborear.

Junto a ellos, coexisten varios relatos Z que bien podrían ser capítulos que no pudieron ser parte de su trilogía El Cuarto Jinete; haciendo gala de su magistral forma de contar las cosas Blázquez nos vuelve a llevar al universo de los zombificados para sacarnos una carcajada gutural y sanguinaria al comprobar que, a veces, la propia naturaleza humana es nuestro peor enemigo. O nuestro mayor aliado. Y no sólo se atreve con relatos zombies, terroríficos, thrillers… si no que no sorprende, además, con una historia atípica, una suerte de reflexión de la sociedad actual, gris y triste, a la que sucumbimos todos.

Como corolario de esta antología de pedazos de locura tenemos dos relatos que vienen de por libre, Amaia de Cristina Ballesteros (sólo puedo decir: perturbador. Creo que no volveré a no hacerle caso a mis padres en la vida) y El lamento de los vivos de Miguel Aguerralde (una delicia de relato que recuerda al cine negro con toques de acidez irlandesa y fantasía. Dos deliciosos bocados para acabar una lectura que, de arriba a abajo, de adelante a atrás, deja sin respiración, con un corazón taquicárdico y, por supuesto, queriendo más.

En fin, frikis míos, esta antología es más que recomendable. Su ritmo frenético, su propio campo gravitatorio, esa forma de hacer la envolvente que tiene Víctor Blázquez y a la que, una y otra vez, sucumbo, hace de este libro una delicia.

Ahora sólo queda adentrase en las horas perdidas…