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Publicado el 28 de mayo del 2015 por Capitan_Melenas en Cine
[CRÍTICAS] Mad Max: Furia en la carretera

Chicos y chicas, es hora de revolucionar el motor a tope, porque el bueno de Max Rockatansky ha vuelto por la puerta grande. Hace unos días revisamos la primera película, que daba inicio a la saga, pero ya entramos en faena con el retorno del loco Max a los cines de todo el mundo.

Mad max Lecter

Mad max Lecter

La trilogía precedente dejó al personaje en un limbo narrativo bastante confuso, gracias a una de las películas más equivocas de la historia del cine ochentero. Si la cosa empezó con un western moderno y muy sórdido, y continuó con la aventura post apocalíptica por antonomasia, la tercera entrega de las aventuras de Max era un desastre de aquí te espero con más presupuesto que cabeza. Más allá de la Cúpula del Trueno, era un mejunje de géneros sin mucha coherencia, que intentaba cerrar el camino del héroe con un episodio de redención en un mundo sin esperanza. Por ahí andaba Tina Turner disfrazada de Caballero del Zodiaco, y Mel Gibson se vestía del mítico personaje transformado en una especie de Peter Pan atrapado en la versión moñas de El señor de las Moscas. Parecía el canto del cisne de la saga, que había perdido el norte y el interés.

Pero el tiempo pasa. George Miller, el creador de la trilogía original, se quedó con la miel en los labios. Su carrera siguió derroteros muy diferentes a los iniciales, y en su haber tiene éxitos comerciales como Babe, el cerdito valiente, e incluso un Oscar con Happy Feet. Pero el cuerpo le pide marcha. Al final, los rumores con un clamor y el proyecto toma forma: Miller vuelve a casa; la nueva entrega de Mad Max era una realidad. Los fans de aquella saga primigenia aplauden con las orejas de emoción. ¿Ha merecido la pena la espera? Yo digo que sí. Mad Max: Furia en la carretera es una gozada de principio a fin.

Operación salida

Operación salida

Este nuevo Mad Max no engaña a nadie, y da lo que prometía en todos los aspectos, con el añadido de un director que está a años luz de aquel jovenzuelo con presupuesto irrisorio que creó al personaje a finales de los 70. Aquí tenemos a un tipo con años de experiencia, que sabe perfectamente que película quiere, y con una cantidad de dinero obscena para que eso resulte posible. Resultado, casi dos horas de emoción e intensidad sin respiro, una auténtica lección de ritmo cinematográfico construida sobre la base más sólida para una película de acción: que disfrutes cada minuto de metraje y salgas del cine con la sensación de que ha merecido la pena el desembolso de tus preciados euros, tan acostumbrados a desperdiciarse en tontunas infames.

Miller apenas necesita unos segundos de introducción, y la maquinaria se pone en marcha. Antes de que pasen los primeros cinco minutos, todo transcurre a velocidad de vértigo, Miller está metido en faena y ya no se sale de su plan ni para el cigarrito de después. Aquí se pisa el acelerador y la premisa es siempre hacia delante, con todas las consecuencias. A base de acción a raudales, casi a tiempo real, Mad Max vuelve a ser una macarrada de muchos quilates, que a veces roza el absurdo autoparódico, a conciencia, con la sana intención de ser un divertimento sin más pretensiones que devolver al cine de acción a un estado primigenio, el que nos emocionaba y no hacía vibrar antes de cosas mentecatas como la saga Fast and Furious.

La partida de Guitar Hero más bruta de la historia

La partida de Guitar Hero más bruta de la historia

Lo que pasa es que Miller hace que su película funcione sostenida en un pilar, en principio, bastante criticable, como es la economía narrativa. Me da la impresión de que el guión literario de esta película no tiene más de 30 páginas, y cosas como el contexto o la evolución de personajes está metida un poco con calzador. Pero a esto digo, que me da lo mismo. El espectáculo que recibo a cambio es trepidante y más que satisfactorio, y no me hacen falta diálogos ridículos o un profundo trabajo de las emociones si lo que me pide el cuerpo es ver coches muy locos hacer pum. Hay que ser justo y consecuente con las películas que vemos, y este Mad Max no se sale un ápice de los esquemas de la saga primigenia. Es más, cuando se quiso poner trascendente, Miller se estacó un petardo de mucho cuidado en la tercera entrega anteriormente citada.  En Furia en la carretera, el director vuelve a ese mundo que tanto se esforzó en presentar en Más allá de la Cúpula del Trueno, lo reduce al mínimo, y funciona mucho mejor. Es un mundo árido, podrido, corrupto, en el que sociópatas de tres al cuarto se han convertido en el referente moral de las cenizas de la sociedad. No necesitamos saber más. Sólo que hay que huir muy lejos de los lobos.

Aquí mando yo, nene

Aquí mando yo, nene

Miller mira al cine de entonces, arenoso y áspero, la época en la que nació su Mad Max, u otros referentes de esta peli como The Warriors (¿Soy el único que ve la conexión? El rollo escapada perseguido por tipos pintorescos, salvando las distancias, me recuerda de lejos a la fenomenal película de Walter Hill). Fiel a sí mismo hasta las últimas consecuencias pero con la conciencia de ser uan película del siglo XXI. Ese es el gran triunfo de Mad Max, que es una obra que roza lo artesanal, que tiene alma y no trata a su público con condescendencia. Miller no se ha conformado, y por eso el resultado final es tan agradecido.

Cosas que no me han convencido… el propio Max. Hardy está fenómeno en su puesto, y nos regala un personaje con presencia. Mel Gibson ya está muy yayo (y muy ido de la olla) como para retomar al guerrero de la carretera, así que Hardy se hace con los galones de manera muy eficiente. El problema es que Max es una excusa para que las cosas ocurran. Acaba en todo el conflicto por puro accidente, hasta el punto de que si le sacas de la película, la historia como tal no sufriría muchos cambios. Pero claro, la cosa es que, quizá, esta no sea una película de Mad Max.

La auténtica protagonista de toda esta historia es Furiosa, el personaje interpretado por la poderosa Charlize Theron. Esta historia es su viaje a la redención, su lucha, en la que Max es un invitado, un reflejo de su propia carga. Theron se come la pantalla, se pone la película a las espaldas, y oculta todo lo malo de esta película tras su actuación, serie y deslumbrante a pesar de lo delirante del desarrollo de la película. En medio de una persecución constante de hora y pico, Theron nos recuerda lo muy en serio que se está tomando todo el mundo este espectáculo. Mad Max ha conseguido que tras su apariencia de simpleza estructural, reconozcamos a algunos de los personajes femeninos más potentes de la historia del cine de acción reciente, sin chorradas, sin excusas. Furiosa entre en el Olimpo de las grandes del cine palomitero, con Sarah Connor, la teniente Ripley y Trinity, de Matrix. Que cunda el ejemplo.

Mad-Max-Inmortal-Joe

La cara de Alonso tras otro fallo mecánico

Cuando Mad Max termina, estás agotado. Porque lo que te ha ofrecido es un rato de alta intensidad. No te has dado cuenta de lo agarrotado que estás hasta el último título de crédito, y más de uno tendrá un buen bajón después de la descarga de adrenalina. El cine de acción se salva este año gracias a Fury Road, después de que Fast And Furius 7 resultase, oh sorpresa, una chorrada de primer orden y Los Vengadores: La Era de Ultrón no fuese la experiencia definitiva que esperábamos todos.

Habrá secuela. A ver si no hay delirios creativos, y siguen la senda.