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Publicado el 30 de mayo del 2015 por Capitan_Melenas en Cómic
Caballero Luna: De entre los muertos
Reconciliación familiar

Reconciliación familiar

El puño de Khonshu vuelve a casa. De nuevo, resurge de entre las sombras, del filo de la locura, del enfrentamiento brutal contra sus demonios. Es su enésima resurrección, destinado a esa etiqueta gracias a la que sobreviven muchos personajes, de culto. A pesar de su esencia como eterno segundón, lo cierto es que siempre está ahí, de una manera u otra, con una azarosa vida editorial a sus espaldas cuyo origen se remonta a mediados de los 70, cuando hizo su primera aparición en la colección Werewolf by night. Su entrada fue tan rotunda que incluso contó con una exitosa colección propia. Dos leyendas al frente: Dough Moench se encargaba de los guiones y el genial Bill Sienkiewicz del apartado artístico. Un tiempo en el que, se decía, quizá con mucho acierto, que para leer una buena aventura de Batman había que encontrarlas en las viñetas de Caballero Luna.

La verdad es que hay muchos puntos en común entre el guardián de Gotham y el Caballero Luna. Ambos son millonarios sin ningún tipo de poder más allá del entrenamiento que los han llevado a la perfección física. Los dos héroes gastan cantidades ingentes de dinero en la creación de cachibaches e ingenios que ayudan en la cruzada contra el crimen, y hacen gala de una aguda y sofisticada inteligencia. La diferencia es que Batman controla sus neurosis con cierto esfuerzo, mientras que Marc Spector ha abrazado su locura con alegría suicida.

De hecho, este paseo constante por el desequilibrio mental ha protagonizado las recientes apariciones de este personaje en su propia cabecera. De una manera u otra, los encargados de sus correrías han decidido centrar las peripecias del Caballero Luna en su desquiciado mundo personal, hasta el punto de que, después de muchos giros de la misma tuerca, empezaba a resultar un pesado tanto desbarre emocional,

Le gusta que le vean venir

Le gusta que le vean venir

Lo último que sabíamos de Spector es que estaba en manos de Brian Michael Bendis y Alex Maleev. En su momento, los fanáticos del personaje aplaudimos emocionados la entrada de estos dos autores como encargados de la resurrección editorial del Caballero Luna. Ambos venían de trabajar un personaje con bastantes similitudes en el tono como Daredevil, etapa que puso de nuevo al protector de Hell´s Kitchen en lo más alto de Marvel, tras muchos años de sonadas equivocaciones. Todos pusimos fe en Bendis Y Maleev, para que, por lo menos, hiciesen algo parecido con el puño de Khonshu. El problema fue que el resultado final era bastante insatisfactorio, por ser amables.

La concepción de Bendis del personaje no difería mucho de otras interpretaciones, y acabó en lugares comunes, a pesar de los cambios de contexto. El aplaudido escritor incidía en la idea que todos tenemos clara: Marc Spector está como una cabra, y su mente es una fiesta entre múltiples personalidades. Nada nuevo bajo el sol.

Entonces, Marvel decide que es momento de una nueva oportunidad editorial para Caballero Luna. La editorial ha encontrado un gran equilibrio entre pelotazos ultra comerciales que son la base de su apuesta, y otros productos más pequeños, dirigidos a ese público que busca algo diferente al cómic de superhéroes al uso. De este concepto han salido aciertos tan importantes como Hulka, el genial nuevo periplo de Estela Plateada, la maravillosa Capitana Marvel de Kelly Sue DeConnick (imprescindible) o este Caballero Luna con Warren Ellis al frente.

Durante una época, mi teoría era que Ellis vivía conectado a un gotero de café, por lo que no dormía y por lo tanto podía escribir al ritmo que lo hacía. Se paseó triunfante por las editoriales más punteras del medio, el escritor británico dejó claro su alucinógeno punto de vista, tan elegante como gamberro, en colecciones imprescindibles como The Authority, Planetary (leed este cómic, niños y niñas), mezclado con trabajos para las grandes, como su saga Extremis para Iron Man. Obras independientes, novelas, adaptaciones al cine… un no parar.

Ponte traje

Ponte traje

Parece que en los últimos años ha bajado el ritmo, cosa normal, y ahora mide un poco más el tipo de proyecto al que dedica su tiempo. Para su retorno a Marvel, ha esogido un enfoque tan clásico como impactante del Caballero Luna.

Ellis hace que el Caballero Luna regrese a Manhattan, tras su accidentado paso por la costa oeste. A partir de ahí, el escritor hace una extraña mezcla entre la revisión de la psique del personaje con la acción a raudales, de manera mucho más sutil y talentosa que el enésimo viaje a los infiernos protagonizado por Spector y sus personalidades desbocadas. Para empezar, Ellis trabaja el viaje por el filo sin caer en lo evidente, y mantiene un astuto equilibrio entre Khonshu, un dios mucho más comedido que anteriores encarnaciones, y su avatar. Parece que han llegado a un encuentro, a la aceptación de los demonios que ambos representan por separado. Con dos golpes de efecto muy oportunos, Ellis zanja el tema, y puede permitirse la evolución del personaje desde un punto de vista externo, gracias a episodios en apariencia independientes, pero que tienen una línea argumental más o menos visible.

Otro gran acierto es el cambio estético del personaje, adaptado a su condición de héroe urbano. De cuando en cuando regresa a su atuendo típico, pero le veremos adoptar nueva apariencia dependiendo de la situación, desde el elegante traje blanco a una armadura espiritual para luchar contra fantasmas punkis (las cosas del amigo Warren, que le funciona así la cabeza). Ellis retoma la personalidad de Caballero Luna como un excelente detective a pie de calle, y, sí, otra vez recuerda a un Batman desquiciado y de blanco. Porque a nuestro protagonista de hoy no le gustan las sombras, Prefiere que le vean venir.

Acción de la que duele

Acción de la que duele

Para el órdago conceptual que se ha montado, tan centrado en los momentos físicos y de acción, Ellis se ha buscado un compinche de lujo. El artista irlandés Declan Shalvey es el encargado de los lápices de la colección, armado de un estilo muy personal, duro y esquemático, perfecto para esas demostraciones de violencia e intercambio de puñetazos. Hay ocasiones en las que las intenciones de Ellis y Shalvey quedan perfectamente claras, y nos recuerdan al tipo de escenas que veríamos en películas como The Raid. De hecho, hay una episodio entero dedicado al asalto, a pelo, de un edificio lleno de esbirros, que tiene su referencia evidente en estas películas en las que el espacio es tan protagonista.

Shalvey hace un interesantísimo despliegue de recursos, muy acertado en la elección de las decisiones visuales adecuadas a cada propuesta de Ellis, que ofrece un cómic muy variado e impredecible. Incluso nos proponen un viaje a un mundo onírico de lo más desquiciado, donde también queda patente el talento del colorista Jordie Belaire, que está a un nivel portentoso en este volumen.

La estrategia elegida por Ellis funciona. Nos devuelve al personaje a pie de calle, enfrentado amenazas nocturnas y sorprendentes, como protector de los viajeros de la noche. La variedad de la propuesta nos devuelve al mejor Ellis, al tipo que se divierte escribiendo cómics y es capaz de transmitir esa sensación al lector.

Admito que lo mío con este personaje es un poco enfermizo, y roza el fetichismo. Me parece que el potencial del puño de Khonshu es infinito, por lo que me alegra mucho que por fin tenga un equipo artístico al frente que entienda el tono que funciona para Marc Spector. Es una pena que la aventura dure sólo 6 números, recogidos en este volumen. Esperemos que los herederos de la colección sepan manejar al Caballero Luna con la misma soltura y atrevimiento.