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Publicado el 14 de junio del 2015 por Capitan_Melenas en Cine
[Críticas] It Follows
El horror no tiene cara

El horror no tiene cara

Parece que el cine de terror todavía guarda algo de crédito. Posiblemente, hablamos de uno de los géneros más explotados y maltratados por la industria del cine, que año tras año nos regala una cantidad considerable de bosta de la más inmunda calaña con la excusa del susto fácil. Este desastre no es solo competencia de los grandes estudios, atrapados en el bucle de la secuela y el remake; las producciones pequeñas e independientes no se salvan de la quema, y la normalidad es la imitación, pero en cutre y miserable, de los modelos instaurados por las productoras más potentes.

A pesar de este desolador panorama, queda un resquicio para la esperanza. llevamos unos años en los que, al menos, un par de películas se salvan de la quema, y regala a los fanáticos del género, entre los que me encuentro, una experiencia remarcable. De entre la mediocridad se alzan películas que apuestan por la diferencia, que se atreven a dar una vuelta de tuerca a lo que ya hemos visto con valentía. Gracias a su puesta en escena o punto de vista, podemos recrearnos con algunos filmes cuyos creadores se niegan a tirar la toalla. El año pasado vimos The Babadook, una tensa visita a los pozos más profundos de la depresión en forma de siniestro cuento infantil. Este año, tenemos It Follows.

Hasta el cartel promocional es bueno

Hasta el cartel promocional es bueno

It Follows no te va a ofrecer nada nuevo, pero la forma en la que te cuenta esta historia de entrada a lo bestia en la edad adulta es donde reside la auténtica novedad de la propuesta. Al fin y al cabo, It Follows recupera para el siglo XXI el modelo de slasher que triunfó en los años 70 y 80, y lo hace con la mirada puesta en lo maestros del género. Lo bueno de este ejercicio de nostalgia es que evita de manera brillante la caída en los tópicos más hirientes de este subgénero, y los usa con inteligencia para beneficio propio. Bordea con sensibilidad los clichés para transformar la enésima masacre adolescente en una angustiosa huida a ninguna parte.

La película de David Robert Mitchell tiene la astucia de reconocer que clase de película es. No hay pretenciosidad, ni juegos de artificio meta ficcionales, ni excusas baratas del tipo “queríamos hacer cine de terror pero sin ser cine de terror”, al que tanto nos han acostumbrado ciertos experimentos postmodernos (y extremadamente aburridos). It Follows tiene todos los elementos del género, admite sus reglas, y tiene la inteligencia de llevarlas a su terreno, gracias a una apuesta visual de primer orden. Robert Mitchell conjuga el ambiente sórdido y destructivo con algunas imágenes extrañamente bellas, que rozan en algunos momentos algo parecido a la poesía.

Esto es porque el director tiene respeto por dos aspectos fundamentales de su relato: la historia y los personajes. Parece una tontería, sí, pero no todos los que se ponen detrás de la cámara tienen en cuenta esta clase de cosas. El cine de terror se ha vuelto cómodo y domesticado, reducido a la mínima con sustos basados en repetitivos trucos de feria. Robert Mitchell consigue que su película incomode, pero a diferencia de directores más complacientes, combina de manera brillante los efectos sonoros con los silencios, que a veces dan más empaque al susto de turno que la irritante manipulación del ruido. Se puede permitir estas cosas porque consigue algo importante: que sus personajes nos importen de verdad.

Adolescentes ante lo desconocido

Adolescentes ante lo desconocido

Los protagonistas de It Follows son reales, reconocibles. El contexto que Robert Mitchell construye es deprimente, desolador, pero terriblemente real. La historia de espíritus vengativos se acomoda a la cutrez de barrio wasp en el Detroit abandonado y fantasmal de la crisis. Los chicos son víctimas de su propio entorno, que el director construye con pequeños detalles, insinuaciones, invitándonos a meternos en la intimidad de este grupo de chicos que mantienen algo parecido a la inocencia adolescente en medio de la decadente estampa. A pesar de su condición de slasher, It Follows se niega a que sus personajes sean carne de cañón o gritones sacrificios para el envilecido público. Aspira a la identidad de sus protagonistas, a que nos preocupe la extravagante experiencia que descoloca sus vidas y los pone en peligro. Son humanos, se preocupan los unos de los otros, a pesar de lo imposible de la situación, incluso cuando dudan de la realidad de su encuentro de frente con la muerte.

It Follows es un relato sobre miedos adolescentes, el despertar sexual, la amistad y el horror de decir adiós a la infancia. El monstruo informe que persigue a los protagonistas es una metáfora maravillosa de todo eso, el extraño espejo que refleja la pérdida, temores y deseos de los corazones adolescentes que se enfrentan por primera vez a algo que destroza su pequeño mundo. Mundo nada ideal, por otra parte, pero que era el único fortín de seguridad de estos chicos.

¿Homenaje a Tourneur? Yo digo sí.

¿Homenaje a Tourneur? Yo digo sí.

David Robert Mitchell construye esta inquietante pesadilla, como decía al principio, inspirado en los grandes títulos del género, pero, sobre todo, hay un nombre que resuena en todo momento dentro de su propuesta: John Carpenter. Los ecos del cine del maestro son constantes en It Follows, incluso en la estupenda y desconcertante banda sonora (aspecto en el que Carpenter también era un auténtico maestro), llena de sonidos electrónicos que aumentan la tensión de los momentos más inquietantes. Pero el resultado no se queda en esta influencia evidente. It Follows parece la consecuencia de una Sofia Coppola a la que le importa un mínimo la historia que cuenta empachada después de una maratón de 9 horas de películas de Carpenter. Lo que vemos en pantalla tiene mucho de esa poesía y angustia adolescente de Las Vírgenes Suicidas pero pasada por el tamiz del horror de género. Y el resultado es impactante, hermoso, equilibrado, ingenioso, elegante, humano y, sí, escalofriante.

El problema, no olvidemos que se trata de una película de miedo. Eso implica jugar con unas reglas casi inamovibles, y eso debilita la película en su tramo final. Evita de manera brillante las explicaciones innecesarias, pero, aún así, el momento del climax es más flojo que lo ofrecido a lo largo de todo el metraje hacía esperar. Eso sí, la solución me parece un referente contínuo a una de las grandes escenas de la historia del cine: la pantera en la piscina de Cat People, de Jacques Tourneur (y que hace un tiempo analizamos aquí en Frikisreconocidos).

La pesadilla comienza

La pesadilla comienza

Aún así, es una experiencia diferente, con muchas ganas de agradar al espectador, sin fisuras graves en una historia, por otra parte, muy tierna, y que cumple con su parte del trato más importante: funciona como película de terror, gracias a su increíble atmósfera y la genial aportación a la colección de monstruos mata niños del género.

Los cines nos ofrecen a nivel masivo torpes secuelas como Insidious 3 (no es un desastre total, pero está muy lejos de las eficientes películas anteriores de la saga) o innecesarios remakes como Poltergeist (a la falta de sorpresa añade que es una película insoportable), y esta pequeña maravilla pasará desapercibida para el gran público. Espero que la estrenen en un cine cercano, y tengáis la oportunidad de encontraros con una película pequeña, pero destinada a convertirse en un clásico. El cine de terror se merece más películas como It Follows.