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Publicado el 6 de julio del 2015 por Capitan_Melenas en Cine
[Crítica]: Jurassic World
Indominux Rex

Dame un besito, ladrón

¡Bienvenidos a Jurassic Park… otra vez! Vale, es cierto, la primera vez que este parque se abrió al público hubo algunos problemillas, y puede que un caso o dos de muerte por mordisco de bicho extinto, pero, chavales, esto es América. Nada mejor que el paso del tiempo para que el mundo olvide estos detallitos escabrosos. Un par de cambios en el logo, una ración de falsa sensación de seguridad y esto se llena hasta las cejas de familias enteras dispuestas a dejarse los dólares. Porque un puñado de cadáveres malolientes no es motivo para parar el progreso… ¡Viva el libre mercado!

Vivimos en una especie de retroceso en el tiempo, y este año tenemos el regreso a las pantallas de franquicias como Terminator o Mad Max. Sí, chavales, la nostalgia está de moda, así que toca ración extra de eterno retorno. Los dinosaurios de tito Spielberg han oído la llamada y, cómo no, también han asomado su hocico por las pantallas del mundo entero con sonoros resultados. Ha pulverizado todos los records de recaudación, poniendo en perspectiva una idea que parecía agotada después de dos secuelas no especialmente brillantes.

Sí, damos un poco de grima

Sí, damos un poco de grima

Parque Jurásico fue un auténtico bombazo que trascendía lo puramente cinematográfico. No era solo una gran película de aventuras que llevaba al límite la tecnología de la época. Además, consiguió que toda una generación de preadolescentes (la mia, apra ser exactos, que soy un viejuno) pasaran de  imitar a los ídolos del balón de la época (aunque estábamos a años luz de los Ronaldos de hoy. De aquellos 90, lo más glamouroso que teníamos era Davor Suker saliendo con Ana Obregón) a contestar a la eterna “¿Qué quieres ser de mayor?” con un contundente “paleontólogo, señora”. La dinomanía golpeó con fuerza nuestras frikividas, y despertaron la fascinación por estas desaparecidas criaturas que permanecía latente en nuestros curiosos corazoncitos infantiles. Antes de que la generación posterior aprendiese el nombre de chorrocientos pokemon, los ahora treintañeros ya éramos capaces de pronunciar Archaeopteryx o Maiasaura sin atragantarse.

Encima de todo ese elemento que se escapaba a la película en sí misma, Parque Jurásico tenía todos los elementos que habían hecho de Spielberg un auténtico rey Midas en Hollywood. Un director todo terreno con un sentido del ritmo trepidante, cuya forma de entender el cine se resumía en sorprender al espectador en cada plano. En ese momento de experimentación, los efectos especiales todavía estaban al servicio de la historia, y, aunque el planteamiento de Parque Jurásico era simple como el mecanismo de un chupete, la película funcionaba precisamente por esa sencillez llevada al máximo exponente de la aventura.

Era de esperar, tras el taquillazo que supuso este inicio de la saga, la aparición de inevitables secuelas. No voy a entrar mucho en ellas. La segunda parte era un horror en todos los sentidos, y la tercera mantenía su dignidad a costa de caer en cierto tufillo de serie B, ideal para una siesta dominguera. Su falta de interés por la pérdida del elemento sorpresa inicial, hizo que Universal dejase aparcada su otrora exitosa franquicia. Pero el tiempo pasa, y era previsible que los dinosaurios volvieran a conquistar las pantallas tarde o temprano. Qué mejor momento este en el que, como decía, la nostalgia parece un acierto asegurado de cara a la taquilla.

Velociraptors

Fotos exclusivas de las negociaciones Grecia-Troika

¿Qué nos trae de nuevo esta reapertura del parque de atracciones más imposible de la historia? ¿Es sorprendente y atrevida? ¿Aporta algo a la saga iniciada con tanto acierto por Spielberg hace ya tantos años?

Pues os voy a ser sinceros. La respuesta a las preguntas es un no tan rotundo como el bramido de un T-rex. Pero también os voy a decir otra cosa: me lo he pasado como un enano.

Jurassic World es un despligue de potencia tecnológica, universal ha sacado músculo, y ha creado un contexto fastuoso que, desde luego, deja al espectador incrustado en el asiento del cine. El poderío visual es innegable, y se esfuerza continuamente por ofrecer una experiencia a los que han pagado su entrada. Pero Jurassic World es víctima de su propia esencia, y es que da igual los dinosaurios que asomen los colmillos por las verdes praderas de la isla Nublar; aquí ya está todo visto, niños y niñas. Así que no queda más remedio que dar un paso más en todo. Más luminoso, más grande, más amenazador… más, más, más. Tanto que está a punto del empacho. Ya no vale un tiranosaurio, ahora hay que sacar de la manga un monstruo genético. Es en esto desvaríos donde Jurassic World está a punto de caer en una especie de luminosa serie B, pero la cantidad obscena de dolares invertidos disfraza el producto final de algo con un poco de dignidad. El enfrentamiento a una pesadilla genética que sirve para reiterar en el mensaje que sirve de ideario a la saga desde la primera peli: jugar a ser dios tiene consecuencias imprevisibles. Un discurso un tanto carca acerca de los límites de la ciencia, pero que no es ajeno a la ciencia ficción tradicional.

Siento una perturbación en la fuerza

Siento una perturbación en la fuerza

Lo cierto es que, reduciendo al mínimo, Jurassic Wolrd cumple. Te ofrece una aventura de dos horas en la que apenas respiras. Es emocionante, es directa, y da lo que promete. Ni un poquito más, eso sí. Los perpetradores de este espectáculo monstruoso saben en que liga juegan, y han asaltado sin piedad todo lo que funcionaba en la primera parte, entre otras, la forma de hacer cine de Spielberg. En Jurassic World están todos los tics del legendario director: su sentido del ritmo marca de la casa, el equilibrio entre emociones y delirio visual, la espectacularidad puesta al servicio del espectador, e incluso niños con problemas familiares (Steven tron, háztelo mirar)… pero hay un problema. Enorme e insalvable. El que está detrás de la cámara, Colin Trevorrow, es un voluntarioso mercenario, pero no es, ni de lejos, Steven Spielberg. La película, al final, renuncia a tener personalidad propia en aras del entretenimiento. El resultado final es, como decía antes, lo que todo el mundo esperaba. La falta de sorpresas reales deja coja a una experiencia que, por otra parte, es aventura pura., y que incluso tiene cierta capacidad de reírse de sí misma.

Terminamos rapidito que tengo que ir a buscar el arca perdida

Terminamos rapidito que tengo que ir a buscar el arca perdida

Al frente del reparto, el bueno de Christ Pratt, en su enésimo papel de héroe con un puntito canalla que tan bien le sienta. Haciendo oposiciones para ser el nuevo Indiana Jones, amigos. Bryce Dallas Howard (para muchos, lo mejor que ha hecho su padre, el célebre director Ron Howard) se lo pasa en grande haciendo de heroína en tacones, dando vida al único personaje que tiene algo de evolución real. Ha conseguido que perdone su Gwen Stacy en Spiderman 3 y que aparezca en Crepúsculo II. Vincent D´Onofrio hace de malo capullo, la especialidad de la casa (por Crom, ved Daredevil, la serie, y quitaros el sombrero ante el Wilson Fisk de este señor). El enésimo esbirro de corporación siniestra que complica más la cosa.

Un pelotazo de verano, construido con ganas, sí, pero sin nada que aportar al mundo salvo ver batallas de dinosaurios todavía más gordas que las vistas hasta la fecha. Es divertida, claro, y tiene momentazos. Es más, es la mejor secuela de la película original, a la que rinde tributo de manera muy entrañable en un tramo de la película. Si no pides mucho a la vida, la vas a disfrutar. Yo solo pedía una cosa a esta película, que el niño de 11 años que llevo dentro saliese satisfecho del cine. Y lo ha conseguido. Muy justito, eso sí, pero lo ha conseguido.