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Publicado el 11 de agosto del 2015 por Capitan_Melenas en Cómic
Niños Salvajes
El cómic editado por ECC

El cómic editado por ECC

Ales Kot es una rara avis dentro del mercado del cómic USA. La industria se nutre desde hace años del talento internacional, pero sobre todo en lo referido a dibujantes y artistas gráficos. Es muy extraño que, a nivel literario, guionistas llegados de fuera del mundo anglosajón tengan una oportunidad siquiera de sacar adelante sus proyectos. En eso que llega el señor Kot, nacido en República Checa, y se hace un hueco en la industria, sorprendiendo a propios y extraños con sus propuestas. Su carrera es tan corta como meteórica, siempre entre la libertad creativa del mercado independiente y de la llamada de las grandes editoriales que buscan en su talento un soplo de aire fresco en sus desgastados modelos narrativos. En DC ha dejado constancia de su habilidad para sorprender, con breves estancias en Escuadrón Suicida, y en Marvel nos ha dejado uno de los momentos más brillantes de la Casa de las Ideas en los últimos años de mano de su fin de fiesta en Vengadores Secretos, transformada en una colección referente e imprescindible (y que nuestro compañero Bill Rayos Beta analizó en esta web hace meses).

Todos estos laureles por parte de la crítica y un público todavía escaso pero entusiasta, tiene su origen en el relato que hoy traigo a esta sección. Niños Salvajes fue la presentación al mundo de este escritor, un extraño experimento ficcional que dejaba claras las intenciones narrativas de un artista dispuesto al juego con sus influencias para la construcción de un prodigioso mundo propio.

El juego de espejos fabricado por Kot promete al lector un viaje hacia la esencia misma de la realidad, desde una premisa inicial que poco adivina de las intenciones reales del autor. Lo que parece el secuestro de un centro escolar por parte de los airados alumnos, poco a poco se aleja de este ilusorio comienzo y deja paso a otro relato de naturaleza completamente distinta. La aulas del instituto Überland se transforman por obra y gracia del alucinado discurso de sus alumnos en la dinamita que derriba los muros de la percepción.

Un ejemplo del trabajo de Rossmo

Un ejemplo del trabajo de Rossmo

En el inicio de su historia, Kot deja a los profesores del centro en manos de sus estudiantes, armados con explosivos, pistolas, LSD y la idea de cambiar los presupuestos que conforman la realidad consensuada. Abiertos al mundo, su acto de insurrección se retransmite por la tele,  dejan sus proclamas en confusas imágenes que el resto de los implicados traducen como una amenaza. Su cruzada, el proceso de reeducación de los profesores que hasta ese momento no han sido más que esforzados modelos de reproducción del engranaje castrante que es la educación formal. La revelación y las drogas conforman el viaje espiritual de alumnos y profesores hacia la verdad que destruye todo lo que estos personajes han dado por supuesto acerca de su propia existencia, en un giro argumental e ideológico que os dejará totalmente fuera de juego.

En apenas 50 páginas, Kot fabrica algo más que un cómic. Niños salvajes tiene las hechuras de un manifiesto, en el que Kot vierte todas sus ideas, experiencias e influencias, conformando un extraño híbrido entre llamada a las armas y relato fantástico puro y duro. Kot tiene como objetivo un contenido claro, y quizá está más pendiente de lo que cuenta que de cómo lo cuenta. La historia es una excusa, porque lo importante es el viaje hacia el otro lado por parte de unos chavales cansados líneas rectas y de un profesorado que no es capaz de asimilar la obsolescencia de su discurso.

Como gasolina intelectual, Ales kot se envuelve en un mundo completamente referencial, en el que tienen cabida desde la contracultura a la música pop, pasando por toneladas de idas y venidas por filosofías que han conformado cualquier espíritu crítico desde los años 60. El anarquismo de Hakim Bey y las soflamas situacionistas se dan la mano con la psicodelia, el surrealismo, el chamanismo lisérgico de Castaneda, o la destructiva mirada al futuro de William Burroughs en El Almuerzo Desnudo. Magia, ciencia y conciencia social dibujan un círculo en el que Kot se las apaña para explotar un pequeño Big Bang de ideas que, en última instancia, cierran el círculo en la extraña declaración de amor a los cómics que es, después de muchas vueltas, Niños Salvajes. El segundo acto queda marcado por la revelación que cambia toda la estructura de la historia, inesperado giro de tuerca metaficcional que recuerda al gran especialista en esta clase de experimentos narrativos: Grant Morrison.

Droja en el colacao

Droja en el colacao

El genial escocés queda como influencia clara a la hora de establecer las premisas del relato, reconocido por el propio Ales Kot. De hecho, para la génesis de Niños Salvajes cita Mata a tu novio, irreverente y nihilista provocación en forma de cómic perpetrada por Morrison, y Dispara, polémica e impactante aproximación de Warren Ellis al problema de la violencia en las aulas, escrita para la estancia del escritor británico en Hellblazer.

Quizá este sea el mayor problema de Niños Salvajes, el hecho de las reconocibles influencias, algo normal en un autor tan joven. Pero lo cierto es que Kot es capaz de levar todo ese amalgama de ideas a terreno propio, y Niños Salvajes queda como la poderosa y exigente experiencia lectora que es en esencia. A pesar de todas esas referencias y su paseo por la contracultura del siglo XX con premeditada erudición, evita el mayor de los peligros para esta clase de propuesta: ser pretenciosa de más. Hay una inocencia y una sinceridad aplastante en el relato de Kot, que aleja cualquier atisbo de exceso intelectual fuera de contexto. Efectivamente, es un relato que pide al espectador un esfuerzo, atenerse a unas reglas que son dinamitadas sin piedad por un escritor que, en el fondo, nos somete al mismo juego que a los confundidos profesores del Überland, poniendo en duda todo lo que creemos sirve de sustento a nuestra zona de confort.

Declaración de principios

Declaración de principios

La traslación de este mundo a la viñeta no es trabajo fácil. El encargado, Riley Rossmo, dibujante proveniente del mundo del cómic independiente. Esto implica un trazo inusual, que busca el servicio a la locura planeada por Kot. Trazo premeditadamente feista acoplado a la economía narrativa, Rossmo planifica su trabajo alejado de toda espectacularidad inútil. El diseño de página es obsesivo, casi un mantra roto muy pocas veces, salvo por esos puntos de inflexión que dan sentido al relato y que desmontan las viñetas de Rossmo y las defensas mentales del lector. El uso del color y las figuras distorsionadas, incluso sin definir, sirven de fenomenal base visual a la experiencia alucinógena de este viaje al otro lado. Un acierto arriesgado, que dota de enorme identidad a una obra pensada para la ruptura de esquemas.

Niños Salvajes es de esas obras que no dejan indiferente. Sobre todo, dejan un poso en la memoria, acerca de la mente pensante detrás de esta declaración de principios. Ales Kot. Quedaros con el nombre. Me temo que, en unos años, hablaremos de este joven talento con la misma autoridad con la que hoy hablamos de Grant Morrison o Alan Moore. Tiempo al tiempo.