Sin título
Publicado el 11 de noviembre del 2015 por Germánico en Libros
Hablemos de Libros: Te querré toda la vida.

He leído bastante, frikis míos, a lo largo de mi no tan larga vida. Me he sumido en las páginas de novelas de terror, de fantasía pasando por el género histórico, la ciencia ficción y, de vez en cuando, he metido las narices en libros clásicos de corte filosófico. He leído poesía, teatro, novela corta, cuentos, ensayos y sátiras. Incluso alguno que podría considerarse un drama. Y sin embargo, jamás me planteé leer algo dentro de la llamada novela erótica; de hecho, ni tan siquiera sabía la existencia de la “novela erótica masculina” hasta que en el pasado CYLCON pude enterarme un poco de qué iba. Entre los autores que dieron la charla se encontraba un joven vallisoletano llamado Alejandro Barrero Santiago presentando este libro que ahora vengo a reseñar.

portadaA pesar del entusiasmo que todos mostraron al hablarnos de sus novelas y del género he de decir que, sinceramente, no me vi atraído en absoluto. Venga, reconozcámoslo, a alguien como a mí un título como “Te querré toda la vida” me tiraba para atrás con una fuerza desmesurada. Sería ese libro que, en la vida, me plantearía leer ni por lo más remoto hasta que, fijaos cómo trabaja Sino, al finalizar el festival gané un ejemplar en un sorteo (que tengo firmado con corazoncito incluído).

Y me picó la curiosidad. Era corto (apenas son 135 páginas de nada) y la sinopsis me parecía mínimamente curiosa. Así que decidí darle una oportunidad: comenzaría a leerlo y ya vería si continuaba otro día o no.

He de decir que no continué con la lectura otro día. Lo acabé esa misma noche, tirado en la cama y hasta con lágrimas en los ojos. Uno, que es un sensible.

Pero perdonad esta ida de pinza. Será que como últimamente no os escribo todo lo que debiera, he cogido con ganas otra vez mi querida sección “Hablemos de Libros” y desvarío un poco. De todas formas, creo que esta introducción era totalmente necesaria.

Hablemos ahora del tema del libro publicado por Éride Ediciones: imaginaos a un chaval de treinta y pocos que desea acabar, en otra ciudad, su último curso de Ingeniería Química. Quiere que todo salga perfecto, que todos los profesores le conozcan para bien, convertirse en una suerte de alumno ejemplar para poder, con un asombroso currículum, comenzar a trabajar al año siguiente (ah! pobre optimismta!). Loco por haber olvidado hacer unas fotocopias por tirarse toda la tarde estudiando, le recomiendan una tienda un tanto peculiar en mitad de unos viejos bloques de piso que no cierran hasta muy tarde. Se sube a un ascensor tan destartalado como el piso y, con él, una chica cargando un enorme cuadro que le oculta no sólo el rostro, sino prácticamente a toda ella. Un corte de luz y ambos quedan encerrados, a oscuras, en aquel reducido espacio y no tendrán mucho más que hacer que hablar. Al menos al principio, porque de repente (y por eso esto es una novela erótica, frikis míos), dan rienda a sus pasiones, su lujuria desenfrenada y se lo pasan, eso parece, más que bien. Pero no todo es tan perfecto, al día siguiente ella ha desaparecido y nuestro querido Ingeniero no tiene ni idea ni de cómo se llama ni de cómo es… pero la misteriosa chica consigue ponerse en contacto con él y le vuelve a citar varias veces, siempre ocultando su rostro, para dar rienda suelta a la locura y el desenfreno.

Por desgracia, no puedo contaros lo mejor, el final, impresionante, desbordante, apabullante y que consigue (en mi caso mucho) encogerte el corazón y plantearte la vida durante al menos unos minutos. Os recomiendo que la leáis con un paquete de kleenex cerca… para secaros las lágrimas. Sí, las lágrimas, que os he pillado mal. O bien. O ambas. No me hagáis mucho caso.

Pero no hablemos de cosas tristes porque no es el momento. Volvamos a “Te querré toda la vida”, porque la historia sigue (después de aquél primer encontronazo eroticofestivo), frikis míos, dando rienda suelta no sólo a algunas de las escenas más tórridas que he leído (más tórridas que las de Canción de Hielo y Fuego), sino a un huracán de sentimientos y contradicciones del alma humana que hacen que leas, y sigas leyendo, y continúes como si no hubiera un mañana porque, quién sabe, quizá no lo haya.   Sinceramente, no ha sido el erotismo el que me ha cautivado en esta historia, sino cómo el protagonista reacciona, como le hierve la sangre cuando cree encontrarse entre una espada y una pared (y con otras situaciones, claro).

Además, Barrero nos obsequia con una prosa dinámica, tan dinámica que muchas veces las palabras escogidas son las que habríamos usado tanto tú, caro lector, como yo, como aquella compañera del instituto que hace años que no ves, como aquel camarero de ese garito que cerraron hace un par de años y que no ha vuelto a servirte un botellín de agua. Consigue así, creo yo, el efecto deseado haciendo que una historia que comienza siendo digna de algunos de nuestros sueños más húmedos se convierte, como por arte de magia gracias a ese lenguaje tan cercano, en algo que nos podría pasar en cualquier momento. A grandes rasgos, claro, pero podría ocurrir. Además, se atreve con un autoguiño (grandioso, en cuanto lo leí no pude reprimir la carcajada) y un juego de palabras con los títulos de cada uno de los capítulos.

No busquéis un sentido cuando comencéis a leer, dejaos llevar y disfrutad hasta el final (no sé muy bien por qué, pero este “dejaos llevar y disfrutad hasta el final” hablando de una novela erótica puede interpretarse de muchas formas. Y todas correctas).

En fin, a veces dicen que la curiosidad mató al gato y sin embargo, esta vez, la curiosidad me llevó a devorar un libro y a disfrutarlo (tengo la sensación de que en esta reseña he escogido algunas palabras que no son precisamente las más correctas…). Y si a alguien de todas estas personas que me leen le pasa lo que me pasaba a mí, les insto a que prueben al menos una vez leer algo de este género, y qué mejor que hacerlo con este libro.

El autor me escribió:

“Llora, ríe y disfruta muchísimo. Que no se olvide esta electrizante historia con facilidad”

He llorado, he reído y he disfrutado. Ahora veamos qué pasa con mi memoria.