Gotham-portada
Publicado el 14 de diciembre del 2015 por Capitan_Melenas en Cómic
Gotham a medianoche: Criaturas insomnes

Bueno, chicos, ¿Qué os parece un paseo por Gotham? A estas alturas, me temo que estamos más que familiarizados con sus callejones y avenidas o con su oscura arquitectura. Pero está claro que, aparte de su fascinante aspecto, la legendaria urbe ha pasado a nuestra colección de lugares imaginarios favoritos gracias a sus pintorescos habitantes. No, no hablamos del peluquero de la esquina o del tipo que vende el pan… Gotham se nutre de lo peor que puede da el ser humano en forma de colorido psicópata, y la galería de ciudadanos ilustres tiene su mayor presencia en las celdas del infame asilo Arkham.

Gotham en buenas manos

Gotham en buenas manos

Por supuesto, estos criminales de pesadilla tienen poco que hacer mientras la noche tenga dueño, y, como todos sabemos, es Batman quien pone las reglas. El caballero oscuro de Gotham se ha impuesto a los cerebros más retorcidos del mundo del cómic, armado de astucia, fe inquebrantable en la cruzada contra el crimen y su reconocida habilidad para romper tibias.

Pero Gotham es algo más. Mucho se ha escrito sobre la auténtica naturaleza de esta ciudad, sobre su identidad como personaje con esencia propia en la mitología de Batman. La cruzada de la Batfamilia se ha identificado en no pocas ocasiones como la batalla por el alma de Gotham, y, desde luego, se ha puesto en entredicho en multitud de ocasiones sobre si los cimientos de esta urbe son el mal en estado puro. Esa búsqueda de las entrañas espirituales de la invención de Bill Finger (el eterno olvidado en la historia de le génesis de Batman) es la gran protagonista de la colección que hoy os traigo, porque hay momentos en los que incluso Batman está fuera de juego.

Las amenazas que esconde Gotham van un paso más allá de la maldad humana. Ese es el campo de trabajo de Batman, capa de anteponerse a las atrocidades imaginadas por mentes enfermas, pero en el viciado aire de esta urbe al borde del abismo se esconde un tipo de oscuridad que escapa de la comprensión de la mente analítica del Caballero Oscuro. En momentos como ese, cuando todo parece más extraño de lo normal, Batman acude a un aliado diferente, con un pie metido en todas esas cosas que pondrían los pelos de punta a cualquiera de los aguerridos agentes de la policía de Gotham. Lidiar con lo extraño día a día pone el listón muy alto, así que imagina el nivel del que estamos hablando.

La oscuridad de Gotham cobra forma

La oscuridad de Gotham cobra forma

En un rincón olvidado se agrupa el grupo de trabajo de casos intrincados de la GPD, conocido popularmente como el turno de medianoche. Compuesto por alguno de los personajes más excéntricos que han conocido las calles de Gotham, y es que su trabajo no es el de un poli normal. Miran a la cara a lo sobrenatural, a todos esos asuntos que no se resuelven con trabajo policial al uso, y hacen que se tambalean los principios de la ciencia forense. Por supuesto, esta banda de marginados al límite de la ley y la propia realidad, responden a las órdenes de un tipo bastante particular; el detective Jim Corrigan, tipo duro oficial y contenedor de secretos sobrenaturales.

A los veteranos de DC les sonará el nombre, porque el bueno de Corrigan lleva paseándose por el universo de la casa desde los años 40, como huésped de la entidad divina conocida como el Espectro. Este imprescindible personaje es, nada más y nada menos, la imagen de la justicia divina, y lo cierto es que la reparte con efectividad aplastante. Lo malo es que la visión de la justicia de este poder místico es bastante maniquea, razón por la cual la presencia de Espectro implica pocas posibilidades de redención para aquel señalado por su juicio inapelable. Ha pasado por distintas encarnaciones, e incluso Hal Jordan, el artista anteriormente conocido como Green Lantern, fue huésped de la justicia divina en su camino a la redención, tras transformarse en uno de los peores villanos conocidos en el universo DC.

Con el reinicio de DC tras los eventos acaecidos en Flashpoint, Corrigan se transformó de nuevo en este espíritu vengativo, dentro de su propia colección en la que aprendía a controlar el poder en bruto de Espectro, ayudado por la Voz, entidad cósmica omnipotente con forma de fox terrier, un chiste bastante ingenioso y lleno de mala leche por las similitudes entre las palabras god (dios) y dog (perro) en el idioma de Sheakespeare y Donald Trump (el lenguaje humano es fascinante… sirve para construir obras maestras y chorradas simplistas y xenófobas a partes iguales).

Las colecciones no son eternas, sobre todo si las ventas no acompañan. Es por eso que una vez finiquitada la cabecera con su nombre, Corrigan se ha arrastrado por otros títulos de la compañía, que a pesar de todo apuesta por el personaje. Ya le hemos visto en Batman Eterno, donde se hacía protagonista de la subtrama mística de esta compleja (e irregular) serie. Entonces se mostraba como aliado de Batman en uno de esos casos llenos de irracionalidad que tan nervioso pone al murciélago, con el retorno del diácono Blackfire de fondo (¿No sabes quién es Blackfire, joven padawan? Corre a tu librería y hazte con Batman: La Secta, imprescindible aventura ochentera en manos del maestro Jim Starlin, no hace mucho reeditada por la gente de ECC). Quedaba patente que Corrigan tenía mucho que decir como personaje, en una ciudad tan dada a sorpresas de toda índole como Gotham.

El Espectro desatado

El Espectro desatado

En esta nueva situación, como jefe de la división del distrito 13, encontramos a Jim Corrigan. El cambio de comisario en Gotham ha dejado a este grupo de investigación de casos intrincados al filo de la desaparición, puesto que los nuevos jefes consideran un chiste de mal gusto este proyecto personal del comisario Gordon, que ha visto el suficiente caos como para comprender la necesidad de un departamento de esta índole. La historia de Gotham a medianoche comienza justo cuando el sargento Rook, de asuntos internos, se presenta en el departamento para realizar un informe que signifique el cierre de una división cuya existencia nadie entiende. Será el principio de una noche de locos, en la que Rook aprenderá, por las malas, que Gotham tiene secretos  con vida propia, de los que nadie debería saber. Para eso existe la división de casos intrincados, para que los policías normales no deban mirar al abismo. La desaparición de unos niños pondrá a Corrigan y a su equipo tras la pista de una criatura que representa los pecados de Gotham desde el momento mismo de su fundación, y que tiene sus propios planes para la ciudad, con el Espectro como gran protagonista.

Gotham a medianoche se perfila como un título diferente, orientado a esos rincones del universo DC que quedan escondidos tras los brillantes encontronazos entre los héroes de la casa. Más cerca del cómic de terror al uso, no pierde de vista el universo en el que se mueve, para dar sensación de coherencia con la mitología de Batman. Ray Fawkes es el encargado de la parte literaria, un tipo que se hace con sus galones a base de trabajo duro. No es la primera vez que se ve las caras con la parte sobrenatural del universo DC, puesto que ya se ha encargado de los guiones de Constantine, serie que sustituyó (con no demasiado acierto) al gran clásico de Vertigo, Hellblazer. Se nota que está cómodo en la tesitura del relato de horror, y no se corta a la hora de usar referencias, que van desde el policíaco con tintes sobrenaturales al toque lovecraftiano, pasando por la parafernalia enfermiza y demoníaco del contexto sobrenatural que protagoniza esta colección.

Criaturas del más allá

Criaturas del más allá

Aunque lo que de verdad me empujó para hacerme con este cómic fue el regreso de Ben Templesmith, un grandísimo dibujante al que había perdido el rastro hace tiempo. Templesmith se hizo un nombre en la industria hace ya bastantes años, cuando se encargó de los lápices de la aclamada serie vampírica 30 Días de Noche, que convirtió a Steve Niles en un referente del género de terror en viñetas. No era el primer trabajo de este dibujante, pero situó su carrera a nivel internacional gracias a su particular estilo, ideal para relatos oscuros y tétricos. Templesmith regresa con toda su parafernalia fantasmagórica, armado con su grotesco diseño de personajes, la habilidad de creación de ambientes insanos y la capacidad de transformar lo mundano en una puerta a un mundo terrible lleno de criaturas de pesadilla. El trazo casi caricaturesco con el que plantea la anatomía humana se transforma en un espejo distorsionado desde el que moldea las calles de la Gotham casi onírica y fantástica, muy alejada del realismo urbano que prima en las colecciones relacionadas con el Caballero Oscuro. Es genial ver que Templesmith no ha perdido la forma, e imprime su personalidad a una historia en la que puede lucirse en los lápices. El caótico uso del color y los juegos de luces finalizan la composición del perverso trabajo del reconocido artista, que no defrauda.

Gotham a medianoche nos acerca a una Gotham diferente, para aquellos que hay vida en la ciudad más allá de las aventuras de Batman y compañía. Escrita con seriedad sobria, quizá remata la jugada entrando de lleno en las formas del cómic de superhéroes, renunciando un poco a sí misma en los compases finales. En todo caso, un respiro entre tanta repetición dentro de la sobrexplotada franquicia Batman, y que recupera a el Espectro en un contexto que sienta muy bien al personaje. Aunque se queda a medio camino entre el horror puro (que es donde creo que hubiese funcionado mejor) y los lugares comunes en DC, se atreve con el terror como base, género cada vez más olvidado en el cómic más allá de las tropecientas series dedicadas a los zombies de una clase u otra. Y, cómo no, está el trabajo de Templesmith. Valor seguro.