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Publicado el 22 de diciembre del 2015 por Capitan_Melenas en Cine
[Críticas] Star Wars, Episodio VII: El despertar de la Fuerza
¡Que me enseñe los papeles de la nave, leches!

¡Que me enseñe los papeles de la nave, leches!

A veces me quejo amargamente de lo duro que es ser crítico en según que momentos. Llevo un rato delante de la hoja en blanco en plena meditación acerca de lo que quiero contar sobre esta nueva entrega de Star Wars, dividido, con el “corazón partío” cual cantante melódico aflamencado moñas español. No voy a daros la chapa de abuelo cebolleta acerca de la importancia de la saga iniciada por Lucas hace tantos años en mi vida, porque sería contaros de nuevo una historia que habéis oído centenares de veces de tantas bocas distintas. De ahí surge, de ese amor infinito por este relato más grande que la vida, el enfrentamiento que sacude mi fuero interno, como un caballero jedi de pacotilla tentado por el lado oscuro. Hay una batalla en mi cabeza entre el fan desatado y completamente feliz por el regreso de esta galaxia lejana, muy lejana, y el crítico sesudo que, a pesar de todo, no ha encontrado la satisfacción completa que tan esperado regreso prometía. Así que, para dejar claro lo que viene a continuación, empiezo por el resumen de mis sentimientos acerca de este Episodio VII: El despertar de la Fuerza es la película imperfecta más maravillosa que he visto en años.

Efectivamente, suena contradictorio, pero es que contradictorios son las emociones que sentí una vez mastiqué la película a solas en mi salón acariciando al perro de manera meditabunda. Porque, sí, amigos, mientras estaba en el cine, sentado en mi butaca y compartiendo con otras decenas de espectadores una experiencia casi mística, el niño de 7 años que llevo dentro noqueó con violencia histérica al adulto cansino con ganas de amargar la fiesta. Luego, cuando la química corporal volvió a sus valores normales, la cosa se volvió un poco más turbia. En reposo, y gracias a un ejercicio casi doloroso de enfrentamiento con la realidad, descubres que El despertar de la Fuerza es una película cómoda, sin ningún atisbo de riesgo, perfectamente calculada, que repite casi escena a escena lo que vimos en el seminal Episodio IV. Claro está, este nuevo  capítulo de la saga, a pesar de sus virtudes, se sitúa a años luz de lo que consiguió aquel primer encontronazo con la familia Skywalker; nada más y nada menos cambiar la historia del cine, para bien o para mal, incluso en la faceta extracinematográfica.

La sombra de Vader es alargada

La sombra de Vader es alargada

Me gusta mucho J.J. Abrams. Ha conseguido que sus películas, incluso encuadradas en el espinoso mundo de las secuelas, tengan personalidad propia. Es más, gracias a su acercamiento al universo de Star Treck, sentí un mínimo interés ante un concepto que me aburría hasta el vómito hasta ese momento (lo siento, fans de Spock y compañía). En Star Wars, demuestra otra vez esa habilidad pasmosa para el uso casi reverencial de las referencias originales y al mismo tiempo dejar claro su concepto de cine, lleno de ritmo, intención o inteligencia. Demuestra que es algo más que un talento tras la cámara. Abrams entiende las bases de la saga galáctica de manera mucho más rotunda de lo que lo hizo en su momento el propio George Lucas. El creador, en su retorno a este relato inmortal, se equivocó de cabo a rabo a la hora de plantear la caída del joven Anakin en las garras del lado oscuro. Más interesado en el envoltorio, La amenaza fantasma y secuelas no pasaron de ser un árbol de navidad demasiado iluminado, que complicaba de manera estúpida los principios de la saga, y nos dejaban para el recuerdo el horripilante origen del que, en teoría, era la imagen del mal absoluto en la galaxia: resulta que el señor oscuro del Sith, lord Vader, no dejaba de ser un niñato quejica e irritante víctima de un síndrome de Edipo mal curado. Un aplauso por el señor Lucas, chicos y chicas.

Abrams es un fan, y eso, en este caso, es una tabla de salvación. Es ese espíritu de chaval que creció con la trilogía original como referente el que alimenta este nada encubierto homenaje/remake a la película que lo empezó todo, porque recupera con facilidad aplastante todo aquello que influyó al otrora inspirado George Lucas. En especial, me emociona ese regreso al espíritu de western espacial, que tan bien funciona a todos los niveles, tanto visuales como dramáticos. Cuando aparecen por primera vez los X-Wing, en uno de esos momentos de “ohnovamosamorirtodos” tan clásicos en la saga, podemos sustituir los míticos cazas de los rebeldes por el séptimo de caballería en los grandes clásicos del oeste y el sentimiento desencadenado es el mismo. Abrams demuestra que (atención) es bastante mejor director que el bueno de Lucas, y que sabe leer el espíritu de Star Wars de manera mucho más consistente que su maestro. Mientras Lucas se envolvía en croma verde y transformaba la saga en algo indigesto por excesivo y ortopédico, Abrams recupera los espacios naturales, plagados de efectos especiales, claro, pero camuflados con tanto acierto que todo parece real, que la idea de universo imposible que ofrece Star Wars es un entorno creíble. El aspecto visual de El despertar de la Fuerza es magnífico, y si se añade la lección de ritmo frenético y capacidad de Abrams para dar a cada escena lo que necesita, el espectáculo está asegurado.

Viejos conocidos con los problemas de siempre

Viejos conocidos con los problemas de siempre

Otro de los grandes fracasos de los episodios I, II Y III fue la incapacidad de Lucas para la creación de personajes con los que sentir la más mínima empatía. Nadie nos caía bien en esa trilogía. Obi Wan se salvaba por los pelos, pero el resto del plantel era una pandilla de segundones de aquí te espero, que llegaba a su grado máximo con la aparición de Darth Maul, un Poochie de mucho cuidado. El retorno a lo básico que ofrece El despertar de la Fuerza trae como regalo la sencillez del viaje del héroe, otro de los referentes espirituales de Star Wars, aunque, par variar, es un calco del viaje iniciado por Luke Skywalker a finales de los años 70. Funciona, claro, renunciando a cualquier atisbo de sorpresa, incluso en los giros de guión más rompedores, que tienen claros referentes en la trilogía original. Aún así, los protagonistas tienen el carisma y la simpatía digna de la saga, aunque los chascarrillos marca de la casa Abrams a veces son un tanto inoportunos. Ni que decir tiene que  vais a sentir electricidad en la nuca cuando Han Solo ocupe de nuevo la cabina del Halcón Milenario, personaje que se hace con un protagonismo esencial en esta película, cosa que se agradece hasta el aplauso, por el equilibrio ofrecido entre generaciones. La sonrisa de Harrison Ford cuando se pone a los mandos de su vieja nave es de las más genuinas que he visto en una pantalla de cine.

En este barrio manda mi banda

En este barrio manda mi banda

Por cierto, que después de mucho soltar por la boca, resulta que BB-8 mola. Es entrañable, y tiene personalidad de sobra para ser favorito de los fans. Respira, que no es un Jar Jar.

Vamos con el malo. Un buen villano es algo NECESARIO para que esto funcione, pero suplir la ausencia de un icono como Darth Vader era, quizá, el mayor desafío al que se enfrentaban los responsables de esta nueva ronda. Kylo Ren cumple, precisamente, porque no es Vader.Su fuerza, su carga dramática es, precisamente, la eterna sombra del oscuro maestro del Sith. Aún así, es un personaje desdibujado, que necesita un desarrollo mucho más complejo, que, supongo y espero, será una de las tramas esenciales de las futuras entregas, sobre todo en las motivaciones reales que dirigen sus acciones.

El despertar de la Fuerza ofrece la experiencia cinematográfica capaz de contentar al fan de Star Wars, pero nada más. Quizá eso sea suficiente: nadie piensa en los críticos o el observador externo a la saga cuando construye una monstruosidad así. Se renuncia a la valentía, al ir un paso más allá de los esperado. Ahí está el gran éxito de este nueva entrega, y, al mismo tiempo, su maldición. Está muy lejos de ser tan grande como sus hermanas mayores, pero reconozco que marca el pulso a esta nueva saga a base de la expectativa de lo que vendrá. Como base para el futuro es algo sobrecogedor. A ver que tal tratan a nuestros anhelos de grandeza.

Chewie, estamos en casa. Lo malo es que está tal y como la dejamos.