Deadpool-Portada
Publicado el 23 de febrero del 2016 por Capitan_Melenas en Cine
[CRÍTICAS]: Deadpool
¿Esos son los resultados de taquilla? Flipa

¿Esos son los resultados de taquilla? Flipa

Otra peli se superhéroes, chicos y chicas. No es que no me guste , porque el fan irredento que soy está muy feliz con la proliferación de tipos en pijama que se han hecho fuertes en la pantalla. Pero tanta matraca con el género, también me lleva a preguntarme si no está un tanto sobre explotado el concepto, si se nos va la mano con la tontería y al final la gallina de los huevos de oro se transformará en una especie de Gallinazilla y se comerá vivos a los productores de Hollywood y…

Perdón, se me ha ido la pinza.

El caso es que, a estas alturas, parece que lo hemos visto todo. A lo mejor, el enésimo chascarrillo de Tony Stark resulta tan gracioso como el chiste de Mistetas. Hemos visto como el salto a la siguiente fase de Marvel ha sido un poco bajón, con la desequilibrada Vengadores: La era de Ultrón como estandarte. En DC las cosas no andan mejor, y parece que no han aprendido nada de la esquizofrénica revisión de Superman que se marcó Zack Snyder en Man Of Steel. Si, nenes y nenas, Batman VS Superman huele a cacota, y con ello toda la apuesta de Warner Bros en su propio universo cinematográfico, que llega tarde y con mucho filtro de instagram a su pelea con Marvel. Sí, claro, hemos tenido cosas que sí que nos gustan, e incluso algunas que han significado un cambio de paradigma, como la divertidísima Guardianes de la Galaxia.

Y luego estaba Fox.

Lobeno: Orígenes. Queremos la cabeza del guionista

Lobeno: Orígenes. Queremos la cabeza del guionista

Hace muchos, muchos años, queridos niños, Marvel las estaba pasando canutas y al borde de la bancarrota. Para salvar los muebles, decidieron vender los derechos cinematográficos de alguno de sus héroes más representativos, y fueron los chicos de la citada productora los que se hicieron con los derechos de la franquicia mutante, entre otros. La cosa no empezó mal para nuestros queridos mutis, con un par de películas que todavía son canela fina, dirigidas por Brian Singer. En esa saga inicial, veíamos todos los elementos que hicieron grandes a las colecciones protagonizadas por los hijos del átomo, con alguna licencia, claro, pero esto es Hollywood. La cosa funcionaba. Pero, amigos, cuando hay dólares de por medio, poca cabeza y mucha farla, las cosas se suelen ir de madre. Singer abandona el proyecto, y empieza el baile. La nefasta tercera entrega de los mutantes era sólo el principio. Cuando aún estábamos pensando razones para no atravesarnos las corneas con alfileres al rojo, sacaron de la manga la primera película en solitario de Lobezno, una mezcla de culebrón venezolano con sudor de gimnasio. Un horror.

Pero recordamos esa bosta infernal porque, por si no lo recuerdan ustedes. ya asomaba el hocico el bueno de Wade Wilson, nuestro chico de hoy. Sí, interpretado por Ryan Reynolds. Que sí, que sí, creedme. Os estaréis preguntando… “¿Y cómo es que no recuerdo los simpáticos chascarrillos de este macarra mientras repartía mandoblazos a diestro y siniestro?” pues os lo explico en un momento, en cuanto pegue un trago a mi petaca de Cola Cao.

Ya.

Los guionistas del evento, que no tenían muchas ganas de trabajar, decidieron coser la boca a Deadpool, literalmente. ¿Qué tienes un personaje que necesita muchas líneas de diálogo? Pues lo solucionas de la manera más lamentable posible, porque total, la dignidad está muy sobrevalorada. Así que un personaje que se caracteria por su elocuencia y verborrea se convirtió en la versión Fox del timo de la estampita. Claro está, los fans del personaje jamás perdonaron la afrenta, ni Ryan Reynolds, que desde el minuto uno sintió que no le habían dado la oportunidad que el personaje se merecía.

Pasan los años, y el señor Reynolds sigue luchando por la peli. Rumores, ecos lejanos, y Fox lanzando caca de mono titi al género de superhéroes sin ningún tipo de piedad, que culmina en el estreno de esa cosa inmunda que parece Akira pero sin gracia llamada los 4F. Pero no todo es basura en Fox, queridos niños. Pare que alguien se toma una aspirina, y el resacazo desaparece. Hay claridad, y entonces se rueda X-MEN: First Class. La cosa mejora. Los mutantes se pueden tomar en serio, se puede hacer una buena película con el material original, y, para más aplausos, se apuntan al sarao un plantel de actores que dotan de credibilidad al producto más allá de lo anecdótico del género en el que se enmarca. La franquicia renueva fuerzas; Bryan Singer se interesa de nuevo por los personajes que dejó en manos de agentes de H.Y.D.R.A , quiero decir, productores de Fox. Se rueda la película que une los dos mundos, y da perspectiva al universo mutante en cine, Días del Futuro Pasado. Todo pinta requete.

¿Jugamos a las Magic o repartimos sopapos, tron?

¿Jugamos a las Magic o repartimos sopapos, tron?

Acaba de aparecer un comercial de la citada productora con los ojos inyectados en sangre y me apunta con una ballesta. Me dice que me deje de contextualizaciones y me ponga a hablar de la peli. Me da cosa decirle que la ballesta no tiene flecha cargada, pero lo mismo tiene razón.

Hablemos de Deadpool, la película.

Deadpool es una muestra más del camino que ha escogido Fox para su franquicia. Donde antes había producto, calculadora y conformismo, de repente hay una valentía que jamás hubiese esperado de esta pandilla de fenicios, quiero decir, simpáticos hombres de negocios. Para empezar, se han dejado de tonterías y han permitido que los responsables de este proyecto se marquen una película calificada R en USA. No sé si entendéis lo que significa esto, pero en un mundillo en el que todo el mundo se anda con mucho cuidado con el público objetivo, esto implica una auténtica patada en las gónadas a la manera de entender el cine de tipos  enmascarados. Es renuncia a la violencia light y familiar que sustenta los taquillazos, a la moralina Disney que, nos pese lo que nos pese, rebosa en el cine de los subproductos relacionados con los superhéroes. Incluso escupe en la mezquindad de jugar a dos bandas sin contentar a nadie como en la citada Man of Steel. Deadpool marca sus propias reglas, y eso se nota en el resultado final. Gamberra, repleta de humor grueso de instituto, autorreferencial, premeditadamente borrica y muy lejos de los blancos y negros de los que suelen hacer gala los protagonistas de esta clase de historias.

Deadpool es un espectáculo de acción, sin muchas pretensiones, que busca, nada más y nada menos, ser la película que un personaje tan especial como Mr. Wilson se merece. Lo consigue, con algo más que dignidad, lo que de antemano convierte a esta película en un triunfo. Pero es que resulta que Deadpool está por encima de esta idea. No es sólo lo que te cuenta, es como te lo cuenta, pero esa habilidad de los implicados de jugar con todas las ventajas locas que da el personaje queda sepultada por los kilos de chascarrillos sobre masturbación que pueblan el guión de este desfase.

Más allá de los chistes brutos, resulta que los guionistas y el director de Deadpool hacen malabares con el concepto de tiempo, mientras convierten al espectador en cómplice de una gamberrada suprema, sin tratarnos como si fuésemos idiotas. Lo hacen con una técnica que no es fácil, que no tiene porqué salir bien, y que implica más riesgo narrativo de lo que parece a priori: rompen la cuarta pared y se quedan tan contentos. Ese elemento que funcionaba tan bien en los cómics de la etapa de Joe Kelly como escritor de la colección regular del señor Wilson (ya hablamos de ella aquí, así que a leer, majo), encaja de la misma manera en la pantalla, y, repito, eso no es fácil. El recurso del Flashback se usa de manera inteligente, el espectador se siente protagonista en parte de la locura desmadrada que se ha montado en la pantalla, y al final, el primer acto de la película gira con maestría sobre una sola escena. Así, que, como digo, hay algo más que chistes malos y ganas de dar la nota en Deadpool. Encima, hay ganas de hacer una película. El equipo se lo pasa en grande. El público se lo pasa en grande. Esto es una fiesta. Sí, no es Rashomon, pero, chavales, aquí hay amor por la película. Amor en plan esposas de peluche y cuero, pero amor.

Ni un tema de Pablo Alborán pued estropear esto

Ni un tema de Pablo Alborán puede estropear esto

Deadpool cae en todos los clichés del cine de acción, por supuesto. Pero la ruptura a base de humor macarra dota de una ligereza muy divertida a esos momentos que se van a solucionar con el consabido derramamiento de sangre. Jugar así con la violencia y no quedar como un sociópata es también bastante complicado, pero, otra vez, se supera el escollo con nota.

Cosas malas, pues muchas. A veces el humor es sonrojante por tontorrón, y la historia de amor tiene demasiada glucosa. Desequilibra un tanto las intenciones de la producción, pero al fin y al cabo se necesita el desencadenante de la acción, y en ese aspecto han tirado de clásicos sin comerse mucho la cabeza. Perdonable.

El triunfo de esta película es la capacidad de reírse de sí misma, de ser consciente de su naturaleza de entretenimiento ligero y dar la vuelta a esa esencia. Se transforma en algo más, en algo diferente y refrescante. Es puro Deadpool. Fox nos ha regalado la primera peli de superhéroes para mayores (que no adulta, no nos vengamos arriba).

El personaje hace mucho tiempo que en su versión viñeta dejó de tener gracia, por sobreexplotación y por la poca habilidad de sus responsables de sacar partido a un personaje con tantos matices. Se acomodaron a la locura, a la gracia fácil, olvidando que lo que hizo grande al bueno de Masacre (así, en español) es la contradicción interna en la que vive, entre el héroe al que aspira a ser y el bicho de gatillo fácil que normalmente toma el control. Esa humanidad está presente en la película, entre las toneladas de bromas sobre Wham! y las patadas en la mandíbula. Un asesino despiadado y fuera de quicio nos cae bien. Nos reimos con él. Su caída en los infiernos no deja indiferente. Si no hubiesen conseguido eso con Wade Wilson, Deadpool hubiese sido otro desastre sin gracia ninguna en el cementerio de las buenas ideas. Por suerte, han dado en el clavo.