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Publicado el 19 de abril del 2016 por Capitan_Melenas en Cómic
Música y viñetas: top de canciones comiqueras, parte 2

¡Hola de nuevo, amigos del ruido y la viñeta! ¿Os gustó la primera parte de este viaje? ¿Demasiado melenudo, quizá? No pasa nada, que en esta ocasión cambiamos de tercio y exploramos sonoridades distintas de las que protagonizaron la anterior entrega de este paseo musical comiquero. No me ando con muchos preámbulos, y entramos en faena. Adelante con…

TOP DE CANCIONES COMIQUERAS, PARTE 2

Paul McCartney and Wings, Magneto and the Titanium Man

Mira tú por donde, el bueno de McCartney es un fan acérrimo de los cómics Marvel. Tanto es así, que no pudo evitar la tentación de de incluir a alguno de los personajes de La Casa de las Ideas en sus canciones, una vez liberado de las broncas con Lenon y mandamás de su propia banda, Wings. En el disco Venus And Mars, de 1975, se incluía este simpático tema, centrado en dos villanos de postín. Bueno, en realidad uno, porque Magneto es de las ligas mayores, pero el Hombre de Titanio, como que no. Del amo del magnetismo poco hay que decir, y todos tenéis más o menos claro que es el incordio máximo de los chicos del profe Xavier. El Hombre de Titanio original era un espía ruso caído en desgracia que conseguía una armadura basada en los diseños de Anton Vanko, creador del equipo de Dínamo Carmesí. Para recuperar el favor de sus superiores, se pone como objetivo dar para el pelo a Iron Man, héroe muy americano que encima esconde tras la máscara a todo un ideólogo del capitalismo bruto, Tony Stark. La Guerra Fría y sus simpáticas consecuencias de agresiones bilaterales. Que tiempos aquellos.

McCartney pasa de todo, y nos recuerda que los malosos tienen su corazoncito, porque en este tema, lejos de la invención de maléficos planes de dominación mundial, estos terribles criminales ultrapoderosos se ponen a hablar de sus problemas con las chicas, como si la canción la hubiese escrito Brian Michael Bendis. El resultado, pues tiene su gracia.

 

Los Ramones, Spiderman

No podían faltar. Los Ramones, entre otras cosas, llenaron sus canciones de homenajes a la cultura popular estadounidense, algunas veces por pura nostalgia, otras por ironía bruta. La serie de dibujos de 1967 protagonizada por el Trepamuros marcó a toda una generación, así que estos maestros de la inmediatez punk rock encontraron  un divertimento en el opening original de la serie. Pasada por la particular visión de este mítico grupo, la canción se presentó como tema oculto de la edición en vinilo de su disco de 1995, Adiós Amigos. Pura energía teenager, puro Ramones.

 

Killer Barbys, Comic Books

Más estilo ramonero, pero en su versión gallega. Killer Barbys son un grupo sintomático de un momento en el que la palabra “alternativo” era el alfa y el omega de cualquier conversación sobre música. Los sellos independientes salían debajo de las piedras, a imagen y semejanza de lo que ocurría al otro lado del charco. Cualquier revista que se preciase NECESITABA un comentario de comparación base: Subterfuge es la Sub Pop española… y a tirar. ¿Que al final los grupos que más panoja generaban acaban fichando por multinacionales? Jo, que cínicos somos, leches. Con lo bonito que era el sueño en los 90.

Killer Barbys bebían de la cultura basura, de las películas gore, del punk rock ramoniano y el rock inocente y cándido de los años 50, el fetichismo por muñecas y juguetes retro, de horas y horas escuchando a Kiss y, por supuesto, cómics. Toneladas de aventuras de tipos y tipas enmascarados, historias imposibles de ciencia ficción y giros de guión de esos que dejan con la ceja derecha levantada un mínimo de dos minutos (Sí, Scott Lobdell, pensaba en ti, maldita sea). Básicamente, lo mismo que vende el hortera de Mario Vaquerizo y su corte de advenedizos tristes como si hubiesen descubierto el fuego, sin necesidad de hacer el ridículo a tiempo completo. Su disco debut era una declaración de intenciones y filias personales a base de punk rock, un pequeño clásico del estilo en este país (he dicho este país, que es España, como dice Aznar). Es más, el grupo gozó de cierta fama por sus vistosos conciertos, su actitud macarra y, sí, chicos y chicas, porque Silvia Superstar, la cantante de la banda, enseñaba chicha con alegría. Llegaron a rodar un par de películas construidas a partir de la imagen del grupo, dirigidas por todo un clásico de la serie B, Jesús Franco, alias el tito Jess. De aquella primera peli os dejo por aquí la escena final donde interpretan Comic Books, la oda/homenaje/respeto máximo por los clásicos de la viñeta. Amor,oiga.

 

Our Lady Peace, Superman´s dead

La muerte de Superman fue algo especial. Era la caída del primero de todos, de la esencia misma del concepto de superhéroe. Un hecho sintomático de un género, de una forma de entender el cómic, que no vivía sus mejores momentos, en sus primeros pasos al efectismo ridículo y salido de madre que fueron los 90 en el mercado USA (con honrosas excepciones, eso sí). La imagen de Superman abrazado por Lois Lane, caído tras el brutal combate contra Juicio Final, significaba el ocaso de una época. Al día siguiente, el mundo se despertaría sin el último hijo de Krypton, que luchaba todos los días, tan extraterrestre él, por ser la mejor versión de un ser humano. Tal fue el impacto que la historia se paseó por las noticias generalistas, tan dadas a ignorar ciertos aspectos de la cultura. Superman trascendía su imposible mundo de las viñetas y se colaba en las casas de la gente, y existía cierta sensación de pérdida, incluso en gente que jamás había leído un tebeo del Hombre de Acero. Curiosa la relación con nuestros mitos e iconos.

La muerte en el mundo del cómic en la actualidad en un hecho banal, ridículo y carente de toda épica, por culpa del eterno retorno de estos héroes que regresan de la tumba de las maneras más rocambolescas y peregrinas.  En esa época, las cosas eran muy distintas. El sacrificio y la pérdida aún eran actos venerables, definitivos y llenos de impacto y emocionalidad para los lectores. Algo tan grande, tan legendario, se cuela de manera definitoria en el imaginario colectivo, y genera sus propias historias paralelas.

Our Lady Peace era uno de esos grupos de rock “alternativo” prefabricado y domesticado por la implacable MTV, dirigido al gusto de los jovenzuelos de la época. A pesar de ese carácter de banda de factoría, lo cierto es que tenían un buen puñado de canciones para justificar la escucha de sus discos. En sus delirios guitarreros, encontraron inspiración en la muerte de Superman para marcarse este tema, que, admito, siempre se cuela de una manera u otra en mi lista de reproducción.

BONUS TRACK: Miguel Bosé, Superman

No podía irme sin más. Tengo al necesidad de fastidiaros un poco la vida, compartiendo este vídeo, obra maestra de lo chungo. Aquí tenemos a Miguelito Bosé, en pleno éxtasis kryptoniano, acompañado de un grupo de baile formado por extras de una peli de Almodovar.

Lo mejor, los gritos histéricos de fondo de esas fans que nunca vemos. Lo mismo eran las regidoras obligadas a hacer ruido de fondo por un director de programa sádico. Tanto que ha elegido ese escenario mezcla de película de terror de la Hammer y viaje malo de tripi. Todo es fenomenal. Canciones ridículas y chicas desganitándose. ¿Acaso pensabas que Justin Beaber ha inventado algo? Aquí os dejo con los tres minutos cuarentaycuatro segundos más largos de vuestra vida. Disfrutadlos, porque son magia pura, si es que no te atraviesas las córneas con alfileres ardientes antes de que todo termine, en plan climax edípico. Yo, por mi parte, me declaro fan del bigote del bailarín de la izquierda.