Exmachinaportada
Publicado el 10 de mayo del 2016 por Capitan_Melenas en Cómic
Cómics y política
Si el mundo se va al carajo, mejor que te l diga Reagan

Si el mundo se va al carajo, mejor que te l diga Reagan

Se suele decir que los cómics y la política hacen una mala combinación, pero con poco que se mire la historia reciente del medio es fácil darse cuenta de lo equivocado de esta afirmación. Si bien el medio como tal nace desde la más absoluta identidad de entretenimiento y evasión, la complejidad que adopta el noveno arte con los años conduce a contenidos de toda índole, incluso a su uso como elemento de crítica de bastante calado. El poder visual del cómic sitúa su capacidad de calado en el público por encima, y con mucho, de los tradicionales medios de expresión social. Mucho más eficaz que cualquier panfleto, el cómic se posiciona a la vanguardia de la crítica social, gracias al importante movimiento underground de los años 60 y 70. Hoy en día todavía encontramos publicaciones que usan las viñetas como arma arrojadiza contra los poderes establecidos; es el caso de la española El Jueves o la tristemente célebre Charlie Hebdo, por no hablar de las viñetas cómicas de los periódicos de gran tirada, que llevan desde los inicios de la prensa escrita como espejo de la realidad, y nos han dejado para el recuerdo maestros del humor gráfico como Forges o Mingote.

La cuestión que hoy planteamos es : ¿Qué pasa con el cómic comercial? ¿Se mojan las grandes editoriales? ¿Hay algún contenido crítico en los títulos de sellos que, tradicionalmente, se centran en el espectáculo de los coloridos superhéroes? Os proponemos un viaje por algunos títulos relacionados con el aspecto más comercial del cómic que sí cuentan de manera clara con algún tipo de contenido de índole política y crítica, para demostrar que siempre hay excelentes excepciones.

La personificación del odio

La personificación del odio

DIOS AMA, EL HOMBRE MATA: La metáfora mutante

Ya hablamos largo y tendido acerca de esta obra de capital importancia en la historia de los mutantes (aquí lo puedes leer). Christ Claremont llevaba el planteamiento de los mutantes como espejo de todas las minorías al paroxismo en esta fábula acerca del fanatismo y el odio. El patriarca mutante había conducido a sus personajes a niveles cósmicos, en episodios tan recordados como la saga del Nido o la imprescindible saga de Fénix Oscura. A pesar de estas maravillosas demostraciones de fantasía y espíritu renovador, Claremont no podía evitar la esencia de los Hijos del Átomo, un grupo de héroes que juraron proteger un mundo que los teme y los odia. Dios ama, el hombre mata, supuso un enfrentamiento directo de los alumnos de Xavier con la realidad más palpable, tras tanto periplo espacial. El odio irracional toma forma en el reverendo Stryker, erigido como líder del movimiento antimutante. La única motivación de este fanático es la destrucción del homo superior, y para ese fin cualquier método es válido.

Marvel, todo sea dicho, siempre ha encontrado un hueco para cierta crítica social en sus tebeos, por muy velada que ésta fuese. No hacían oídos sordos a las voces de la calle, y afrontaron los derechos civiles en las páginas de títulos como Pantera Negra o Power Man, e incluso se atrevieron a desafiar al infame Comics Code en Spiderman, al tratar abiertamente el tema de las drogas. Incluso en la tan cacareada Civil War en su versión en viñetas, se afrontó la América post 11S y el debate abierto entre la seguridad nacional y los derechos civiles de los ciudadanos.

Los mutantes siempre han sido una gran metáfora de la persecución de las minorías, ya sean raciales o sexuales, pero fue en esta gran obra cuando esta percepción de los X-Men llegó al paroxismo.

AMERICAN FLAGG!: Howard Chaykin entre el arte y el gamberrismo

Howard Chaykin es, sin duda, uno de los grandes renovadores del medio, perteneciente a esa generación repleta de audacia y atrevimiento que nos dejó a autores de la talla de Frank Miller o Walter Simonson. El talento y audacia mostrados tanto a nivel visual como narrativo sitúan su obra entre las más arriesgadas de aquella época, aunque una carrera irregular y el aura de plémica que ha arrastrado a lo largo de su historia le han quitado importancia de manera injusta en la historia de una década que definía el arte secuencial. American Flagg!,su obra más personal y desatada, donde se atrevía a imaginar un futuro casi apocalíptico, producto de crisis económicas y cambios de paradigmas políticos, en los que los Estados Unidos han sido barridos como gran potencia mundial. Con mucho humor macarra, bastante violencia y unas gotitas de sexo, Chaykin nos contaba las aventuras de Flagg, el último creyente en el sueño americano.

La página según Chaykin. Puro arte

La página según Chaykin. Puro arte

Chaykin mostraba todas sus armas narrativas en este excelente ejemplo de ciencia ficción distópica. Las atrevidas composiciones de página, el diseño de personajes, el sentido del ritmo y la acción o la perfecta e imaginativa integración de los textos como parte imprescindible del propio dibujo, hacen de American Flagg! una obra adelantada a su tiempo en muchos aspectos.

La feroz crítica a la sociedad de consumo, a los medios de comunicación o la violencia como espectáculo, sirven como medida de la América de principios y mediados de los 80, metida de lleno en los años de espejismo económico propiciado por la era Reagan. debates que, a pesar de los años, siguen muy presentes en la retórica política de hoy en día, por lo que American Flagg! no ha perdido ni un ápice de vigencia en ningún aspecto.

EL REGRESO DEL CABALLERO OSCURO, Batman contra el mundo

Frank Miller es otro de esos autores al que persigue la polémica. No es de extrañar, si se tiene en cuenta lo beligerante que se ha mostrado siempre en sus opiniones, mostradas sin tapujos en las obras que firma como guionista y dibujante. Sí que es cierto que los años han aumentado el tono de esos posicionamientos, sobre todo tras el 11S, que propició un giro bastante agresivo en su visión del mundo y su propio arte. Pero antes de todo esto, Miller ya había dejado para la posteridad una feroz crítica a la América de mediados de los 80 en las páginas de su obra maestra El regreso del Caballero Oscuro.

Son muchos los temas tratados en esta obra seminal del cómic moderno, con especial atención a la psicología del propio cruzado. Hoy nos centraremos en uno de los aspectos más evidentes de la propuesta de Miller, como es la distorsión siniestra que muestra en las calles de una Gotham descompuesta por la violencia, la desintegración social y la inoperancia política. Batman regresa, pero en esta ocasión, la idea de un hombre solo contra el caos no resulta del todo agradable a una clase política que vive comodamente en el caos controlado por los medios de comunicación. Miller se atreve incluso con Superman, imagen del sueño americano, convertido en el títere de un presidente que, de manera clara, parodia sin concesiones a Ronald Reagan. Mucho se ha hablado del papel de Batman en esta tragedia…¿Es un héroe, un loco o simple y llanamente un fascista enmascarado? La grandeza de la obra de Miller es, precisamente, el debate sobre la propia esencia del personaje, tan llena de matices que da a lugar a posicionamientos tan descarnados en ocasiones.

Batman en modo guerrillero

Batman en modo guerrillero

Efectivamente, las coincidencias con la obra de Chaykin no son casualidad, ya que ambos autores pertenecen a la misma generación de jóvenes descontentos y críticos, que además encontraron en el cómic el medio perfecto para dar rienda suelta a sus filias y fobias. Gracias a esta fuerza narrativa, el cómic llegaba a la edad adulta, y demostraba que se podía contar una historia compleja y llena de matices a pesar de las limitaciones de los grandes sellos editoriales.

THE AUTHORITY, o… Paso, que llega Mark Millar

The Authority se habían convertido en el referente para todos los supergrupos del mundo. Uno se podía imaginar a los editores de los grandes sellos tras la lectura de número tras número pensando… ¿Por qué no se nos ha ocurrido a nosotros antes? Cada arco argumental era más grande, atrevido e inteligente que el anterior, lo que cimentó la carrera de Warren Ellis como guionista. El sustituto del reconocido escritor inglés fue otro tipo llegado de las islas, de Escocia para ser exacto. Con el tiempo, Mark Millar será sinónimo de excelso gamberrismo, y fue en The Authority donde plantó las primeras semillas de su reputación.

Para su etapa al frente del grupo editado por Wildstorm, Millar se preguntó qué pasaría si los superhéroes se dedicaran a arreglar el mundo de verdad. Nada de simpáticas peleas con malos megalómanos disfrazados; hablamos de derribar regímenes indeseables, de hablar a las grandes potencias de tú a tú, y de amenazar de manera clara a los que manejan el cotarro que ya va siendo hora de ser unos buenos chicos. Por supuesto, el giro de los acontecimientos tiene sus consecuencias, y los gobiernos del mundo (movidos por los intereses de corporaciones internacionales), que vivían muy bien haciendo y deshaciendo en gana, no ven con muy buenos ojos la existencia de un grupo que amenace sus privilegios.

A base de humor, mala uva y cierto toque conspiranoico, Millar construye una obra tan ácida como mordaz, que hace daño, con mucho descaro, a toda institución que se ponga por delante. De la política global al propio mundo de los cómics, nada se escapa del dedo acusador de un autor sin pelos en la lengua. The Authority cambió la forma de entender los grupos de superhéroes, en donde la épica no es contraria a la sátira. Ya es un clásico de lectura obligatoria, que no puede faltar en vuestra estantería.

LOS INVISIBLES: La llamada a las armas de Grant Morrison

LosInvisibles. Toda una declaración de intenciones

LosInvisibles. Toda una declaración de intenciones

Hablar de política como tal en los contenidos de Los Invisibles es un tanto complicado. En esencia, este visionario relato de Grant Morrison retrata la eterna lucha del bien contra el mal, representado este como la opresión definitiva en forma de amenaza insectoide interdimensional. Los héroes de Los Invisibles son capaces de ver la podredumbre que se esconde detrás del control y el orden del mundo visible, y se presentan ante el lector como una especie de grupo antisistema, que mezcla sin pudor el nihilismo punk con la espiritualidad new age. La magia y los cócteles Molotov tienen la misma capacidad destructiva para estos gurús de una violenta nueva era de cambios. Deliciosamente erudito y rompedor, tan culto como deslenguado, Morrison marca su propio futuro como autor en las páginas de un cómic que requiere mucho más análisis que el escaso espacio de este artículo. Lo que está claro es que hay intenciones políticas en la propuesta de Morrison, que mezcla con ironía e inteligencia en su mensaje teoría anarquista o eslóganes situacionistas a partir de la particular óptica psicodélica de este autor tan especial.

CARTA 44: Sorpresa, señor presidente

Carta 44 es una de las grandes sorpresas de los últimos años, y entra de lleno en la política exterior estadounidense en un contexto de ciencia ficción de lo más sugerente e impredecible. Todo comienza con la llegada a la Casa Blanca de un nuevo presidente de los Estados Unidos. Lo primero que encuentra sobre la mesa del despacho más famoso del mundo es una carta, firmada por su antecesor en el cargo, en el que justifica la avalancha de invasiones y la escalada bélica del país por la presencia de un objeto extraterrestre en los límites del sistema solar. La intención del anterior mandatario era la preparación concienzuda de sus tropas y el desarrollo de la tecnología para hacer frente a una posible invasión. El recién llegado presidente ha de hacerse cargo de la locura militarista en la que se ve atrapado, al mismo tiempo que descubre una misión tripulada hacia el objeto extraterrestre, que significará el primer encuentro con habitantes de otros planetas para los seres humanos.

El thriller político se da la mano con la ciencia ficción pura y dura de la mano de Charles Soule, que se muestra especialmente crítico con la política post 11S. Las puñaladas traperas de la muy mundana política terrestre amenazan la estabilidad del recién nombrado gobierno, y el mundo se dirige a una encrucijada histórica en la que cada paso dado desde los despachos puede significar el fin de la raza humana.

Muy recomendable. Además, cuenta en los lápices con presencia española, puesto que Alberto Jiménez Alburquerque, madrileño haciendo las américas, es el encargado del apartado artístico de esta magnífica obra de conspiraciones políticas.

EX MACHINA: La máquina en el ayuntamiento

Si hay una obra que ha hecho un gran favor por la convivencia del cómic y la política en el mismo espacio es esta serie firmada por Brian K. Vaughan. Este escritor se hizo un hueco en el mundo del cómic gracias a un programa de captación de nuevos talentos para Marvel, y enseguida firmó obras con tanta autoridad como Runnaways. A pesar de este éxito en los sellos más reconocidos del medio, ha sido con sus propias obras independientes donde ha encontrado mayor aplauso de crítica y público. Además, puede que no conozcas su nombre, pero aunque seas un profano del mundo de la viñeta, algo de este tipo ha pasado por tu vida de fijo. Por ejemplo… ¿Recuerdas cuando Perdidos era una serie decente? Pues gran parte del éxito de las temporadas más apasionantes de la serie es de Vaughan, guionista jefe del equipo de escritores. También ha sido responsable de la adaptación de La Cúpula, la novela de Stephen King, a formato televisivo.

Un alcalde muy especial

Un alcalde muy especial

En Ex Machina cuenta la historia de Mitchell Hundred, flamante alcalde de New York. Pero no es un alcalde cualquiera. Hace años, era conocido como La Máquina, el único superhéroe conocido del planeta. El fracaso de su carrera como justiciero, sobre todo en los ataques del 11S, hacen que Hundred reflexione sobre su papel, y de qué manera puede ayudar de manera real a los habitantes de su ciudad. Entonces decide presentarse como  candidato independiente a la alcaldía de la Gran Manzana, y, contra todo pronóstico, gana. Vaughan nos sumerge en el día a día del alcalde más particular del mundo, rodeado de un grandísimo plantel de secundarios, gracias a los que el escritor presenta todo el espectro político de la sociedad americana sin mojarse del todo con posicionamientos personales. . La inexperiencia Hundred contrasta con la ilusión del que sabe que puede cambiar las cosas. A pesar de que se escribió hace años, es muy interesante la comparativa con la realidad política, cada vez más diversa y llena de sangre joven, le pese a quién le pese, de la que Hundred podría ser muy representativo. Además, Vaughan no abandona el género superheroico, a pesar del tono realista, casi televisivo, que adopta la colección, que se extendió a lo largo de 50 números.

Tony Harris se encarga del dibujo de Ex Machina, lo que es un aliciente más para hacerse con esta serie, que ha sido reeditada en numerosas ocasiones.

Como hemos visto, política y cómic mainstream puede ser una combinación de éxito. El arte (y el cómic lo es, no lo dudes), al fin y al cabo, no puede ignorar la realidad, y al final es el día a día la inspiración real de todas estas historias, por muy fantásticas que sean en principio. Por lo menos, la realidad de la viñeta nos da puntos de vista y reflexiones distintas a las que acostumbramos a escuchar, de un modo atractivo y, en ocasiones, hasta valiente. Así que a leer, malditos.