Fotograma de la pelicula ESCUADRON SUICIDA para el iCULT
Publicado el 10 de agosto del 2016 por Capitan_Melenas en Cine
[Críticas] Escuadrón Suicida

Esta crítica va dedicada a los encargados de escribir las líneas de diálogo de Killer Crock, por haber hecho realidad el sueño de cualquier ser humano: trabajar muy poco y cobrar mucho.

Fotograma de la pelicula ESCUADRON SUICIDA para el iCULT

Despedida de soltero

Escuadrón Suicida es la confirmación del desastre perpetrado por Warner/DC en su universo cinematográfico, que no es otra cosa que la traslación a la pantalla de cine del pollo supremo montado en la división en viñetas de la susodicha empresa. En la productora parecen empeñados en escupir hacia arriba, convencidos de las bondades de sus películas. Sin embargo, todo ha sido un paso en falso desde los inicios, con la desequilibrada Man of Steel, y se confirmaron las peores sospechas con Batman VS Superman, uno de los filmes más extraños, desequilibrados y contradictorios del cine reciente. Escuadrón Suicida es otro tiro en el poste, demostración extrema de la falta de concreción reinante en el concepto global del universo cinematográfico DC. De lejos, la peor película de superhéroes de la casa, de una calidad tan ínfima que se da la mano con ese desastre mayúsculo vomitado por Fox llamado 4F.

David Ayer dirige este simplón ejemplo de cine de acción reducido al mínimo, incapaz de dotar de las mínima personalidad a este producto teledirigido y esclavo de su propia fórmula. No hay una pizca del director que, por lo menos, ha sostenido una carrera coherente y ha reforzado a lo largo de sus películas una idea visual reconocible. Aquí se une a la fiesta de vale todo; pierde el control del invento desde el minuto uno, hasta el punto de que parece disfrutar lanzándose contra un muro a velocidad absurda. Tiene una fe inquebrantable en el ritmo de la película, en el tono elegido para el conjunto, en sus personajes. Lo descorazonador es que no hay nada de eso en ningún momento del metraje de Escuadrón Suicida. Hay un confuso viaje a ninguna parte, falto de carisma, de un mínimo de valentía, adornado por una falta de respeto total hacia el espectador y al material original en el que se basa. Resulta el desaguisado en una película que no es simplemente mala: Escuadrón Suicida da asco, por pretenciosa, por el desprecio impreso en cada fotograma hacia el cine, los cómics, la gente que se deja sus euros esperando, al menos, un espectáculo digno.

Soy un icono post moderno, queredme

Soy un icono post moderno, queredme

Desde Warner, se vendía la idea en Escuadrón Suicida de comedia macarra, desfase y oda al villano. No hay atisbo ninguno de ese tono, excepto nulos intentos a base de chistes que parecen escritos por Bertín Osborne, anticlimáticos e inapropiados. La caída constante en la misma piedra produce un hastío que roza lo existencial. En lugar de palomitas, lo que más me apetecía a los 15 minutos de visionado era un cartón de vino peleón. Las idas y venidas incomprensibles en el tono de Escuadrón Suicida hacen imposible que se tome en serio cada una de las decisiones elegidas para el desarrollo de su trama. A veces quiere soltarse el pelo, pero la sensación general es de desconcierto. Hay de fondo una seriedad absurda que encajona las posibilidades de la película. Cae en esa falsa intensidad que protagoniza cada estreno de Warner/DC, empeñados en lanzar a cañonazos hacia la edad adulta el cine de superhéroes. Lo triste es que en ese empeño, consiguen todo lo contrario: cine pueril, reducido al ruido de las ametralladoras y al chiste bobalicón, que sonrojaría al mismísimo Pablo Motos (necesitaba meter esta pulla. LO NECESITABA).

Lo cierto es que Escuadrón Suicida necesita muy poco para funcionar, y nada más a base del carisma de sus personajes la cosa se hubiese salvado. Ni con esas. El desastroso guión semi coral planteado por estos señores, sin amor ninguno por eso de hacer películas, consigue extirpar sin anestesia todo el poder de convicción de personajes míticos. Metidos con calzador en una trama increíble, se arrastran por la historia sin pena ni gloria, dando bastante penita. Todos esperan su momento de gloria, que los niños los elijan como su malo favorito y exijan a sus padres que compren el muñeco del susodicho bajo amenaza de prender fuego al hamster.

Nada de nada. Posibilidades y potencial lanzados al fastuoso estercolero de lo que pudo ser. Conformismo, mucha tontería, escupitajos con moco verde nuclear sobre personajes que se merecían mucho más. Capitán Boomerang agarrado al dichoso unicornio de peluche (quiero conocer a la persona que pensó que eso es gracioso para confirmar mis sospechas y diagnóstico), Killer Crock haciendo NADA, excepto matar y mutilar. Katana, personaje icónico de mi infancia comiquera, pasa por aquí sin mucho que aportar, sin ningún momento especial que justifique la presencia de esta aguerrida espadachina, arrancado todo el drama de su contexto salvo para la estúpida escena en la que se explica de mala manera su origen (y se la ridiculiza. A tope, niños). Will Smith hace muchos comentarios ingeniosos y dispara a saco.

Pero vamos con lo gordo de esta cosa. Lo están esperando ustedes, ¿verdad?

Vamos con Joker y Harley Quinn.

Un doctorado para acabar con este tío.

Un doctorado para acabar con este tío.

He defendido al Joker de Leto desde la aparición de la ya infame primera fotografía que vimos hace ya muchos meses. Entiendo que, como todos los personajes, hay diferentes variaciones sobre el mismo tema, y que todas son válidas siempre y cuando se respete cierta esencia básica. Joker no escapa a esas interpretaciones dependientes del autor de turno, y hemos tenido de todo (lo cuento aquí, aquí y aquí), hasta un payaso satanista bastante salido de madre perpetrado por Doug Moench y Kelley Jones en su fantástica etapa. Lo que ocurre es que el giro planteado por David Ayer y su pandilla es tan indignante que consigue destrozar una leyenda. La presencia del personaje de Leto es anecdótica. Si arrancan al personaje de la trama, no pasa absolutamente nada. Es desencadenante y excusa, sin ningún contenido real salvo el reclamo de su misma naturaleza. Eso ya basta para una buena dosis de cabreo, pero entonces analizas un poco el alma del personaje en Escuadrón Suicida, y se te cae el alma a los pies.

Los guionistas de la película no han entendido nada sobre el funcionamiento de la enferma relación entre Joker y Quinn. Aquí es, para variar, contradictora en términos, sin matices, sin el componente demoledor de lo que hemos leído en los cómics. El maltrato constante, la manipulación salvaje y sin contemplaciones, el terrible síndrome de Estocolmo extremo que convierte a Quinn en una extensión de la podrida voluntad del Joker, son reducidos a la mínima expresión, mezclado con una idea de romanticismo que espanta. Joker se transforma en un ganster de medio pelo que podría estar haciendo discos con Doctor Dre en lugar de dedicarse a… bueno, lo que sea que se dedique, porque tampoco dicen mucho del contenido de su maldad, salvo la elección de sastre. Quinn se tambalea que es un gusto. Está loca, o no, o tiene sentimientos, o no, o yo que sé, depende de lo que necesite el guionista. Como se dedican a explicar el trasfondo de los personajes a base de flasbacks que estropean más que arreglan la experiencia, pues nos vale todo. Al final, la relación de Joker y Quinn es puro amor cani, pasión reggetoniana falta de humor negro, de componente sórdido. Son el Ruben y la Vane a tope por la vida. Un asco.

Mamá, esa no es la Katana de verdad

Mamá, esa no es la Katana de verdad

Cuando nada puede ir peor en la construcción de personajes, entonces Ayer nos ofrece una visita a los deseos de Quinn, Encantadora mediante. Resulta que, al final, todo es más memo y reaccionario de lo que pensábamos. Los señores guionistas (porque esto lo ha escrito un tío, apuesto) nos cuentan que, por muy loca que estés, lo que desea, como ejemplar de género femenino, es un hombre y niños; café y huevos revueltos por la mañana mientras maridito se va a currar al centro, eso sí, tras haber domesticado a ese cabeza loca del que te has enamorado. Porque eso es lo que hacen las tías, tú, cambiarte. Pero como están loquitas por ti, ladrón, aguantan lo que sea con la esperanza de que un día seas eso que se cuela en sus fantasías burguesas.

Horripilante.

Los villanos, otro desastre mayúsculo. También son lanzados a la trama, sin motivaciones, sin contexto creíble. Encima, dan una identidad mágica a la película que nos lleva a un climax incomprensible. Ni los Cazafantasmas oiga. Eso sí, que no falten las hordas de carne de cañón ridícula, que hacen que los Masillas de Power Rangers parezcan el colmo de la construcción de personajes.

Lo indignante se convierte en ira justiciera cuando llegan los compases finales de película y nos lanzan la moraleja a la cara como si fuese caca de mono titi. Tienes a los villanos más chungos, duros y psicópatas de mundo, pero oye, que en menos de dos horas están poseídos por el espíritu Disney, y todos amigos. Chupi. Abrazo colectivo.

Aracadas, incredulidad, sudores fríos. Es la primera vez en mi vida que siento claustrofobia en una sala de cine. Así de duro. Añadimos a la ecuación la banda sonora más extrañamente inapropiada de la historia reciente del cine, y la sensación de pérdida se acrecenta hasta el llanto. Necesito un abrazo.

Votante de Podemos según Marhuenda

Votante de Podemos según Marhuenda

No hay respiro en Escuadrón Suicida. Nada salvable, nada que invite a ser amable con un espectáculo lamentable, narrado de la peor manera posible. Un primer acto que se atraganta por largo, insulso y desesperante, se sigue de un exceso de videojuego, hasta llegar al final boss de turno con el cerebro hecho papilla a esas alturas. Es una paso atrás en un género que pide desmesuradamente la llegada del siguiente nivel. Es una vomitona de desprecio sobre los que amamos los cómics, nos divertimos con el cine de superhéroes, pero no nos gusta demasiado que se nos tome por idiotas. Algo tiene que cambiar en Warner/DC, porque hasta ahora sólo nos han dejado películas que van desde lo pretencioso al asco puro y duro, la sensación ofertada por Esucadrón Suicida. Apenas tienen margen. Por mi parte, me niego a reír las gracias de esos fenicios sin escrúpulos.