Publicado el 31 de Octubre del 2016 por Capitan_Melenas en Cine
[Halloween] Cine para pasarlo de miedo

Otro año más, llega la ocasión perfecta para reunir amigos, hacer toneladas de palomitas y disfrutar de ese género que nos da tantas alegrías: !Cine de susto, señora, que para eso es Halloween! No voy a entrar en el debate memo sobre la invasión cultural y demás, que es muy cansino. Algunos, quizá, con su españolía mediante, preferirían un maratón de películas de Paco Martinez Soria, pero oye, que aunque da miedito dicho así, no nos referimos a esa clase de espanto. Preferimos las mansiones encantadas, las catacumbas lúgubres, y otros lugares tenebrosos como un parking del extrarradio la mañana siguiente de un botellón (ballardiano a tope, oiga).

Para el menú de hoy, os proponemos una parada por alguno de los conceptos clásicos del cine de terror, acompañado de la película ilustrativa para divertimento de nenes y nenas. No me estiro más, y empezamos. Encended una vela, una buena ristra de ajos, y poned a vuestro novio o novia a soplar a través de las plantas de interior para dar ambiente porque empieza…

ESPECIAL CINE DE SUSTO 2016

Una de Mad Doctor

Mi quimicefa no era así

Mi quimicefa no era así

El científico loco es de esos personajes icónicos del cine de horror, que tan buenos ratos nos ha hecho pasar con ese mensaje algo rancio de fondo en plan “la ciencia produce monstruos”. Todo empieza, más o menos, en aquella tormentosa noche de 1816 en la que Mary Shelley acojonó a base de bien a los colegas de su churri, con la invención del bueno de Victor Frankenstein. El cine perpetuó el legado gracias a los clásicos de Universal, con el Boris Karloff en el papel del homúnculo antinatura (llevo toda la semana buscando el hueco para escribir eso) creado por el torturado científico. A partir de ahí, decenas de zumbados con bata blanca y sus jocosos inventos, motivo de horrores, espantos, muerte y destrucción. Como ejemplo de esta clase de profesor chiflado, os presentamos al doctor Herbert West, de profesión, resucitador.

Re-Animator es todo un clásico ochentero, dirigida por Stuart Gordon y producida por Brian Yuzna, dos nombres legendarios en esto del cine casposo. Es más, un día os hablaré de como Yuzna acabó produciendo pelis en España de calidad  más que dudosa. Pero como diría Michael Ende, esa es una historia que tendrá que ser contada en otra ocasión. Adaptación muy libre de un relato del mismísimo H.P. Lovecraft, nos cuenta las peripecias del doctor Herbert West, eminencia médica que ha creado una fórmula para devolver la vida a los muertos. El problema es que los seres regresados de su lecho de muerte están muy lejos de ser humanos, y se comportan como bestias descerebradas hiperviolentas.

A pesar de esos efectos secundarios, el bueno de Herbert, como buen profesor chiflado, no cejará en su empeño de borrar las fronteras entre la vida y la muerte, sin importar las consecuencias de sus actos. Gore, erotismo rancio y toques delirantes de comedia convierten a Re-animator en un divertimento esencial para una noche como ésta. Cutrez infame para muchos, clásico de culto para otros tantos, os recomiendo que nadie se la tome muy en serio y disfrute del espectáculo.

Hay una secuela que es todavía más psicodélica, dirigida por Yuzna, donde explota todas las exageraciones de la primera parte. Igualmente divertida, llena de imposibles homenajes a los clásicos de la Hammer pero a lo bestia, si yo fuese vosotros, me estacaba un maratón con ambas. Sí, hay una tercera entrega, con Santiago Segura y Elsa Pataky en el plantel. Como os decía, Yuzna pasó buena parte de los 90 en España produciendo bosta de la buena.

Lugares encantados

Con planos sí, media peli hecha

Con planos así, media peli hecha

¿Qué sería del cine de terror sin esos lugares tenebrosos y abandonados por la mano del hombre, convertidos en imagen del miedo? Casas encantadas, mansiones victorianas, pisos erasmus…El horror, el horror.

Entre estos particulares espacios, hoy nos trasladamos a otro pequeño clásico: Un hospital abandonado. Un manicomio, para ser exactos. El hospital mental de Danvers, chicos y chicas. Que lugar.

Session 9 está en mi top ten personal de películas del género. No es perfecta, es confusa en ocasiones, y tiene un ritmo muy particular que aleja el resultado final de lo esperado en un filme de terror al uso. Pero el ejercicio visual y la creación de ambientes proporcionada por Brad Anderson, talentoso director, es de las experiencias más desasosegantes que he tenido ante una pantalla. Y ese es el secreto de esta historia de soledad, abandono y caída en los infiernos, las sensaciones que despierta en el espectador, repetidas con cada visionado. No hay golpes de efecto, ni sustos inesperados, ni la parafernalia habitual en esta clase de propuestas. Tenemos calma, silencios, corredores abandonados y pasillos llenos de quietud malsana.

Un equipo de limpieza. Un proyecto de restauración. La presión de una mala racha económica. Los misterios increíbles de un lugar abandonado. La arquitectura del entorno que parece escapado de una pesadilla. Y unas cintas grabadas a la paciente más extraña de la historia de la psiquiatría. 9 cintas. Nueve sesiones. Y un final espeluznante.

Puede que no te mueras de miedo viendo Session 9, pero la sensación incómoda de formar parte de un mal sueño no te la quita nadie durante todo el metraje. Eso es un triunfo.

Marchando una de relatos cortos

El cuento breve es, en mi opinión, el estado natural de las historias de terror. En ese formato es donde encontramos los grandes momentos en la creación literaria del género, con nombres como Poe, Lovecraft y toda su legión de discípulos, o, más recientemente, Thomas Ligotti. En el cine, hemos visto como un magnífico corto era transformado en un producto mediocre, precisamente por la ruptura con la inmediatez de la historia corta. Pero, a cambio, de cuando en cuando aparecen homenajes cinematográficos a este formato, con largos montados a partir de la idea de un conjunto de historias de poca duración que forman un todo. Ejemplos recientes, V.H.S,  ABC of death y, por supuesto, Southbound.

Todos los caminos llevan al infierno

Todos los caminos llevan al infierno

Es el curioso experimento perpetrado por, precisamente, los creadores de V.H.S. Varios directores unen sus talentos para esta alucinógena mezcla entre road movie polvorienta y terror, con varias historias conectadas al ocurrir en un mismo espacio geográfico. La frontera entre el mundo mortal y el mismísimo infierno se rompe en este no-lugar desértico, abrasado por el sol. Sectas, criaturas monstruosas, pecados del pasado, huidas a ninguna parte y la ironía de estos Estados Unidos presentados como antesala del inframundo, ingredientes  utilizados para construir el imposible universo que moldea esta película. El purgatorio tiene un aspecto desolador.

No esperes respuestas a este mundo caótico y enfermizo. Simplemente, disfruta del viaje, porque merece la pena.

Incomunicados

Otro lugar recurrente en el mundo del horror está en los protagonistas apartados de las comodidades del mundo civilizado por culpa del dichoso e inoportuno fenómeno metereológico, mezcladito además con el asunto paranormal. Ejemplo maestro de ello, El Resplandor, del maestro Kubrick (a cuadrarse todos). Esta situación tan peliaguda es visitada de cuando en cuando por directores dispuestos a dar la campanada con variaciones sobre el mismo tema, y de las más recientes es February. Esta película no ha sido especialmente bien tratada por la crítica, que la ha dado pero bien. Pero he de decir que a mí me gustó, a pesar de cierto efectismo y de su propia esencia como película: da la impresión de que Oz Perkins, su director, cree que está rodando el antes y el después en el cine de terror. Y ni mucho menos.

Si vais a un lugar sórdido, mirad el tiempo antes

Si vais a un lugar sórdido, mirad el tiempo antes

Aún así, es un interesante relato acerca de la pérdida, el abandono y la soledad. Cuenta la historia de dos adolescentes encerradas en su escuela, abandonadas e ignoradas por sus padres durante las vacaciones. En medio de ese ambiente tan afectado, la más joven de las dos empieza a mostrar un comportamiento arisco, e incluso violento. Y es que las leyendas del lugar tienen fuerza por sí mismas, y esta chica ha encontrado en los silenciosos pasillos del colegio un amigo que nunca la dará de lado. Tan sólo exige un pequeño sacrificio.

Curiosa narración con cierto riesgo en el concepto temporal, aunque sin demasiadas sorpresas. Lo más llamativo, la desconcertante moraleja de la historia. ¿Estamos ante el primer síndrome de Estocolmo satánico?

Inquietante.

¿Un monstruo clásico? Vamos con hombres lobo

Neil Marshall era otro de esos directores que venía a comerse el mundo. Con sus dos primeros títulos, Dog Soldiers y la fantástica The Descent encendía las alarmas cinéfilas. El género de miedo tenía un salvador. Todo quedó en agua de borrajas con sus siguientes películas, sin interés alguno, y su traslado a los verdes pastos de la televisión, donde ha dirigido alguno de los capítulos más potentes de Juego de Tronos, por ejemplo.

En Dog Soldiers mezclaba sin complejos el cine de terror con toques de acción y una pizca de autoparodia en los límites de la serie B. El mejunje funcionó de manera magistral, divertida e impactante, dejando para el recuerdo una de las mejores películas de los últimos tiempos con licántropos de por medio.

Perrito bonito

Perrito bonito

Dog Soldiers nos cuenta la peripecia de un grupo de operaciones especiales inglés de maniobra por los páramos de Escocia. La mala suerte es que la estancia en el campo se convierte en una pesadilla cuando se ven rodeados por una manada de hombres lobo con ganas del aperitivo, que hay luna llena. Tiros, sangre, acentos chungos en la lengua de Sheakespeare y una experiencia distinta para fans de estos peludos hijos de la noche. Yo no me canso de verla.

COLOFÓN: Clásico Español

Chicho Ibañez Serrador ha pasado a la historia de la televisión por ser creador de uno de los programas legendarios de la parrilla española, el mítico 1,2,3 (vamos, menores de 25 años, todos a Wikipedia). Pero aparte de esos aplausos televisivos, Serrador fue un pionero del cine de género en este país, con un par de películas para el recuerdo, auténticas adelantadas a su tiempo. La Residencia o ¿Quién puede matar a un niño? son dos películas más valientes de lo que parece a simple vista y del abrumador paso del tiempo, que ha dejado su estilo algo desfasado.

Reforma educativa a lo bestia

Reforma educativa a lo bestia

En especial, La Residencia es toda una declaración de principios, que jugaba de manera bastante brutal con los límites de la censura de la época. El ambiente completamente enfermo creado para la ocasión en este colegio para señoritas traspasa con creces la neurosis sexual, y el tratamiento de la violencia es de una crudeza inusitada, adelantándose incluso a los espectáculos sanguinarios (y bestialmente misóginos en su mayoría ) de los maestros de Giallo italiano. A pesar de los años, sigue siendo bastante perturbadora, y muestra la inteligencia de un realizador único para rodear con maestría los imperativos de la época. El erotismo contenido se da la mano con la barroca puesta en escena y resulta en una película que no debe caer en el olvido.

Antes de todo esto, Chicho ya estaba en el Olimpo por la creación de una de las mejores series que ha pasado por una televisión, la grandísima Historias para no dormir. Una maratón de episodios de esta maravilla en blanco y negro también es más que recomendable, señores.

Y con esto damos por terminada la sesión. Yo creo que hay variedad y buenas horas de sustos, de diferentes magnitudes e intenciones.

¡Que ustedes pasen un genial buen/mal rato!