Publicado el 15 de Junio del 2017 por Capitan_Melenas en Series
Metaseries: La ficción dentro de la ficción

El tema de las series se nos ha ido de las manos. Aunque dejes de dormir y abandones a tu familia, es imposible seguir todos los lanzamientos lanzados con histeria por parte de cadenas y plataformas dedicadas a estos menesteres. Nunca la ficción televisiva había logrado mayor predicamento y alabanza por parte de los medios y el público. Tanto es así que, desde hace tiempo, el cine ya no mira por encima del hombro con condescendencia a los productos destinados al formato serie.

¿Burbuja a punto de explotar? El tiempo lo dirá, pero, de momento, las hordas de seriéfilos pueden respirar tranquilos, porque las ofertas llegan a decenas.

El caso es que hoy no venimos  a hablar de series propiamente dichas. Hay veces que en estas ficciones, ya sea a modo de travesura, de parodia o de importante base para la trama, aparece como curioso reflejo de la realidad el espectro de programas que nunca veremos, series que se pasean por el imaginario colectivo como un fantasma. Toca hablar de la metaserie, la ficción dentro de la ficción, de los programas que ven los protagonistas de nuestras series favoritas. Una forma de entender el relato que no deja de ser un juego con los espectadores, pero que ha dejado para el recuerdo no pocos momentos memorables para los fans.

INVITATION TO LOVE: Café, tarta y culebrones

Ojo a la tele

Twin Peaks’ es un antes y un después en la historia de la televisión. David Lynch y Mark Frost arrojaron al sorprendido público a su particular mundo onírico y surrealista con una serie que es tan fascinante como imperfecta. No había nada parecido a ‘Twin Peaks’ en si momento, y, a pesar de las imitaciones e inspiraciones que ha propiciado la serie original, no ha existido algo a la peripecia del agente Cooper. Frost y Lynch daban hechuras cinematográficas a un producto destinado a la televisión, y de pasaban por el arco del triunfo cualquier convencionalismo narrativo. Continuaba el viaje que comenzó con ‘Terciopelo Azul‘ y que llegaría al paroxismo con ‘Carretera Perdida’ y el cine posterior de este inclasificable director.

Una de las cosas más desconcertantes de ‘Twin Peaks’ era el juego con los géneros y tonos. La serie era un amalgama, a veces absurdo, de policíaco, misterio, terror, comedia, folletín adolescente y fantasía paranormal. El conjunto de personajes delirantes hacía imprevisible el avance de la trama, y esta esencia se mantuvo hasta en los momentos más flojos de la serie.

El brebaje, en ocasiones indigesto, se adentraba con alegría suicida en el terreno de lo autoparódico. En este sentido hay que hablar de una de las piezas del conjunto que daba gasolina a los aspectos cómicos, e incluso absurdos, de la propuesta de Lynch y Frost. ‘Invitation to love’ era un culebrón que tenía enganchados a varios de los personajes de Twin peaks, hasta el punto de que la trama de esta serie ficticia se colaba en las conversaciones de los habitantes del siniestro pueblecito de montaña. Apenas vimos unas cuantas escenas de este delirante espectáculo, parodia de las teleseries románticas que llenaban las horas de la televisión americana, del tipo ‘Dinastía’ o ‘Falcon Crest’. El juego llegaba a extremos bastante excéntricos, cuando lo que pasaba en ‘Invitation to love’ tenía algún reflejo en la historia principal.

Por desgracia, ‘Invitation to love’ desapareció de la estructura de al serie tras la primera temporada. Los creadores de Twin Peaks debieron considerar el chiste amortizado, o, a lo mejor, simplemente se olvidaron del recurso metaficcional. Teniendo en cuenta el caos que fue Twin Peaks a partir de su segunda temporada, me lo creo todo.

Una marcianada dentro de una marcianada todavía mayor.

 

Los días de nuestra vida: El gran momento de Joey

Otro gran hito de la televisión de los 90, convertido en auténtico fenómeno social. Aquellos entrañables amiguetes entraron de cabeza en nuestras vidas, y, a pesar de los exagerado de su disfuncionalidad mental, no era complicado sentirse identificado con alguno de los protagonistas del programa. La cercanía de su humor y el tratamiento de la serie a los problemas cotidianos, basado en las cosas pequeñas de la vida de estos cinco jóvenes, hizo de ‘Friends’ es un clásico por derecho propio.

Cara de oler a pedo

Como buenos hijos de su generación, las horas delante del televisor no eran desconocidas para estos amigos, en especial para Joey y Chandler. Era todo un ritual el instante  en el que ambos se sentaban en sus sillones favoritos a ver ‘Los vigilantes de la playa’ (y no precisamente para el disfrute de sus “sesudas” tramas). Y en la memoria de todos los fans de la serie está aquel episodio en el que por accidente reciben la emisión en abierto de un canal porno de pago.

Más allá de esta relación con la Caja Tonta, resulta que el bueno de Joey era actor. Malo, desesperante, pero actor. A lo largo de su carrera en la serie vimos como protagonizaba anuncios para la concienciación contra las enfermedades venéreas, u obras de teatro fuera de quicio. Su gran momento llegó cuando fue elegido para interpretar al doctor Drake Ramoray en la serie ‘Los días de nuestra vida’, y aquí es cuando aparece en concepto de metaserie en ‘Friends’.

De cuando en cuando, veíamos imágenes de la intervención de Joey en la piel del médico de ficción, con divertidos resultados. Impagable su explicación respecto a métodos actorales y su “cara de oler a pedo” con la serie de fondo.

Lo curioso es que aquí hay un quiebro extraño, puesto que Los días de nuestra vida es un culebrón real que se emite desde hace muchos años en la cadena NBC. La versión ‘Friends’ juega con ese elemento de ficción, al mismo tiempo que realiza una simpática parodia. Otro dato curioso, el padre de Jennifer Aniston, John Aniston, era uno de los actores de la serie original, e interpretaba un papel parecido rol de Joey. Como diría uno que yo me sé, inquietante…

 

Candle Cove: El lado siniestro de la infancia

La serie de horror nostálgica que se ha llevado el gato al agua ha sido la entrañable ‘Stranger Things’. Este éxito masivo ha enturbiado la presencia de otra serie con algunos ingredientes muy parecidos en su receta, y con un resultado bastante más perturbador que las aventuras de de los chicos del condado de Hawkins. ‘Channel Zero’ ha sido una de las sorpresas más agradables (y entiéndase eso de agradable en su contexto terrorífico) para los seguidores del horror televisivo.

Personajes inquietantes en Candle Cove

‘Channel Zero’ narra una trama que parece sacada de un libro de Stephen King, con la infancia como protagonista, tema recurrente en alguna de las obras más celebradas del escritor americano, con ‘It’ de gran referente. En la serie, veíamos el regreso al hogar de Mike Pintor, psicólogo de pasado turbio. Esta vuelta a casa esconde algo más que nostalgia, ya que las intenciones de Pintor pasan por resolver el misterio del asesinato de varios niños durante su infancia. Estos crímenes parecen relacionados con ‘Candle Cove’, una extraña serie infantil que enganchó a Pintor y sus amigos durante su infancia. Lo que pasa es que ‘Candle Cove’ nunca exisitió, y los adultos de la época recuerdan a sus hijos frente a un televisor en lo que lo único visible era la estática. ¿Qué misterio se esconde tras la en apariencia inocente puesta en escena de aquella serie maldita?

Durante los seis episodios que dura esta primera temporada de ‘Channel Zero’, se nos ofrecen imágenes de la perturbadora serie que hipnotiza a los pequeños televidentes. Una factura feista y siniestra, protagonizada por unas marionetas que no aportan nada de buen rollo, regala al espectador una extraña sensación de rechazo aderezada con la insana fascinación de su aspecto delirante. Un acierto que se merece un puesto de honor entre esas ficciones inexistentes, que en este caso tienen importancia capital en el desarrollo de la trama.

En realidad, ‘Candle Cove’ tiene su origen en un popular creepypasta, creado por Kris Straub. De hecho, ‘Channel Zero’ está pensada como un conjunto de temporadas inconexas y autoconclusivas, basada cada una de ellas en estos relatos web de horror, tan populares en según que círculos. Si el futuro de la serie se parece a lo que nos ha dado la primera temporada, estamos deseando más.

RASCA Y PICA: El gato y el ratón

¿Se acuerdan ustedes de cuando Los Simpson eran graciosos? Yo tampoco. La serie que cambió la historia de la televisión ha pasado a ser un petardo repetitivo y falto de imaginación, e incluso sus episodios míticos son víctima de ese monstruo que es el responsable de programación de Antena 3, por repetición.

Pero hace tiempo, Los Simpson eran sinónimo de crítica ácida y humor inteligente. En un retrato tan hiriente de la familia media norteamericana no puede faltar un repaso a la relación de este sector de población con la tele. Las horas muertas bajo hipnosis catódica fueron gasolina de no pocos episodios, y en ese contexto brilla con luz propia el Show de Krusty, el infame payaso ídolo de Bart. En su programa se emite la bestialidad animada por excelencia, las aventuras de Rasca y Pica, donde, episodio tras episodio, asistimos a torturas crueles y despiadadas que, a pesar de su contundencia, provocan carcajadas en los niños Simpson (y los espectadores, claro).

¿Nadie piensa en los niños?

Rasca y Pica nacen como parodia bruta de los dibujos animados de la Warner, donde el inocente diseño de personajes camuflaba la violencia con la que se solucionaban la mayoría de los episodios de, por ejemplo, Coyote y Correcaminos. Aquí de camuflaje nada, claro, y la violencia animada se transforma en animalada sanguinolenta. No olvidemos que Los Simpson nacieron (y son) como animación para adultos, pero la banalización del mensaje y la falta de escrúpulos de productores y cadenas de televisión están más interesados en vender peluches de Bart Simpson que en respetar la esencia de una serie que está, hoy en día, en las antípodas de su idea germinal.

 

Y para esto da nuestro repaso. Hay más por ahí claro, y tarde o temprano volveremos con el tema. Es más, esperamos vuestras aportaciones, lectores seriéfilos, que seguro que tenéis a toneladas.

¡Lo contaremos en la mismo friki canal a la misma friki hora!